Temas Especiales

27 de Jan de 2021

Eduardo L. Lamphrey R.

Columnistas

Por un 2021 vivible

“Es hora de que todos, sin intereses mezquinos, apoyemos el Pacto del Bicentenario “Cerrando Brechas”, solo así podemos transformar nuestra cruda realidad, dando prioridad a los intereses del pueblo panameño”

Este 2021 entra en medio del caos sanitario que dinamiza la pandemia mundial de la COVID-19, expectativa mundial por la vacunación y esperanza de los que empecemos la vacunación en el primer trimestre del 2021. Sin embargo, muchos países vuelven a imponer los confinamientos, cerrar comercio y aeropuertos, dado el incremento de los rebrotes y la aparición de nuevas cepas. Esta pandemia mundial ha expuesto a la luz pública la desorganización gubernamental en salud y todo lo social de los países. Por eso han tambaleado Gobiernos y se incrementa la explosión social, dado que se ataca la pandemia a través de la política, cuando es un problema sanitario mundial que tiene sus consecuencias directas en lo económico, político y social.

Panamá no escapa de esta particular situación, un Gobierno perredista que gana las elecciones presidenciales con el 33 % de los votos escrutados; recibe un país con alto déficit presupuestario (2317 millones), con un alto endeudamiento, con mucha corrupción, coimas y desfalcos. Con una marcada desigualdad social, producto de la mala distribución de las riquezas, el 10 % más rico ingresa hasta 35 veces más que el 10 % más pobre. Recibe un país con una tasa de desempleo del 25 % y un aumento del 55 % del empleo informal; caerá, en el 2020, un 10 % el producto interno bruto (PIB). El Gobierno, asumiendo un papel político paternalista, da un bono de 120 balboas mensuales al segmento de la población afectado por el desempleo, entrega bolsas de comida, megabolsas para las comarcas, beca universal y vales digitales. El Gobierno, haciendo un gran esfuerzo, dio 56 millones de balboas para adquirir 5 millones 500 mil dosis de vacuna Pfizer, que en 90 días iniciará el proceso de vacunación.

Sin embargo, los medios de comunicación y agrupaciones sociales, avaladas por un grupo de financistas y magnates comerciales, que por ahora no están en el poder gubernamental, ya que no pertenecen al círculo cerrado del Gobierno actual, atacan toda política que asuma el Gobierno frente a la COVID-19, haciendo mucho énfasis en la corrupción y robo que, por razones de compra de medicamentos, instrumentos de seguridad sanitaria, infraestructura médica, etc., se dará en este nuevo Gobierno.

Para nosotros, la pandemia exacerbó la desigualdad social, la recesión económica, el desempleo, la delincuencia organizada, el narcotráfico; tiró al público los perversos negociados de los tres Gobiernos anteriores con Odebrecht (9 mil 226 millones en proyectos de obras públicas); cómo se organizó a los partidos tradicionales para el fraude electoral, cómo se fortaleció el presidencialismo en cada Gobierno, cómo cada Gobierno necesita tener la mayoría en la Asamblea Nacional, cómo cada Gobierno desarrolla políticas vengativas contra los Gobiernos anteriores, cómo son auspiciados y financiados los movimientos independientes, cómo se crean figuras políticas independientes, etc.

Así enfrentamos los meses de enero, febrero y marzo, donde se recrudecerá los efectos de la COVID-19, aumentarán la violencia delincuencial y los cierres de calles, por no llegada de bonos, vales, bolsas de comida; por falta de servicios públicos; por los confinamientos, por no desarrollar medidas de prevención contra la COVID-19, por abandono de la tercera edad, esencialmente de los jubilados; por el cierre del comercio, del turismo; por la pérdida del poder adquisitivo del pueblo y el descontrol en la educación, la CSS, la Universidad (pública y privada).

Si queremos evitar una explosión social, afrontemos la COVID-19 con medidas preventivas y apoyo en medicamentos para los infectados, haciendo la observación de que esta contradicción del modelo económico panameño se fundamenta en la mala distribución de las riquezas, agravando la desigualdad social. Esa contradicción económica fundamental de nuestro modelo económico no deja planificar políticas de desarrollo económico para el bienestar de todos. Priman los intereses desmedidos de la rentabilidad de los capitales nacionales e internacionales; por eso dominan el escenario político nacional, ya que desde allí aumentan sus riquezas, menospreciando la pobreza de la gran mayoría de la población panameña.

Es hora de que todos, sin intereses mezquinos, apoyemos el Pacto del Bicentenario “Cerrando Brechas”, solo así podemos transformar nuestra cruda realidad, dando prioridad a los intereses del pueblo panameño.

Economista