20 de Oct de 2021

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    Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Control de las enfermedades no transmisibles: por una agenda inclusiva y centrada en las personas

“Tomemos nota, pues en Panamá, las ENT no han alcanzado la suficiente y necesaria atención política para detectarlas precozmente, controlarlas y tratarlas”

Las enfermedades no transmisibles, ENT, son la causa más común de muerte y discapacidad en todo el mundo. La morbilidad por estas enfermedades genera una pérdida de la calidad de vida o el estado de salud de las personas que viven con ellas, y tiene significativas implicaciones sociales y económicas; tanto para las personas y sus familias, como para el sistema de salud y la economía nacional.

Como si fuera poco, de acuerdo con la OMS, casi una cuarta parte de la población mundial que vive con una o más ENT, sufrió mucho mayor riesgo de contraer la enfermedad en forma grave o, incluso de morir debido a la COVID-19. La OMS realizó una rápida evaluación sobre la prestación de servicios de las ENT durante la pandemia de COVID-19, revisando las interrupciones en el acceso, la prestación de servicios y el suministro de medicamentos esenciales y tecnologías (incluida la atención dental urgente, así como la rehabilitación y los cuidados paliativos). Encontró que se reportaron interrupciones importantes en el 75 % de los países encuestados. Con la experiencia de COVID-19, los Gobiernos y la comunidad de salud mundial deben comprender que sistemas de salud sólidos, inclusivos y centrados en la persona, respaldados completamente por los Gobiernos, así como la inversión en la prevención, son cruciales para la seguridad sanitaria.

Nuestro país no escapa a esta realidad. Como señalé previamente en esta columna, “más de 12 mil panameños mueren cada año en el territorio nacional, producto de ENT, como la hipertensión, los infartos, la diabetes, enfermedades pulmonares, y todos los tipos de cánceres. Esas defunciones representan más del 60 % de todas las causas de muerte, afectan a personas que todavía estaban en edad productiva y tenían mucho que ofrecerles a sus familias y al país”. También es sabido que el 43 % de las 4000 defunciones que causó la COVID-19 el año pasado en el territorio nacional, ocurrió entra personas mayores de 40 años, mientras que el 15 % de los fallecidos tenía más de 60 años, y un elevado porcentaje de ellos tenía antecedentes de una o más enfermedad crónica no transmisible.

En ese contexto, la Alianza de ENT (NCD Alliance), organización líder a nivel mundial, subraya la necesidad de una agenda inclusiva y centrada en las personas para el control de las ENT. Dicha agenda, deberá centrarse en el desarrollo de programas de reducción de riesgos, la promoción de la salud, la detección, el diagnóstico oportuno, el tratamiento de calidad y los mecanismos adecuados de atención y vigilancia, incluidos los cuidados paliativos; haciéndolos accesibles para todos en todos los lugares. Según la Alianza, “el logro de la cobertura sanitaria universal requiere un enfoque en el fortalecimiento sistemático del sistema de salud en lugar de múltiples respuestas centradas en la enfermedad en paralelo. Esto implica coordinación e integración de todas las áreas de enfermedades, incluidas las ENT y las enfermedades transmisibles”.

Para el desarrollo de esta agenda inclusiva y centrada en las personas, la Alianza echa mano de los postulados de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), específicamente la meta 3.4 de los ODS, referida a la mortalidad prematura a causa de las cuatro ENT principales; propone el siguiente camino a seguir:

Involucrar de manera significativa a las personas de todas las edades que viven con todas las ENT, y a personas que viven con múltiples afecciones en la respuesta a las ENT a nivel mundial y nacional; trabajar hacia la integración de las ENT en la política y la implementación de la Cobertura Sanitaria Universal; invertir en mejorar los datos y la investigación sobre el impacto sanitario, social y económico de la morbilidad y la mortalidad por ENT, incluyendo a las personas que viven con múltiples ENT, y a los determinantes sociales y los factores de riesgo más amplios; incluir en el caso de inversión de las medidas políticas de ENT los beneficios de la acción sobre las ENT para todos los grupos de edad y todas las condiciones relacionadas.

Tomemos nota, pues en Panamá, las ENT no han alcanzado la suficiente y necesaria atención política para detectarlas precozmente, controlarlas y tratarlas. Sin este impulso político de alto nivel, será muy difícil organizar una respuesta coordinada a nivel nacional, así como la asignación de los recursos necesarios para su prevención y control, incluyendo la atención a los determinantes sociales de la salud, con el concurso de equipos de atención de la salud multidisciplinarios integrados y bien capacitados que trabajen en todas las enfermedades.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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