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08 de Mar de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

La feroz competencia por las vacunas anti-COVID-19

“[…] el director regional de la ONU nos recuerda lo que ya sabemos: para derrotar realmente a la COVID-19 se requerirán esfuerzos que garanticen la equidad entre países y, también dentro de los países, […]”

Luego de más de un año de lucha contra el virus que ha causado millones de enfermos y defunciones en el mundo, así como graves daños a la economía, muchos de ellos irreversibles; la humanidad comienza a ver la luz al final de túnel, con la llegada de las vacunas contra la COVID-19. Pero, como señala recientemente el subsecretario general adjunto la ONU, “aunque hemos superado este primer obstáculo técnico, la carrera contra el virus está lejos de terminar. No es suficiente con tener la tecnología, debemos asegurarnos de que tenemos la capacidad fiscal para comprarlas, la capacidad de fabricación para producirlas, la capacidad logística para entregarlas y la capacidad administrativa para asegurar que estos esfuerzos conduzcan a la vacunación equitativa de las personas en todas partes”.

Estamos pues, con la expectativa puesta en las vacunas, pero lo que no imaginamos fue la feroz competencia entre países ricos y pobres por las esperanzadoras vacunas. Y es que estamos presenciando una “pelea de tigre con burro amarrado”, en la cual los países con más recursos financieros, que por cierto también son los dueños de la industria farmacéutica, son el tigre.

En ese sentido, el director regional de América Latina y el Caribe, Luis Felipe López-Calva, reiterando el compromiso de la ONU con la equidad, se refirió a la forma en que las medidas de contención del virus afectan más a las personas más vulnerables en nuestra región y los desafíos que deben superar los países para alcanzar la cobertura necesaria para contener la epidemia. Los argumentos del director regional son totalmente aplicables a nuestro país, que no forma parte de la élite de los poderosos del planeta, y que, a pesar de mostrar muy buenos indicadores macroeconómicos, se caracteriza por una gran desigualdad en la distribución de la riqueza y el bienestar a lo interno del territorio.

Pero estamos en la carrera. Tenemos los recursos financieros, un sólido programa de inmunizaciones, con los recursos humanos necesarios y la cadena de frío adecuada para la logística. De hecho, el Gobierno ha invertido hasta ahora un total de 51.5 millones de balboas para la adquisición de las distintas vacunas que ofrecen las compañías Pfizer y AstraZeneca, el sistema Covax, y se está negociando la adquisición de más dosis por Johnson & Johnson. Considero, además, necesario incorporar a la iniciativa privada en la compra y distribución de vacunas. Es una alianza estratégica necesaria para ampliar la cobertura.

Sobre el dinero que hemos invertido, señala la ONU que, la compra de vacunas no es solo una cuestión del costo inicial de las dosis, y agrega que, las negociaciones de contratos requieren muchos acuerdos desafiantes, de los cuales la población tiene poca o ninguna información, pues, las empresas exigen acuerdos de confidencialidad que vulneran claramente la posibilidad de control social por parte de la ciudadanía.

Sin embargo, esas capacidades no son suficientes, como lo evidencia el hecho de que, solo hemos recibido 12 800 dosis, que nos han permitido vacunar apenas al 0.2 % de nuestra población, muy lejano del 70 % que necesitamos para la necesaria inmunidad de rebaño. La otra cara de la moneda en esta carrera por las vacunas, la presentan los países ricos, que han podido reservar las dosis que necesitan de las vacunas con las empresas que las han desarrollado y avanzan rápidamente hacia la cobertura necesaria. Y es esa capacidad de comprar grandes reservas de vacunas por adelantado, la que garantiza que los países más ricos tengan un acceso más temprano a las vacunas, dada la limitada capacidad de fabricación mundial para producirlas.

Como si fuera poco la inequidad en el acceso a las vacunas, la situación se agrava cuando las posibilidades de compra se restringen a las vacunas que están actualmente autorizadas, lo cual beneficia adicionalmente a las empresas que ya plantaron bandera en los principales mercados. En este sentido, se hace urgente que la OMS apruebe el uso de emergencia de todas las vacunas disponibles que hayan superado la Fase III. Esta semana se aprobó la entrada de una nueva vacuna, pero están pendientes otras que ya se están aplicando con éxito en muchos países y son necesarias en todo el planeta.

En este escenario, de acuerdo con la ONU, las estimaciones predicen que, antes de finales del 2023, no se habrán producido suficientes vacunas para todo el mundo, lo cual es gravísimo, pues, como señalé antes en esta columna “sin una vacunación masiva y rápida, vacunando en todos los continentes a todos los grupos, las mutaciones del virus prevalecerán y anularán el esfuerzo llevado a cabo para controlar la pandemia. Este virus quedaría dando vueltas por el mundo y regresando blindado, causando enfermedad, muertes y daños irrecuperables a la economía”.

Finalmente, el director regional de la ONU nos recuerda lo que ya sabemos: para derrotar realmente a la COVID-19 se requerirán esfuerzos que garanticen la equidad entre países y, también dentro de los países, considerando las dimensiones de equidad entre diferentes grupos de personas y las barreras existentes para el acceso a la atención médica, lo cual es un asunto crítico para nosotros.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).