28 de Sep de 2021

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Cuidado con las trampas de la educación virtual

“[…] hay que procurar alcanzar este retorno a la presencialidad escolar bajo las condiciones sanitarias y de control epidemiológico adecuados”

Recientemente se ha estado difundiendo un debate más acalorado y pasional que sensato, referido a la vuelta de los estudiantes de nivel básico, a las clases presenciales.

Se sabe, que hay escuelas que no cuentan con las condiciones sanitarias para evitar la proliferación del virus pandémico. No obstante, ¿todos los recintos escolares están en condiciones deplorables como para frenar el regreso paulatino a la presencialidad? Evidentemente no. ¿No hubo una quinta parte o más de estudiantes que no pudieron conectarse y acceder a las clases a distancia el año pasado?

Este propósito, hasta los propios creadores de las tecnologías virtuales ponen en guardia a sus propios hijos que les restringen su contacto temprano con los dispositivos virtuales. Un estudio del Center of Early Learning de la Fundación de Silicon Valley de hace dos años, informó que: “En el lugar donde tienen su sede la mayoría de las grandes tecnológicas, las familias abogan por un uso limitado de tabletas, smartphones y cualquier otro dispositivo”.

En declaraciones públicas de algunos de los magnates tecnológicos -citado por la experta en tecnología Noelia Hernández este año- resaltaron una ética de protección de sus niños y niñas, alejándolos del uso de estos dispositivos hasta cierta edad. Afirma Noelia que: “Hace algo más de un año Bill Gates sorprendió cuando en una desveló que a sus hijos no les había permitido tener teléfono hasta que no cumplieron los 14 años. Pero no solo eso: el cofundador de Microsoft también les prohíbe tener cualquier dispositivo en la mesa cuando están comiendo y, además, limita el tiempo que lo usan al día”.

No es una excepción -continúa informando esta periodista- Steve Jobs, fundador de Apple, ya manifestó, con ocasión del lanzamiento del primer iPad, que sus hijos tenían prohibido usarlo. Más aún: “Limitamos la cantidad de tecnología que usan en casa”, afirmaba. (Noelia Hernández https://www.educaciontrespuntocero.com/14 de enero de 2021).

Es decir, estos innovadores saben perfectamente que poner en contacto a la población infantil desde tempranas edades con estas tecnologías produce daños personales, tales como: reducir capacidades para el razonamiento crítico, atrofia personalidades gregarias y, por tanto, la insensibilidad hacia otros seres humanos, incluido los familiares. De paso, estas condiciones contrarían el robustecimiento de la sociedad, al disminuir la cohesión social, imprescindible para la gobernanza de un Estado y la convivencia humana.

Por su parte, los delirantes defensores del “confort” tecnológico desde las viviendas, en nuestros países subdesarrollados sueñan con niños, niñas y adolescentes postrados en las casas manejando todas estas herramientas, imbuidos del espíritu socialmente desintegrador… no importa el daño ocasionado a ellos y a nuestra sociedad en el mediano plazo.

De allí que la medida de universalidad de acceso a la tecnología virtual para eliminar la brecha digital, tal como lo proponen algunos líderes de los gremios docentes -me disculpan, si les parece chocante nuestra opinión- resulta algo desenfocada frente a la prioridad de volver a la presencialidad escolar, porque va a contravía de lo que los propios creadores de dichas tecnologías nos han advertido. Así, lo sugerido por el educador Jonathan Padilla, “volver a las aulas, lo más pronto posible” (La Estrella de Panamá, 6 de marzo, 2021), está más orientado a lo que resulta social, económica, ética y políticamente más apropiado para evitar el desmoronamiento de la cohesión social, que fomentan las políticas de privatización y mercantilización de bienes sociales, públicos y ambientales.

Por supuesto que hay que procurar alcanzar este retorno a la presencialidad escolar bajo las condiciones sanitarias y de control epidemiológico adecuados. En esta medida, acaso se comprenda por qué decíamos hace un mes atrás en esta columna, que luego del personal cercano a los tratantes de infectados con COVID-19, son los trabajadores que circulan en las calles y transportes masivos los que urgen de vacunación, no tanto los de la tercera y cuarta edad que somos infectados en la tranquilidad de nuestras casas. Aquí, tendríamos que incluir a los docentes, tal como lo ha decidido inteligentemente el Estado uruguayo para este tipo de personal, en aras de retornar con la mayor seguridad a la educación presencial.

Ergo, el rechazo abierto o velado de la presencialidad escolar no es más que caer en la trampa de la faceta perjudicial de la virtualidad, advertida por sus propios creadores; no seamos ingenuos en este tema, la tecnología virtual tiene sus beneficios, pero no entre la población de escolaridad básica general.

Sociólogo y docente de la UP.