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15 de Apr de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Sobre variantes, vacunas y disciplina ciudadana

“Este virus no va a declarar una tregua porque los panameños estemos indignados, ni su capacidad de contagiarnos disminuirá por causa de las acciones u omisiones del Gobierno. Nuestra indisciplina […], solo nos puede llevar a un retroceso […]”

Desde hace once semanas mantenemos una sostenida disminución de los casos y defunciones reportadas, alcanzando este mes los esperanzadores promedios diarios de 466 casos, 9 defunciones, 7947 pruebas de laboratorio y 5.8 % de positividad en esas pruebas, lo que nos hacía suponer que estamos cada vez más cerca del anhelado control de la epidemia, siempre y cuando cumpliéramos cada uno con las acciones que nos corresponden: la población manteniendo la disciplina ciudadana, el Gobierno fortaleciendo las intervenciones de trazabilidad y vacunación y, muy importante, dando el buen ejemplo, evitando festejos innecesarios y peligrosas aglomeraciones.

Pero de repente irrumpen tres factores en la ecuación, que ponen en peligro el control de la epidemia en el país, me refiero a ellos a continuación.

Lo primero, es que el Ministerio de Salud confirmó el pasado sábado la detección en el país de la cepa brasileña P1 SARS Cov-2, una de las nuevas variantes de la COVID-19. Ya todos en Panamá sabemos que esta variante tiene la particularidad de ser la más contagiosa y transmisible de todas las variantes conocidas hasta ahora a nivel mundial. Además, tiene la capacidad para reemplazar rápidamente otras cepas circulantes, está ya circulando en 41 países del planeta, y puede evadir la respuesta inmune, disminuyendo en un 30 % la efectividad de la vacuna y, como si fuera poco, afectar a las personas jóvenes, como ya está ocurriendo en Brasil, donde los brasileños más jóvenes están falleciendo por COVID-19 en un nuevo y alarmante cambio de comportamiento del virus.

Esta es una situación muy crítica y peligrosa, y el Minsa anunció las medidas que se están tomando para frenar la entrada de la variante al país, pero no olvidemos que, la aparición de mutaciones es un evento natural y esperado dentro del proceso de evolución de los virus. Por ello, mientras la humanidad no haya controlado la pandemia y el virus se mantenga en circulación, seguirán surgiendo variantes, tanto en otros países como en el nuestro. Y es muy probable que todas sean más contagiosas o que no les hagan el mismo efecto preventivo las vacunas. Entonces, ¿qué podemos hacer?

En este contexto, la OMS pone de relieve que “la pandemia de COVID-19 está lejos de haber terminado y, además, se encuentra en la encrucijada entre las vacunas y varias variantes que son motivo de preocupación. Por ese motivo, la agencia de la ONU destacó la necesidad de mantener una vigilancia global de la COVID-19, que ahora significa redoblar la trazabilidad que conocemos, fortalecer la vigilancia genómica en el territorio nacional, y notificar de manera inmediata la primera detección de casos de infección por las variantes de preocupación.

Por nuestra parte, cumplimos con las intervenciones arriba señaladas, y mantenemos un intenso programa de vacunación que nos ha permitido aplicar 352 876 dosis de vacuna contra la COVID-19 desde que llegó el primer lote de vacunas en enero pasado. Pero ¿qué vamos a hacer cuando se acaben las dosis que envía la casa farmacéutica Pfizer?, ¿cómo seguir con el proceso de vacunación y la aplicación de segundas dosis en todo el territorio nacional?, ¿qué tenemos que hacer para conseguir oportunamente otras vacunas efectivas y seguras de otros proveedores? Son preguntas que el Gobierno debe atender con urgencia, pues, esta cepa brasileña y las otras que surjan, van a encontrar terreno fértil para reproducirse sin obstáculos en nuestra población, mientras no alcancemos la necesaria inmunidad colectiva para protegernos a todos.

Finalmente está el asunto de la disciplina ciudadana para cumplir con las medidas individuales y colectivas que recomienda el gobierno. Es un asunto crítico y las autoridades tienen que recuperar el compromiso de la población, enmendando el mal ejemplo que nos dieron recientemente, cuando se violaron en un festejo inaceptable, desde el punto de vista ético y epidemiológico, las recomendaciones sobre evitar las aglomeraciones y mantener el distanciamiento social.

Pero no es la hora de ponernos a llorar sobre la leche derramada, esperando que las autoridades pidan disculpas y se sancione a los responsables. Menos, es la hora de incumplir con nuestra parte, promoviendo aglomeraciones, como ocurrió este fin de semana, en una especie de represalia por las acciones arriba señaladas. Este virus no va a declarar una tregua porque los panameños estemos indignados, ni su capacidad de contagiarnos disminuirá por causa de las acciones u omisiones del Gobierno. Nuestra indisciplina en este momento crítico, solo nos puede llevar a un retroceso en el control que hemos alcanzado, con la pérdida de vidas, confinamiento y deterioro económico que ya conocemos.

Como señalé previamente en esta columna, cumplamos con nuestra parte del pacto social necesario para controlar esta epidemia. Las vacunas que ya comenzamos a recibir son solo una de las herramientas para frenar los contagios y no podemos descansar solo en ellas. Recordemos que, todavía el virus está circulando por todo el territorio; aunque vamos avanzando en la cobertura de vacunación, dependemos de la industria farmacéutica para alcanzar el 70 % necesario para la inmunidad de rebaño y frenar la epidemia.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).