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18 de May de 2021

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Orlando Goncalves

Columnistas

Pirotécnica electoral

“Es cierto que una mentira no dura para siempre, pero el daño que producen los artistas de la pirotécnica electoral, va quedando”

Las campañas electorales, para quienes estamos en la consultoría política, son un mundo fascinante, del que todos los días, en cada campaña, se aprende más y más.

Los avances de la sociedad han hecho que la comunicación política moderna también haya evolucionado a niveles de sofisticación y especialización sin precedentes, y seguirá evolucionando, al igual que lo hará el mundo; sin embargo, no deja de asombrar que, en el transitar de cada campaña, van apareciendo especialistas con herramientas fabulosas que hacen que el trabajo de un consultor sea más efectivo.

Por ejemplo, el desarrollo y avances logrados en el “neuromarketing” son sencillamente sorprendentes, cuando quienes hacen estos estudios tienen la preparación, los equipos y el rigor científico requeridos para poder interpretar y estudiar las reacciones del cerebro humano. Definitivamente, es una herramienta poderosísima que puesta en las manos equivocadas pudiera ser un gran desastre, por lo cual, algunos candidatos, ante lo espectacular de la presentación de la oferta, contratan el servicio el que en ocasiones resulta ser un acto de ilusión y creatividad, pero sin fundamento y menos aún sin base científica.

Otra área invadida por “supuestos” especialistas es la que tiene que ver con lo digital. Sin dudas esta parte de las campañas ha evolucionado mucho, se han multiplicado las herramientas, haciéndose más efectivas, precisas, eficientes y sobre todo tiene una gran capacidad de poder micro segmentar al electorado, permitiendo entonces establecer distintas conversaciones al mismo tiempo, con distintos segmentos poblacionales, con base a un sinfín de criterios.

Ahora, nuevamente, la proliferación de virtuales consultores especialistas en esa área con presentaciones muy bonitas, con muchas palabras y términos en inglés, pero incapaces de poder proporcionar cifras exactas del alcance de sus propuestas, hace que muchas campañas, compren lo bonito de la pirotécnica, las luces y colores, pero luego de contratado el servicio, al igual que en le pirotécnica después de las luces, solo queda el humo.

El truco está en usar las palabras “viralizar contenidos”; es decir, conseguir muchos RT´s o muchos “likes”, para lo cual hacen la oferta de generar contenidos estrafalarios y hacer que sean visto por miles y miles de personas. Eso genera en algunos candidatos un efecto “virilizador”, es decir, su ego se ensancha y terminan comprando el humo que queda después del espectáculo de pirotecnia.

Un simple análisis aleatorio de quienes hacen RT o le dan “likes” a una publicación pone al desnudo a estos vendedores de humo, pero producto del efecto “virilizador” que produjo en el ego del candidato, muchas veces no logran ver esa realidad.

Por otra parte, dados los avances de la tecnología, también han surgido extraordinarias herramientas para lo que se llama campañas de tierra, o campañas de contacto directo. El uso de estas, cuando son de buena calidad, desarrolladas por consultores experimentados, ayudan a combatir la simulación -cosas que se suponen que se hacen, pero que en realidad no se hacen-, un mal de muchas campañas, con lo cual se hace más eficiente el uso de los recursos, que, generalmente, en una campaña tienden a ser limitados.

Sin embargo, aquí también hay una alerta, puesto que la aparición de “supuestos consultores especialistas”, quienes, haciendo actos de pirotécnica para “vender” sus servicios y con ello logran en algunos casos -más de los que se quisiera-, ofrecen a los candidatos la obtención de miles de votos para su campaña sin explicar, y mucho menos fundamentar, cómo lograrán esas metas.

Lo más curioso es que en ocasiones estos realizadores de actos pirotécnicos hablan de distintos programas y cada uno de ellos, presumiblemente, obtendrá un determinado número de votos, con lo cual le van diciendo al cliente que, como cada programa obtiene X número de votos, y van sumándolos y así, con una matemática simplista, llegan al número mágico que requiere el candidato para ganar la elección, con lo cual ante la belleza de las luces que se le presentan, las campañas contratan esos servicios, sin detenerse a pensar que esos programas pueden tener un alto porcentaje de duplicidad del supuesto voto obtenido, pues trabajan sobre la base de unos electores determinados.

Nuevamente, venden humo, y muchos candidatos y campañas compran humo, con lo cual hay que reconocer que estos hipotéticos consultores, por lo menos, son unos buenos vendedores, pero también hay que reconocer que hacen mucho daño a los verdaderos consultores políticos, a quienes diariamente estudian, leen, investigan y sobre todo actúan con ética.

Es cierto que una mentira no dura para siempre, pero el daño que producen los artistas de la pirotécnica electoral, va quedando.

Consultor político; en Twitter: @orlandogoncal.