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13 de Jun de 2021

Antonio Saldañaopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

Populismo y democracia de 'opereta'

Gran parte del siglo pasado el populismo fue una corriente ideológica adversada por las dos formas de pensamiento ideológicos dominantes en ese período de la humanidad

A raíz de las medidas políticas adoptadas por un régimen surgido en las urnas por voluntad mayoritaria del pueblo, en contra de la corrupción, el crimen y la desigualdad históricamente padecida por la mayoría del pueblo salvadoreño, primero, por el dominio de la burguesía cafetalera (“Las 14 Familias”) y en los últimos 30 años por la burguesía financiera. Las oligarquías plutocráticas de la región y el imperialismo estadounidense -su aliado permanente- han pegado el ´grito al cielo´ endilgándole el mote de moda, que se trata de un régimen populista que constituye un “mal ejemplo y peligro” para la región latinoamericana.

En virtud el grado mayúsculo de confusión introducido en nuestro país -en parte por ignorancia política y también intencionalmente- por los oligopolios mediáticos cuyos propietarios son tres fracciones del poder económico y sus ramificaciones e influencias en la plutocracia gobernante; resulta conveniente dilucidar la diferencia abismal que existe entre un eventual gobierno populista y la actual administración plutocrática clientelar y corrupta de la República de Panamá, cuyo dominio de clase por parte de la burguesía financiera y políticamente por la “bancocracia”, es evidente.

El contexto histórico. Gran parte del siglo pasado el populismo fue una corriente ideológica adversada por las dos formas de pensamiento ideológicos dominantes en ese período de la humanidad, hasta el último cuarto de la centuria pretérita, en virtud de la hegemonía, por un lado, del capitalismo burgués y sus instituciones de democracias formales dominadas por oligarquías y tuteladas por el imperialismo norteamericano; y, por el otro, el campo socialista, popularmente conocido como régimen comunistas o de la “cortina de hierro”. Al derrumbarse gran parte del “socialismo real” de Europa o de los países que conformaban la Unión Soviética; el “fin de las ideologías” procura imponer el pensamiento único del “capitalismo salvaje” y surge una nueva significación del populismo: Populismos de izquierda y populismo de derecha.

Y, a medida que la partidocracia neoliberal de democracia formal, de opereta y corrupta se desmorona en el continente -ahora aguijoneada por la pandemia- aunque la crisis es de varios lustros, los politicastros y sus voceros mediáticos echan mano al populismo para procurar “marear” al pueblo que ya no resiste un sistema tan desigual y excluyente como el prevaleciente todavía en parte importante de la región. De manera que conviene prevenir al pueblo llano del ¡miedo¡ y la confusión -para ello nada más eficaz que la verdad conceptual- frente a quienes pretendiendo alargar la vida de un sistema político e ideológico que ya feneció en gran parte del mundo y que se encuentra en los estertores en “nuestra américa”; procuran prolongar la vida del sistema neoliberal clientelista y corrupto, con medias verdades y esqueléticos argumentos.

¿Qué es el populismo? Me preguntaba en una columna de opinión publicada en la “decana” (La Estrella de Panamá del 31 de octubre de 2020) y respondía: “el populismo es a la oligarquía, como el agua al aceite, se juntan, pero no se mezclan. En rigor científico el populismo es una propuesta político ideológica que constituye la antítesis del actual sistema de la oligarquía, por lo siguiente: "La crisis de la representación política de la oligarquía es una condición necesaria pero no una condición suficiente del populismo”. Para completar el cuadro de situación, es preciso introducir otro factor: una «crisis en las alturas» a través de la que emerge y gana protagonismo un liderazgo que se postula eficazmente como un liderazgo alternativo y ajeno a la clase política existente. Es él quien, en definitiva, explota las virtualidades de la crisis de representación y lo hace articulando las demandas insatisfechas, el resentimiento político, los sentimientos de marginación, con un discurso que los unifica y llama al rescate de la soberanía popular expropiada por el establecimiento partidario para movilizarla contra un enemigo, cuyo perfil concreto si bien varía según el momento histórico -la plutocracia, los extranjeros, la corrupción- siempre remite a quienes son considerados como responsables del malestar social y político que experimenta el pueblo. En su versión más completa, el populismo comporta entonces una operación de sutura de la crisis de representación por medio de un cambio en los términos del discurso, la constitución de nuevas identidades y el reordenamiento del espacio político con la introducción de una escisión extra institucional".

Cosa que no ha ocurrido ni en Panamá ni en El Salvador, ambos mandatarios son hijos de la misma democracia formal y de opereta. Con la diferencia que uno dice sentirse cómodo con el régimen de la plutocracia; y el otro, ha decidido transformar el sistema corrupto de su país, recurriendo a los propios instrumentos del sistema político. De tal suerte que ni al Presidente de Panamá, ni al de El Salvador se les puede catalogar de populistas por el simple hecho de que uno va nombrar 6 de los 9 magistrados de la Corte Suprema de Justicia, controla o “mangonea” los tres órganos de gobierno o porque reparta bolsas de alimentos durante la pandemia; y, el otro, destituya magistrados por la vía constitucional de la Asamblea de Diputados, también reparta alimentos, haya reducido los homicidios casi a cero y mantenga el 91% del apoyo popular, según uno de sus principales detractores en su país. ¡Así de sencilla es la cosa!