17 de Sep de 2021

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Rafael Carles

Columnistas

Sorteando la crisis institucional mientras apagamos un fuego financiero

“El país se estará rifando su futuro y requiere que todos estemos a la altura de las circunstancias. Y esperamos que el susto de que vamos para el despeñadero sea solo una pesadilla […]”

En Panamá no existe una crisis política como sucede actualmente en los demás países de la región. La pandemia puso en evidencia nuestra profunda crisis institucional. Y si bien es cierto la pandemia y el cierre económico fueron duros golpes para el mundo entero, podemos señalar que en Panamá se ha despertado un interés por debatir y definir el rumbo de nuestro destino. Ciertamente, la falta de liderazgo e ineficacia en la toma de decisiones ha acentuado el vacío de poder y la desconfianza del Gobierno, al punto que existe una urgente necesidad de refundar la República a través de un modelo de desarrollo que incluya una nueva constitución para generar eficiencia al Estado.

El modelo económico actual está estructurado casi en su totalidad hacia una economía de servicios, banca y logística, y es vital que en los próximos años aumentemos nuestra competitividad para sacar el máximo provecho a las demás áreas que en la actualidad son vulnerables y han estado abandonadas por décadas.

Igualmente, el pésimo estado de nuestro sistema de salud debe ser atendido con urgencia. Sabíamos que estaba mal, pero nunca al punto en que fuera imposible la toma de decisiones. Y no solo por la evidente carencia de equipos y personal especializado en hospitales y centros de salud, sino porque no se puede siquiera garantizar el mínimo estándar de procedimientos y sistemas para cumplir con funciones y responsabilidades básicas de salud.

Es un hecho que en los quince meses desde que inició la pandemia en Panamá, hemos visto la incapacidad de las autoridades para reorganizar el país y hacerles frente a las diferentes situaciones. No vimos en el sistema de transporte público, sin duda el principal foco de contagios y contaminación viral, distanciamientos en plazas ni paradas que ayudaran a matizar el problema. Solo vimos una dedicación de tomar medidas correctivas y restrictivas, sin diseñar sistemas preventivos en aspectos estructurales fundamentales, lo que en el fondo impidió tomar las mejores decisiones.

Sin un proceso estratégico de transformación con mirada en el futuro, Panamá seguirá secuestrada por la improvisación. En retrospectiva sabemos ahora que la economía debió abrirse desde mayo pasado, pero en ausencia de instituciones fuertes, sin sistemas y procedimientos debidamente diseñados ni puestos a prueba, el país corrió la mala suerte de un cúmulo de fracasos, debido a que sus autoridades tomaron decisiones en base a variables desconocidas e incontrolables.

Tenemos que mirarnos en el espejo de esta realidad y decidir qué queremos hacer con nuestro país. Pero para eso se necesita un estadista como presidente, no un político, y por supuesto, instituciones fuertes. Desafortunadamente, no tenemos ni uno ni las otras. Y cuando escuchamos a un ministro decir que están obligados a pedir $6 mil millones más en deuda para cubrir gastos corrientes, nos asusta, porque vamos rumbo al despeñadero.

Solo nos queda ahora enfrentar las dificultades con mente fría. Y lo primero es ordenar las finanzas públicas, resolviendo el déficit financiero del programa de IVM de la Caja del Seguro Social y el déficit fiscal por la baja recaudación de los impuestos. Un Gobierno con caudal político y credibilidad moral hubiera llamado hace tiempo a un debate para solucionar estos dos temas, pero llevamos varios Gobiernos que se han manejado políticamente y no con la razón o el discernimiento. El economista Marcos Fernández lo apuntó el año pasado, cuando señaló que tenemos que reinventarnos estructural y estratégicamente, y buscar soluciones concretas para reactivar la economía y asegurar que tanto trabajadores como empresarios coticen sus cuotas y paguen sus impuestos.

Por su parte, el Gobierno está obligado a aumentar el ITBMS, un impuesto fácil de cobrar y que no debería causar traumas ni molestias. Nuestra estructura fiscal ronda alrededor del 6 % de la economía, mientras que en otros países de la región está entre 12 y 15 %. Que se hayan robado los tributos anteriormente, eso es otra cosa, pero al país no le conviene seguir pellizcando ni puede continuar trabajando solo con los ingresos no tributables, como los del Canal.

Como empresarios y ciudadanos, debemos hacer un esfuerzo para coadyuvar en el ordenamiento de las finanzas públicas y el fortalecimiento de las instituciones del país. Los próximos dos años requieren acción y de un verdadero empuje para llevar al país por las sendas del desarrollo y la modernidad. Y todo con prudencia y sabiduría, nada de politiquería. El país se estará rifando su futuro y requiere que todos estemos a la altura de las circunstancias. Y esperamos que el susto de que vamos para el despeñadero sea solo una pesadilla y no una realidad.

Empresario