18 de Sep de 2021

Eduardo L. Lamphrey R.

Columnistas

¡Que cese la violencia en Colombia!

“Esta situación caótica de Colombia debe ser estudiada y discutida por nuestros gobernantes, tienen que aprender que no se puede gobernar con mentiras y aliado a la corrupción […]”

Después de más de diez días de todo tipo de movilizaciones y disturbios, que dejan más de 27 muertos y cientos de heridos, sigue la gente en las calles, pareciese que las manifestaciones acabarían con la retirada de la reforma tributaria en el Congreso, pero, por el contrario, se agudizan más, entran nuevos escenarios regionales y la juventud barrial, popular, lidera las movilizaciones, como también aumentan los abusos de la policía, incluyendo uso de armas letales, golpizas y tanquetas lanzando proyectiles múltiples a los manifestantes, como también el vandalismo incontrolado por pequeños grupos de las manifestaciones.

Todo empezó cuando el presidente Iván Duque presentó al Congreso una reforma tributaria, que buscaba recaudar 23.4 billones de pesos para financiar el déficit fiscal; pero la reforma ocultaba que el 73 % del recaudo era impuesto a las personas naturales y el resto a las empresas. Así quedaban gravados productos de consumo básico, como los servicios públicos, alimentos, insumos de producción agrícola y hasta los servicios funerarios.

En un país que ha vivido en violencia en toda su historia, sea esta política (liberales-conservadores), insurgente (FARC-EP, paramilitares, ELN), narcotráfico (carteles Medellín-Cali), exportando cantidades récord de cocaína y los grupos armados ilegales son cada vez más violentos y además, cuando se dan las condiciones objetivas, el pueblo expresa toda la represión contenida por años y se hace incontrolable cualquier manifestación popular.

Bajo las penurias de la pandemia de COVID-19, Colombia tiene hoy 7,47 millones de personas que están en situación de pobreza extrema, hay 4,1 millones de personas sin trabajo, se prevé que 3,6 millones de personas quedarán este año en pobreza extrema. Han cerrado más de 500 000 empresas. Hay problemas serios con los servicios públicos y persisten los confinamientos domiciliarios y la movilidad ciudadana, toque de queda, aparte del uso de mascarillas, lavado de manos, guantes y gel alcoholada.

Lo cierto es que las marchas son más resultado del resentimiento que existe entre una buena parte de la población contra el presidente Iván Duque; esta situación hace persistir los disturbios que ahora van por la cabeza del presidente.

Frente a tal situación, el Gobierno de Duque, antes de masacrar un pueblo enardecido, debe invitar a los diferentes partidos políticos, a los movimientos sociales y empresariales, a los movimientos cívicos y estudiantiles, a los grupos insurgentes y de izquierda, inclusive al narcotráfico, a iniciar un diálogo sin diferencias política/ideológicas, para escuchar y construir soluciones fundamentales a los problemas del pueblo colombiano, que hoy nada en la incertidumbre de la pandemia y la crisis económica.

Esta situación caótica de Colombia debe ser estudiada y discutida por nuestros gobernantes, tienen que aprender que no se puede gobernar con mentiras y aliado a la corrupción, no se puede someter a un pueblo que sobrevive a duras penas, día a día; a un pueblo que no puede educar a sus hijos, que no tiene acceso a la salud, al agua, a la energía y vivienda. No se puede seguir adulando a los ricos, no se puede aumentar las riquezas a costilla de la desnutrición y la marginalidad de un pueblo. Siempre hay que tener claro que ese rencor se expresará en su momento y arrasará con todo. Esta explosión social que se da en países hermanos, no se detiene con muertos y temor; el miedo fue superado y nada tienen que perder; solo esperan Gobiernos que solucionen sus afujías y les den mejor futuro a sus nuevas generaciones.

No podemos seguir en Panamá, sea el Gobierno que sea, PRD, CD, Panameñista, Molirena, RM, PP, independiente, eludiendo los problemas de la CSS, de educación, de los servicios públicos, de inseguridad, del narcotráfico, del desempleo. No podemos seguir regalando nuestros recursos naturales al capital extranjero, caso First Quantum Minerals-Minera Panamá y Panama Ports Company; las utilidades que da el Canal de Panamá deben redistribuirse en solucionar los problemas fundamentales de los panameños; no podemos seguir aguantando la corrupción y el desfalco; fortalezcamos los tres poderes gubernamentales. No nos aboquemos a manifestaciones incontrolables y violentas, aprendamos de los errores de nuestros países hermanos.

Economista