28 de Sep de 2021

Benedicto Agrazal

Columnistas

Los cebolleros de Natá

“La función del Gobierno es estimular la producción, dejemos que los natariegos hagan lo que saben hacer, cultivar la cebolla, y el (IMA) se ocupe del mercadeo […]”

Cuando los protagonistas de una contienda cuentan su historia, quien no la conoce, de pronto, no sabrá quién es el héroe o quién es el villano, pero quienes hemos tenido la vivencia de lo que ha significado la lucha de los natariegos para que el producto de su trabajo sea compensado correctamente, entendemos las motivaciones por las cuales los natariegos han llegado a una situación de hartazgo y han salido a defender sus derechos en la calle.

Entendemos que vivimos en un país democrático y que esas manifestaciones vulneran el derecho de los demás que están ajenos a este problema, pero, cuando pretendamos hacer una valoración de los hechos, tratemos de encontrar el origen de los problemas, porque la solución la podemos encontrar cuando erradicamos las causas que lo provocan.

Natá es un pueblo de gente laboriosa, que en un tiempo se caracterizó como productor del oro rojo, el tomate; y que por un tema de política pública dejó de ser tomatero, para luego reinventarse y convertirse en cebollero. En los tiempos del tomate, el productor tenía asegurada la compra del producto, era sujeto de crédito y se constituyó en la fuente de ingresos con los que los natariegos podían atender las necesidades de la familia. El mayor riesgo que podían tener los productores era que se adelantara el tiempo de las lluvias, que imposibilita el acceso a los campos agrícolas, porque los caminos se volvían intransitables.

Jamás se produjo un conflicto, puesto que la empresa que compraba el tomate cumplía con todo lo pactado, pero una vez que los natariegos se convierten en cebolleros han pasado por todas las vicisitudes y cada vez que llega el momento de la cosecha, vemos los patios y portales de las casas de Natá inundados de cebolla, esperando que un intermediario les compre, en situación desventajosa para el productor, que se ve precisado a aceptar las propuestas de compra, porque de lo contrario se arriesga a perderlo todo, si se daña la cebolla.

La secadora de cebolla en Natá ha sido un proyecto inconcluso, donde ya se entregaron las obras de ingeniería, pero no ha funcionado, porque no se han realizado las conexiones eléctricas para que la planta pueda disponer de corriente trifásica. El titular del MIDA se comprometió a resolver este problema, para que los natariegos pudiesen preservar la cebolla y tener una mejor posición frente a los compradores.

Lo que saben hacer muy bien los natariegos es cultivar la cebolla, es un producto inocuo, que no utiliza químicos y es saludable, pero es lamentable, que en vez de que este producto esté en la mesa de nuestros hogares, sea utilizado como un símbolo de protesta, y se pierda en las calles.

La función del Gobierno es estimular la producción, dejemos que los natariegos hagan lo que saben hacer, cultivar la cebolla, y el Instituto de Mercadeo Agropecuario se ocupe del mercadeo, garantizándoles a los productores un precio justo y razonable.

Si queremos evitar convulsiones sociales, debemos atender las necesidades de la gente, la situación de enfrentamiento que se dio fue tensa y estuvo a punto de que se produjera un detonante cuyos resultados serían impredecibles.

Docente universitario, natariego.