18 de Sep de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Comenzó la tercera ola de COVID-19: ¡cumple con tu parte, ciudadano!

“Si los ciudadanos siguen produciendo casos, nunca serán suficientes las pruebas de laboratorio ni habrá personas suficientes para localizar a los positivos y rastrear a los contactos, aparecerán nuevas y más peligrosas variantes […]”

A finales del año pasado 2020, mientras disfrutábamos confiados de un respiro en la lucha contra la COVID-19, hice un llamado a mantener el cumplimiento con las medidas de bioseguridad que nos tocan a cada uno. En aquel entonces, no hicimos caso, bajamos la guardia y terminamos el año enfrentando una segunda ola de la enfermedad, con un acumulado muy cercano a los 250 000 enfermos, los hospitales abarrotados, al borde del colapso, superamos las 4000 defunciones, presentamos grandes pérdidas económicas y un irreparable sufrimiento en miles de hogares.

A partir de enero redoblamos el esfuerzo institucional y social, comenzando un intenso programa de vacunación, aplanamos la curva de casos y defunciones y, hasta hace dos semanas, manteníamos una meseta de 300 casos diarios. Lamentablemente, muchos panameños se confiaron, pensaron que ya habíamos vencido al virus, bajaron la guardia y aflojaron en el cumplimiento de las medidas de bioseguridad. Se olvidaron de que el virus seguía ahí afuera esperando a los incautos, ahora repotenciado en forma de diversas variantes, todas más agresivas, todas con la potencialidad de causar más muertes y algunas hasta de evadir las defensas que proporcionen las vacunas.

Como consecuencia de ese comportamiento irresponsable de muchos ciudadanos, y hay que decirlo así, con todas sus letras; desde hace dos semanas presentamos un aumento, sostenido, de los casos diarios reportados. El aumento es más intenso en la provincia de Chiriquí, fronteriza con Costa Rica, donde, como sabemos, la epidemia está fuera de control; pero ya comienza a observarse un aumento discreto, pero claro, en otras provincias, en especial, Panamá, Veraguas, Coclé y Panamá Oeste.

Cabe subrayar además que el Rt nacional ya superó el 1.0 que nos ofrecía confianza; que el porcentaje de positividad de las pruebas de laboratorio se ubica por arriba del 5.0 % recomendable para controlar la epidemia; lo que implica que miles de panameños, en especial en las provincias más afectadas, están positivos sin saberlo y pueden transmitir la enfermedad cada vez que no utilizan la mascarilla, y se aglomeran sin precaución alguna. Vale destacar que esta aglomeración es facilitada por la permisibilidad de muchos restaurantes, bares y lugares de esparcimiento que, tampoco cumplen con las medidas de bioseguridad.

En este contexto, para mí es claro que ya comenzó la tercera ola de COVID-19. Aunque no tiene todavía el crecimiento exponencial de la última, eso no significa que no debamos prestar atención y enfrentarla con determinación, antes de que se extienda por todo el territorio nacional. Si no cumplimos con nuestra parte, vamos rumbo al despeñadero en el que estábamos a finales del año pasado, con los hospitales abarrotados, los negocios cerrados, la economía de regreso a las pérdidas insostenibles y, lo peor, a un aumento imperdonable de las defunciones que se pudieron evitar con nuestro buen comportamiento.

El Gobierno está cumpliendo con su parte, reforzando la trazabilidad, aunque debe mejorar; aplicando las medidas necesarias en las provincias más afectadas; haciendo un llamado permanente a la población, que por cierto, también debe mejorar, y; lo más importante ahora, aplicando, cada vez más dosis de vacuna contra la enfermedad. Pero necesitamos conseguir oportunamente más vacunas, lo cual no es tarea fácil en medio de la guerra existente entre las casas farmacéuticas y la diplomacia nacionalista de las grandes potencias. Todo lo cual lleva a la acumulación de biológicos en los países más ricos, en perjuicio del resto del mundo. Sobre esto considero conveniente analizar el potencial apoyo de la empresa privada para incrementar los niveles de vacunación.

Pero eso no es suficiente, pues los casos positivos los produce la población, y solo nuestra acción comprometida podrá contener esta epidemia y nos permitirá seguir disfrutando de la libertad recuperada.

Si los ciudadanos siguen produciendo casos, nunca serán suficientes las pruebas de laboratorio ni habrá personas suficientes para localizar a los positivos y rastrear a los contactos, aparecerán nuevas y más peligrosas variantes y, mucho menos, habrá camas y recursos humanos necesarios para atender la demanda de enfermos graves que generará un aporte exagerado de hospitalizaciones.

Al final, como he señalado previamente en esta columna, “la disciplina ciudadana será la base para contener el avance de la epidemia. Para ello deberemos mejorar la forma de llegarle a las personas, y eso solo es posible mediante el fortalecimiento de la comunicación social, fundamentada en el conocimiento de los valores culturales de los panameños. A partir de ahí, se debe proporcionar información basada en evidencia, proveniente de fuentes percibidas como creíbles. Debe además ser masiva, reiterada, coordinada y sostenida en un tiempo determinado. Este nuevo conocimiento, debe aumentar la disposición de las personas a tomarse en serio la epidemia, y actuar en consecuencia”.

Entonces, “cumple con tu parte, ciudadano, para mantenernos a todos sanos y libres del confinamiento”. Lávate las manos con frecuencia, ponte tu máscara cuando sales, guarda la distancia, y no te olvides de participar activamente en el control social de las actividades que le corresponden al Gobierno y a las empresas.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).