28 de Sep de 2021

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Las huellas que dejó Bruce Quinn

“[…] Bruce dejó claro -a una audiencia que en su mayoría emigró por razones relacionadas al traspaso del Canal y la secesión de la Zona del Canal- que Panamá era su tierra y su lugar”

Pocas horas después de la entrega de mi columna de la semana pasada, me enteré de la muerte de Bruce Quinn. Hace unos años, por motivo de un homenaje que se le rindiera en el Museo del Canal de Panamá, le dediqué mi columna. Aquí reproduzco algunas estrofas de mi muy personal homenaje.

A lo largo de tantos años uno va encontrando y compartiendo con tantas personas en tantas situaciones diferentes que fácilmente podemos perder de vista aquellas escenas que construyen los momentos de la vida. Importantes o no, son las puntadas que van juntando las diferentes mantas con las que nos hemos cobijado durante nuestro tiempo. E importantes o no, en ese proceso de construir nuestras mantas, vamos dejando marcas positivas, que muchas veces desconocemos, en la vida de otros.

Decidí dedicar esta columna a Bruce Quinn, porque una larga lista de personas alrededor del mundo, pero particularmente en Panamá y los Estados Unidos, sienten una enorme admiración y amor por él; y guardan, como especiales recuerdos, aquellos momentos que, en algún tiempo de su vida, compartieron juntos. En particular, me unen a Bruce tres escenas de su vida entrelazada con la mía que rememoraré brevemente desde la más reciente, la tercera.

A favor de mi sobrino Andrés Holder, llamé a Bruce para pedirle particular atención a la audición que Andrés haría para una de sus obras. Le pedí que lo evaluara, pero “nada de favores especiales”. Si daba la talla, bien; si no, a otra cosa. Andrés participó en cuatro obras bajo la dirección de Bruce: El mago de Oz (2004), Maestra vida (2005), Jesucristo superstar (2005) y La cucarachita Mandinga (2006). Cuando le pregunté cómo fue trabajar con Bruce siendo un novato de las tablas, me escribió: “Inolvidable”. “Yo empecé a trabajar con Bruce solo por querer aprender un poquito más sobre las artes. Él tomó un riesgo grandísimo en elegirme a mí y otros de mis compañeros para ser parte de sus elencos. Él invirtió su tiempo y dedicación para entrenarnos en actuación y producción. Nunca supe que terminaría entrando a un mundo que se convertiría en mi carrera profesional; un mundo en donde los negocios y el arte se fundían para crear el más alto nivel de entretenimiento en vivo posible. Esa es la marca de Bruce en mi vida”. Andrés se graduó años más tarde con una Licenciatura en Producción y Diseño Teatral (BFA in Theatre Design & Production) de la Universidad de Michigan, fue gerente de Producción en la GALA Hispanic Theatre en Washington D. C. y hoy, es el director ejecutivo del Boston Children's Chorus.

La segunda escena que me une a Bruce fue el apoyo en la producción audiovisual para una presentación sobre sus producciones teatrales, que realizó en la reunión anual de la Panama Canal Society en la Florida, por allá por 1994. Parafraseando, en ese discurso Bruce dejó claro -a una audiencia que en su mayoría emigró por razones relacionadas al traspaso del Canal y la secesión de la Zona del Canal- que Panamá era su tierra y su lugar. Que nunca sintió la necesidad de emigrar y que su vida y su vida haciendo teatro se habían fortalecido y ampliado con nuevos amigos y nuevas circunstancias.

Cuando llegué a trabajar al Canal en 1985, aún bajo administración de los estadounidenses, mi madre me comentó que allí laboraba un señor Bruce Quinn. Así comienza la primera escena. Le hice ese comentario cuando preparábamos la producción para el evento en la Florida, casi 10 años después. La razón por la que mi madre me hizo ese señalamiento tiene que ver con que mi tía Edna, hermana mayor de ella, fue la nana de crianza de los hermanos Quinn. Cuando le hice el comentario a Bruce sentí por algunos minutos que lo había transportado a un tiempo lejano.

Durante el evento de la Florida, buscó la oportunidad para presentarme a su hermana. Hizo el comentario de quién era sobrino yo; y de ellos entonces sentí una conexión y apreció a mi tía ya fallecida, que solo se transmite cuando los recuerdos son buenos y los sentimientos genuinos.

El amigo y colega Franklin Castrellón testimonió que “Bruce era más panameño que muchos panameños”, señalamiento puntual sobre un ser especial que ha dejado sus huellas para siempre en el escenario cultual del país.

Comunicador