17 de Sep de 2021

Ricardo Cochran Martínez

Columnistas

Pensamiento filosófico contemporáneo: ¿qué es el hombre?

“El hombre nació siendo una contradicción, porque, aun cuando es un ser de la naturaleza, […], no es igual a esta, es su antítesis, porque puede transformarla, como también, lamentablemente, destruirla”

¿Qué es el hombre? En la antigüedad, antes de la existencia de la filosofía, la respuesta era bastante simple, el hombre es una criatura de los dioses. Entonces, ¿por qué el hombre ha de morir y por qué existe el mal? Los primeros en tratar de contestar estas preguntas fueron los sumerios y lo hicieron a través de la Epopeya de Gilgamesh, el mal existe porque es parte del mundo y el hombre debe necesariamente ser mortal, puesto que no es un dios.

La filosofía planteó que el enfoque sobre estas cuestiones estaba dirigido en otra dirección. En primera instancia existe una correlación entre lo que es arriba y lo que es abajo, en sentido macrocósmico y microcósmico, es decir, el mundo del hombre. Los griegos, basados en la observación del cosmos, pensaron que lo que ocurría en los cielos (astronómicamente) debía suceder acá en la Tierra. Porque percibieron racionalmente la existencia de un proceso y un ciclo.

La naturaleza era para los griegos una consecución de ciclos, empezando con el nacimiento, el desarrollo, la reproducción, la decadencia y la muerte. Y, por ende, para los griegos, el cosmos y el mundo están envueltos en el fatalismo.

Los actos humanos, que es lo que nosotros conocemos, vendrían a ser la historia de la naturaleza humana, y es ahí la pregunta nuevamente, entonces ¿qué es el hombre? Podríamos invocar la ontología, la cual, según Aristóteles, es el estudio del Ser, que es el principal de los seres y al cual todos los demás seres están sometidos. Es una respuesta metafísica. Porque parte del Ser y no parte del hombre.

Podríamos invocar al marxismo, pero el mismo redujo al hombre en un “homo faber”, desprovisto de toda racionalidad y espiritualidad, un ser simplemente económico y dedicado al trabajo. Podríamos invocar tal vez el existencialismo, que alude a un Ser que sustenta y hace posible todas las demás existencias. También es una solución metafísica.

La respuesta en sí no puede ser tan solo ontológica o metafísica, debe explícitamente ser tangible, real, porque real es nuestra existencia. ¿Pero cómo la percibimos? Lo hacemos a través del pensar.

Para percatarnos de lo que es nuestra historia, nuestro pasado y lo que puede ser nuestro futuro, se necesita razonamiento, no intuición, tener conocimiento cierto de qué somos, y lo hacemos cuando pensamos. René Descartes lo expuso así: “Pienso, luego existo”. La esencia de nuestro ser es el pensar, es la razón, aun siendo finitos como lo somos. El Hombre es pensamiento que se piensa y se transforma a sí mismo.

El hombre nació siendo una contradicción, porque, aun cuando es un ser de la naturaleza, provenido de ella, no es igual a esta, es su antítesis, porque puede transformarla, como también, lamentablemente, destruirla.

Es el único ser que, a diferencia de todo lo existente hasta el momento conocido, puede razonar, puede admirarse, él cuestiona, lo que para otros seres de la naturaleza solo es instinto, para el hombre debe existir una razón.

La naturaleza, en sí misma no hace distinción ni valora ni justifica, no existe la justicia o la injusticia, solo actúa en ciclos, lo que el pensamiento griego clásico logró captar.

La capacidad de valorar una acción, sea humana o natural, como buena o mala, justa e injusta, se da dentro de las formas que el hombre piensa y razona. El mundo es la medida del hombre.

Veamos este ejemplo. Una lejana explosión de una estrella; y un sistema solar engullido por un masivo agujero negro, es solo un ciclo dentro del universo que estamos observando millones de años después que ha sucedido.

En nuestro mundo un evento desastroso, creado por nosotros mismos, como lo fue la Segunda Guerra Mundial, es tan solo un evento con sentido para la historia del hombre.

Por esta razón, el pensamiento contemporáneo debe considerar que el hombre es pensamiento y que ese pensamiento debe ir orientado, precisamente para sobrevivir y convivir con otros y con todos, en este y todos los mundos.

Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas.