28 de Sep de 2021

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Samuel Lewis Galindo

Columnistas

La carretera que contribuyó a acabar con una ciudad

“Se hizo la vía interoceánica Boyd-Roosevelt y muy pronto, lo que podría ser un instrumento de progreso para Colón, se convirtió en uno de los elementos de su deterioro progresivo”

Hace unas semanas, estuve en el hospital por una isquemia, una obstrucción en el cerebro que explicaré más adelante. Gracias a Dios, no tuvieron que abrir el cerebro, por medio de un tratamiento pudieron tratarme, y, ya estoy en casa. En este período y viendo la preocupante situación de esa provincia, me acordé de un artículo que escribí de una carretera que contribuyó a acabar con una ciudad, me refiero a Colón.

Colón, hasta finales de 1940, era una ciudad muy próspera. Todo se desarrollaba con éxito allí. Sus avenidas eran amplias y sus calles bien trazadas; había limpieza por doquier. Los comercios estaban bien abastecidos con la mercadería más sofisticada y prosperaban satisfactoriamente. Sus precios eran muy atractivos, por el alto volumen de las ventas. Había, en efecto, un “puerto libre” sin ley alguna que le otorgara los beneficios fiscales. Los restaurantes y sitios de diversión eran excelentes y muy concurridos. El Hotel Washington, de 5 estrellas, contaba con una buena ganada fama internacional. En su “época de oro”, Colón tuvo industrias importantes, entre otras, una planta cervecera. Contó con una excelente ganadería y su propia lechería. Las casas de inquilinato eran de buena construcción y muy superiores a la de la ciudad capital. Colón podía fácilmente autoabastecerse. No había necesidad de importar mano de obra. La emigración del talento no se daba.

¿Qué sucedió, pues, del ayer próspero al hoy de miseria?

Por razones lógicas, había que unir las dos ciudades más importantes del país con una vía de comunicación rápida. Se hizo la vía interoceánica Boyd-Roosevelt y muy pronto, lo que podría ser un instrumento de progreso para Colón, se convirtió en uno de los elementos de su deterioro progresivo. Comenzó la emigración casi masiva de colonenses. La ciudad de Panamá les ofrecía más atractivos. Además, era la capital del país, el centro del poder. ¿Para qué tener industrias en Colón, si a solo 52 millas con una vía de rápido tránsito se podía transportar las mercancías de Panamá? Uno a uno fue cerrando industrias y negocios. El colonense trabajaba en la ciudad, pero dormía en Colón.

Preocupado, el presidente Enrique Jiménez, en 1947, por el desalentador futuro colonense, creó, con su visión de gran estadista, la Zona Libre. Pero, a la acción del presidente Jiménez, no le dieron otros mandatarios que le sucedieron las obras adicionales que necesitaba Colón para resurgir económicamente. No se le dio vías de acceso adecuadas con el resto del país, impidiéndose con ello que pudiera desarrollar adecuadamente su comercio y el agro. No se impulsó tampoco el renglón turístico que es un rico filón para cualquier economía.

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