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29 de May de 2022

Columnistas

Sobre la CAM, el MOP y la NASA

“Salvo el llantero que arregla los neumáticos y la grúa que remolca al vehículo averiado, nadie más puede beneficiarse de la desidia gubernamental de no tapar un hueco a tiempo”

A tal estado han llegado las calles y carreteras del país, que la mayoría de los panameños simpatizó con un tuit reciente que sugería a los funcionarios del MOP viajar a la Luna en un trasbordador espacial de la NASA para estudiar sus cráteres y luego regresar a Panamá para tapar los que tenemos acá, como se hacía en los años 60 cuando existía la CAM.

Digna de alabanza era aquella labor que se realizaba entonces, consistente en tapar un bache o cubrir con una gruesa capa de material asfáltico la superficie de las calles, avenidas y carreteras, mejorando de este modo, de manera sustancial, el pavimento de estas. Pero, aunque es de suponer que esta labor era posible por el trabajo diligente de ministros idóneos y de funcionarios competentes, nunca imaginamos que esta función fundamental del MOP se engavetaría como si el tiempo no pasara factura al estado de las calles, puesto que son la mayoría que actualmente se encuentran en estado deplorable.

Nos permitimos recordar a las autoridades del MOP de lo que hacía la CAM y sugerir sobre la conveniencia de que nuevamente se establezca, de manera permanente, un cuidadoso servicio de mantenimiento para que esta situación gravísima, que ya se ha advertido por todos los medios, culmine con el arreglo pronto de las calles antes de que se agrave el deterioro y sea más difícil y costosa su reparación.

No hay duda de que el pavimento de concreto es el preferible para nuestro clima, siempre y cuando, desde luego, esté debidamente construido. Estamos convencidos de que sería la solución definitiva del problema, pero reconocemos que está fuera del alcance de las posibilidades económicas del fisco construir con concreto reforzado las vías de todo el país, y que es preciso, en consecuencia, seguir utilizando el riego asfáltico. Tampoco, debido al lamentable estado en que se encuentran las calles y carreteras, podemos atribuírselo únicamente a la intensidad del tránsito. Hemos visto que algunas calles han soportado desgaste y que construidas hace tiempo, todavía están en perfecto estado. De esa manera, las reparaciones a las que hacemos referencia pueden ser de larga duración, no solo por la forma en que han sido realizadas, sino también teniendo en cuenta el material utilizado.

Pero toda obra de esta clase necesita de un servicio constante y cuidadoso de mantenimiento, puesto que, si la pequeña grieta o el pequeño bache que se advierte no es reparado de inmediato, dicho desperfecto aumentará rápidamente, ocasionando las consiguientes molestias a los vehículos y dando lugar más tarde a la necesidad de hacer arreglos que suelen ser poco eficaces y más costosos. Por las consideraciones apuntadas, tal vez fuera aconsejable que, al hacerse las licitaciones, o al firmarse los contratos para la reparación de las calles y avenidas con material asfáltico, se estableciera alguna cláusula señalando la necesidad de que dichas vías se mantengan en perfecto estado durante un plazo de algunos años, aun cuando, como es lógico, dicha comisión llevaría aparejada la erogación adicional correspondiente. De otro modo, es de temer que antes de mucho tiempo se registren varios desperfectos que hagan dudas de la eficacia de las obras realizadas.

Una de las funciones más importantes del MOP, sino la más fundamental, es cuidar la red vial del país. Es desafortunado que el MOP haya quedado convertido en un ministerio de cubículos, con funcionarios de saco y corbata, donde lo más importante son las licitaciones de los grandes proyectos, y donde se les ha olvidado tapar los baches y rellenar los cráteres que son un dolor de cabeza para quienes se desplazan en vehículos, autobuses y camiones. En innumerables ocasiones hemos dirigido notas y mensajes a los ministros y funcionarios sobre la ubicación precisa de los cráteres, algunos con profundidad de hasta 20 centímetros y que representan una trampa de muerte cuando se viaja a velocidades de sesenta o más kilómetros por hora.

Salvo el llantero que arregla los neumáticos y la grúa que remolca al vehículo averiado, nadie más puede beneficiarse de la desidia gubernamental de no tapar un hueco a tiempo. En otros países más civilizados, donde “el progreso acaricia tus lares”, por mucho menos demandarían o llamarían a capítulo al ministro del ramo. Porque al final, todo se resume en que la responsabilidad inicia y termina con el cargo. Es decir, al igual que el director de la NASA fue el máximo responsable cuando lo del desastre del Challenger, aquí el primer y último responsable por el mal estado de las calles y avenidas del país es el ministro del MOP. Tan sencillo como eso.

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