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24 de May de 2022

Columnistas

Los padres sufren por sus hijos corruptos

“Hacen falta buenos ejemplos para los infantes desde que sueltan las tetas de sus madres hasta muy entrada la adolescencia. Todos los niños necesitan buena crianza […]”

Dejémonos de tonterías, para mí la corrupción de estos jovencitos profesionales, que han invadido a la sociedad panameña de 30 años para acá, comienza en casa y no es asunto exclusivo de pobreza o riqueza, pues casi todos estos “pelagatos” que reaparecen actualmente en el firmamento de la corruptela nacional con apellidos influyentes, de buenas familias o simplemente marginales, se han formado gracias a las conductas aprendidas o vistas desde muy niños en sus casas. Defectos que, lo más seguro, son reforzados continuamente por los padres y familiares muchas veces sin darse cuenta. Veamos pues y entremos a discutir algunas causas abridoras de caminos para que se den actos indebidos, primero en la casa y luego en la vida pública, yo diría que se originan estas fiebres cuando los críos conviven en forma natural con el egoísmo, la falta de solidaridad entre la parentela, los golpes de tablilla y el irrespeto grosero hacia los ancianos.

Una vez el corrupto queda formado, y más preparado académicamente que un tamal chiricano, se encuentra con dos zonas de vida perfectas para sobrevivir y triunfar en libertad, la primera zona es el mismo Estado, que, en forma natural, provoca una macro de corrupción que afecta a los tres sectores económicos, en todos sus niveles, algunos economistas le han dado dos nombres: el mal necesario y también el aceite para los rieles del tren. La otra zona de vida para el desarrollo de los nuevos corruptos es la microcorrupción que vivimos a nivel cotidiano y en la que estoy seguro que tanto usted como yo estamos sumergidos hasta la “guacha” sin percatarnos y que se demuestra al rojo vivo con nuestra manera de actuar y de pensar: ¿será que el Estado no castigará nunca ni a delincuentes oligarcas criollos ni extranjeros, será?, aquí no pasa nada, seguimos comprando lotería, a pesar de…, votamos por ellos y su clientelismo pagado con los impuestos, aplaudimos los contratos de las minas y los puertos del Canal, etc.

Psiquiatras y sociólogos jubilados, juntamente con muchos viejos de trayectoria encomiable, coinciden conmigo en que el ser humano nace o se convierte en corrupto con mucha facilidad sin lugar a pocas dudas. De manera que es obligatorio que se corrijan muchos de estos elementos consentidos por sus familiares a tiempo.

Hacen falta buenos ejemplos para los infantes desde que sueltan las tetas de sus madres hasta muy entrada la adolescencia. Todos los niños necesitan buena crianza, exceptuando el rejo y los maltratos, no tanto una mano firme y rígida o enérgica como la del emperador ruso Iván el terrible que, porque uno de sus hijos lo desobedeció, le aplastó la cabeza a punta de bastonazos, para después quedar llorando y afectado mentalmente por meses.

La tolerancia constante es parte de la clave y un poco de suerte para educar a los hijos. Fíjense en la mirada reclamadora de cualquier niño, de dos o tres años, que vea a otro “pela'ito” divertido con un celular o un juguete caro y se dará cuenta usted de que tendrá que apresurarse a detenerlo para que no se lo robe, o consolarlo pronto, para que no forme una espectacular rabieta, con gritos espantosos, tirándose al piso a revolcarse rabioso con espumas en su boca, sea donde sea, en los mercados, en las iglesias, incluso en el Transmilenio que los he visto. La mayoría de las veces el niño malcriado obtiene un consentimiento que posiblemente lo convierta en el futuro en un delincuente carente de empatía, insolente, poco importa y taimado.

Los padres con hijos corruptos, que han sido atrapados por la justicia, que no sufran ni tengan pena, que esta fiesta está preparada para que cada escándalo nuevo ocluya al de sus hijos. Mientras, eso sí, escuchen antes de acostarse a dormir esa música de Wagner que llaman Cabalgata de las valquirias, que adorna magistralmente el camino de nuestro curioso holocausto tropical, que nos sumergirá para siempre en el subdesarrollo revueltos con reguetoneros y otros iconos de nuestra ignorancia supina.

Economista, escritor costumbrista.