15 de Oct de 2021

Columnistas

Un Gobierno farsante

“Ningún Gobierno […] podía estar preparado para lo que se vino. Pero, cuando se tiene autoridad, solvencia moral y capacidad, lo primero que se obtiene es la confianza del pueblo en sus líderes”

En las guerras, así como en las grandes calamidades, la primera baja es la verdad. Cuando se hace con buena intención, lo que se pretende es la salvaguarda del orden público, la seguridad y el infundir calma. Todo ello en función de evitar el pánico. Para un político, decir la verdad es algo muy difícil. Para un estadista es un deber. Un estadista puede por momentos callar una verdad; el político mentirá siempre. La diferencia está en que el Gobierno estadista, una vez preparado para afrontar y dirigir a su Nación en medio del peligro, mostrará a sus dirigidos la realidad tal cual. No importará lo más brutal que esta sea. El político caerá en una espiral de mentiras, una tras otra, las cuales, asimismo, le irán estallando una a una. Nuestro presidente es un ser humano y por tanto no es ajeno al error.

Esta crisis ha exhibido, de forma descarnada y grosera, la pobreza de su carácter y sus profundas limitaciones políticas. Aliados y adversarios esperaban más de él. Aunque no lo escogí, también esperé más de él. Es un hombre que, atrapado entre sus promesas y sus complicidades por comisión y omisión, no tomó decisiones oportunas y cuando lo hizo, fueron todas mediatizadas por intereses económicos. Ha sido este conflicto de interés, el que le ha dado un carácter clasista y elitista al manejo de la crisis. Se favorece de forma abierta a sectores que no pondrán un solo centavo de sacrificio y que, muy por el contrario, engordarán por razón y en ocasión de la crisis, sus cuestionables riquezas. Como Gobierno genuflexo y abyecto ante la potencia del norte, no fue capaz de enderezar la cerviz por su pueblo y aceptar las ayudas que desde otros lares se nos ofrecieron. Una administración que prefirió dar paso a la especulación en inconfesables actos, huérfanos en forma absoluta de transparencia. ¿Cuántos escándalos más tendremos que soportar? Ya está bueno de tanta basura gubernamental.

Ningún Gobierno del mundo podía estar preparado para lo que se vino. Pero, cuando se tiene autoridad, solvencia moral y capacidad, lo primero que se obtiene es la confianza del pueblo en sus líderes. Eso no existe. La explosión social que se avecina solo puede ser contenida cambiando el rumbo. Se tiene que actuar en función de las grandes mayorías, con prudencia, decisión, carácter, inteligencia y sin opacidad. Nada de eso veo en el señor Cortizo. Tarde o temprano todo se sabrá y tendrán que ser juzgados por esta o la justicia divina, por todo el latrocinio inferido a la Nación.

“… Nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de saberse. Por lo cual, todo lo que habéis dicho en la oscuridad se oirá a la luz, y lo que habéis susurrado en las habitaciones interiores, será proclamado desde las azoteas”, Lucas 12: 2,3. Aunque no merecemos al electo, pagaremos el precio.

Abogado

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