03 de Dic de 2021

Columnistas

La lucha contra la complacencia

“Con estos actores, nos queda mucho trabajo por delante y aún debemos contestar si ¿alguien cree que esto va a terminar bien? La respuesta debe ser sin chistar”

Me hago eco de algo que leí en Twitter, que, palabras más, palabras menos, señalaba que estamos dados a hacer de todo un chiste y un relajo. En el leguaje actual y en el marco de las redes sociales, se diseñan “memes”, casi de todo, y de asuntos muy serios, para hacer burla o gracia de eventos que no la tienen. Eso está contribuyendo considerablemente a que el conjunto de la sociedad no alcance el nivel de conciencia obligada para tomar las riendas del poder “que emana del pueblo” y exigir las correcciones. Cada cierto tiempo formulo la siguiente pregunta: ¿Alguien cree que esto va a terminar bien? Y la respuesta debe ser sin chistar.

En “Señales de decadencia”, escribí hace algunos años que el ser humano construye su carácter y a la vez su estructura emocional, influenciado por una maraña de situaciones que involucran sus vivencias y una variedad de influjos que lo envuelven incesantemente a lo largo de su vida. Además de su entorno ambiental cambiante a lo largo de los siglos: la ignorancia, el conocimiento, la ciencia, la religión, la culpa, el perdón, el deporte, la cultura, la música, el arte, la política, el sexo, la familia, la responsabilidad, la irresponsabilidad, el color de su piel, la guerra, el dinero, el delito, la tecnología, hacen de él el individuo que es.

Entre esa maraña de situaciones va cimentando su escala de valores, su forma muy particular de ver el mundo y con eso, diseña y rediseña la visión con que pretende hacer lo necesario para supervivir, criar a sus hijos y para no dejarse. Ese comportamiento, con todas esas influencias, puede llevarlo en dos direcciones: el camino ingenioso y creativo en la construcción de un futuro digno para él, los suyos y su comunidad o, hacia la decadencia, igualmente, la de él, los suyos y de su comunidad. En este punto, tómese unos cuantos minutos para reflexionar sobre los eventos que han ocurrido en el ambiente político en los últimos 15 días y conteste la pregunta de si terminaremos bien o no.

Decía José Ingenieros que “Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen…”. Esa frase es de vital importancia, porque creo que no logramos puntualizar qué elementos del pasado gobiernan las conductas presentes. Nuestra clase política (en donde han incursionado, médicos, empresarios, educadores, etc.), es incapaz de crecer y formular nuevos modelos de accionar. ¿Qué tenemos como consecuencia?, que toda la actividad política de hoy la subraya la conducta del beneficio personal; el negociado con los bienes del Estado, el matraqueo vulgar y descarado, la compra y venta de conciencias; el trueque desmesurado de los ideales (si es que los tiene) por la oportunidad. Este es el escenario en donde nuestros hijos crecen, transmitido por televisión en vivo y a todo color. Y con la tecnología de hoy, lo podemos ver cuántas veces queramos por las redes.

Si otras sociedades están enfrentando situaciones similares de corrupción, desventaja social, mal uso de los recursos de todos, etc., nos toca atender con acciones precisas las que nos afectan directamente. Pero lo más difícil en este momento parece ser, la lucha contra la complacencia; (RAE; placer y contento que resulta de algo). La población no puede seguir asumiendo una posición impasible y alejada de las acciones que se han tomado en la Asamblea Nacional con respecto a las reformas electorales, y menos, puede normalizar las acciones de exfuncionarios y sus representantes que se dieron en las afueras de las instalaciones del Sistema Penal Acusatorio. El ejemplo que damos hoy es la guía para las futuras generaciones. El triste espectáculo de los involucrados en la refriega que se dio entre acusados y acusadores no debe ser normalizado con chistes ni memes que nuestros jóvenes intercambian.

Al final, como ya había dicho en alguna oportunidad, hay un argumento puntual que tiene que ver con la supervivencia. Nuestra condición natural es la de procurar que la especie supere las dificultades del entorno, naturales o creadas por ella, a fin de que seamos más los que estemos presentes para adelantar hacia el futuro nuestra presencia en el tiempo. Con estos actores, nos queda mucho trabajo por delante y aún debemos contestar si ¿alguien cree que esto va a terminar bien? La respuesta debe ser sin chistar.

Comunicador social.

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