03 de Dic de 2021

Columnistas

¿Justo y legal obligar a la vacunación anti-COVID-19?

“[…], hacer preguntas sobre su seguridad y la necesidad de aceptarlo no es ser “antivacuna” o “anticiencia”, es ser prosentido común y prológica”

No soy antivacuna. De hecho, me he puesto dos dosis de Pfizer; sin embargo, simpatizo con aquellos que, por razones médicas o personales, se niegan a ser obligados a recibir una vacuna de emergencia de dudosa eficacia y seguridad, y a renunciar a sus derechos de buscar reparación si dicha vacuna resulta perjudicial para su salud.

El simple hecho de tener que aceptar una exención médica de esa vacuna cuestionable, apresurada y sin precedentes, aunque aprobada por la FDA, genera serias preocupaciones, ya que todo indica que su aprobación fue motivada políticamente y no científicamente, al no pasar por los requeridos años de ensayos clínicos con animales, convirtiendo al ser humano en conejillos de Indias.

La vacuna anti-COVID, sin duda, es un tema controversial. Muchas personas tienen diferentes puntos de vista sobre cuán efectivas y seguras son, sus efectos secundarios graves para muchos, además de las motivaciones detrás de las presiones para vacunarse.

Pregunto, ¿es “antivacuna” cuestionar esa vacuna, a pesar de que sus efectos a largo plazo son médicamente desconocidos?

Se han reportado reacciones adversas muy graves, mucho mayores que con otras vacunas. Tampoco parece ser muy peligroso para varios grupos de edad. Entonces, hacer preguntas sobre su seguridad y la necesidad de aceptarlo no es ser “antivacuna” o “anticiencia”, es ser prosentido común y prológica.

Hemos llegado al punto donde muchas personas están haciendo juicios morales sobre los demás, basados en su estado de vacunación, y “villanizándolos” por sus indecisiones y preocupaciones razonables.

Obligar a que todas las personas se vacunen, ignora por completo a millones de personas que han tenido y superado el virus, y, en consecuencia, desarrollado inmunidad natural.

Muchos estudios han informado que la inmunidad natural proporcionada por una infección previa de COVID proporciona una protección más duradera y fuerte contra la infección viral, en comparación con la inmunidad inducida por la vacuna.

Por cierto, los científicos ahora afirman que parece que una combinación de tasas de vacunación en aumento, junto con la inmunidad natural de decenas de millones de personas que superaron el virus, es la fuerza impulsora detrás de la disminución actual de las infecciones por COVID, de las hospitalizaciones y muertes.

Es evidente para muchas personas que la vacuna no detuvo la transmisión de infecciones y que el virus se propagó incluso en áreas altamente vacunadas, a pesar de que al principio nos prometieron que la vacuna protegería a todos de enfermedades y de la muerte.

Ahora, los organismos de Salud nos dicen que las primeras personas en vacunarse ya están experimentando una disminución completa de los anticuerpos inducidos por la vacuna y que existe la necesidad de vacunas de refuerzo, sin decirnos ¿durante cuánto tiempo estos refuerzos, para un virus ya evolucionado, funcionará? -lo que ha hecho que las personas piensen que han sido engañadas a asumir una falsa sensación de seguridad y a pensar que no existen otros tratamientos o preventivos disponibles para protegerlas.

Muchas personas se preguntan ¿por qué la FDA, la OMS y el establecimiento médico no han asegurado que todos, en esta mortal pandemia, estemos inundados de información fidedigna sobre la efectividad de otros tratamientos alternos o preventivos baratos y accesibles, en uso en muchos países y que están siendo recetados por muchos médicos, como la Ivermectina, la hidroxicloroquina, los monoclonales y otros tratamientos que han salvado muchas vidas?

¿Se trataría realmente de los miles de millones de dólares que se obtienen con la venta de las vacunas y del total desprecio por la vida y la salud pública?

Investigadores médicos, el CDC, la FDA y la OMS se han opuesto enérgicamente a otras formas de tratamientos preventivos, al tiempo que cancelan toda discusión abierta sobre tratamientos alternativos, lo que ha creado un apagón total sobre otros medicamentos baratos disponibles, para mantener un enfoque centrado en las vacunas y consolidar una tiranía médica.

Planificador jubilado.

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