01 de Dic de 2021

Columnistas

Negociaciones por el clima

“Además del desarrollo, están en discusión la salud y prosperidad del planeta y, sobre todo, una armonía entre la vida humana y la naturaleza”

El clima anda alborotado últimamente. Su inquietud y efectos se han hecho claros y devastadores desde hace algunos años. Antes no sucedía así: los fenómenos podían preverse, y calcular el impacto o crudeza. Ahora no; pues en cuanto a las malas condiciones del tiempo, es impredecible su ocurrencia y los organismos que se ocupan de ellos suelen solo prepararse para disminuir o reducir la ferocidad de los embates en diversas formas.

Cambio climático le denominan y su gravedad es tan vasta que ha adquirido dimensiones globales. Por esa razón las naciones han acordado la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC). Se han creado, entonces, instrumentos, estrategias y planes para que los países logren coordinar políticas y hacer frente a la cambiante manifestación de hechos. que han convulsionado la vida de muchos.

Los espacios subterráneos del Metro de Nueva York, se tornaron ríos internos hace meses; mientras, las temperaturas de algunas ciudades de Canadá presentaban altísimos índices no experimentados con anterioridad. En Japón varias urbes desalojaron correntadas de aguas lodosas y, en Europa, unas riadas corrieron por varios países: Alemania, Bélgica, Holanda, Suiza, Polonia y la República Checa, con saldos funestos y extraños en pleno verano.

La crudeza de la temporada es similar a la del pasado invierno, que sorprendió a Madrid con una helada no vista en décadas. Ahora hay ríos desbordados, pero también incendios en California y, en el Caribe, empezó una intensa temporada de huracanes, olas de baja presión que alteran las condiciones climáticas e inician episodios de lluvias que erosionan suelos, terrenos sembrados; hasta allí, son arrastradas infraestructuras y ocasionan perjuicios.

Ambas costas del mar Mediterráneo, tanto en la europea de España, Grecia, así como enfrente: al norte de África, en Argelia y en el Atlántico, el archipiélago de las islas Canarias, han sido vulnerables a las llamas que se extendieron hasta regiones más continentales, como es el caso de Turquía o Siberia. Este es el panorama que ha obligado a incluir esos fenómenos, en alertas máximas en los organismos de protección civil.

En 2015 se logró concertar el Acuerdo en París, Francia. Es una nueva plataforma planetaria para acometer las acciones y evitar que la temperatura promedio aumente más de 1.5 grados centígrados. Ha permitido, luego de la debilidad de implementación del Protocolo de Kioto, organizar a Estados y sociedades para modificar estructuralmente las relaciones de los grupos humanos con la naturaleza y reducir drásticamente el calentamiento.

Determinadas actividades de producción y el excesivo consumo de combustibles fósiles han aumentado la generación de gases de efecto invernadero, que no atraviesan el espacio de la atmósfera y regresan a la Tierra para alterar diversos escenarios: como las aguas oceánicas, derretimiento de los polos y efectos diversos en las comunidades con aumento del nivel del mar y agudización de ciertas enfermedades, entre otros.

En este contexto se realiza la reunión Cumbre de las Partes (COP 26) que tiene lugar en la ciudad escocesa de Glasgow. Esta importante cita se ha propuesto consolidar la programación de las contribuciones nacionales (actividades específicas para reducir los gases de efecto invernadero); iniciar la discusión de una nueva meta de financiamiento climático; concluir acuerdos sobre mercados y hacer una efectiva red de pérdidas y daños.

Es positivo contar con una agenda de objetivos. Lo negativo es la cantidad de intereses grupales que encierran las negociaciones. Cada país, regiones o grupos cuentan con sus propias expectativas de logros. Al concluir las discusiones este fin de semana, se contará con las perspectivas que serán acogidas por cada nación y el conjunto de la comunidad internacional que ha propuesto este Acuerdo de París, como opción posible.

Además del desarrollo, están en discusión la salud y prosperidad del planeta y, sobre todo, una armonía entre la vida humana y la naturaleza.

Periodista

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