30 de Nov de 2021

Columnistas

Liderazgos vs. sueño colectivo

“Los liderazgos opositores deberían dar un paso al lado, dejar surgir nuevos líderes. Así como también, los ciudadanos deberían pasar a ser proactivos y participativos en la lucha social y política”

Hay países donde claramente la realidad supera con creces el realismo mágico que Gabriel García Márquez plasmó en Cien años de soledad. Venezuela, sin duda, es uno de ellos.

Cómo explicar que un país tiene dos presidentes, dos asambleas nacionales, dos tribunales supremos de Justicia, dos fiscales generales. La contradicción con la moneda nacional, la más devaluada del mundo -el bolívar-, pero, todos usan el dólar, moneda oficial del “imperio gringo”, el que tanto desprecian los supuestos revolucionarios del régimen.

El país con el mayor número de avionetas privadas por habitante, en el mundo, mientras que la pobreza extrema sigue creciendo y abarca dos tercios de los hogares del país, con un 76,6 %”, información basada en la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida -ENCOVI 2021- del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales -IIES- de la Universidad Católica Andrés Bello -UCAB-.

Un país donde el ejercicio de la política pasó a ser una actividad de alto riesgo; se puede ser encarcelado por ejercerla. En la actualidad, hay 262 presos políticos, según la ONG Foro Penal, enjuiciados de manera exprés, con juicios sumarios, expulsados o exiliados; sin embargo, mágicamente, algunos presos políticos son liberados sorpresivamente, y los exilados regresan y nada les pasa.

En medio de estos absurdos, se establece una mesa de negociación en México, entre el Gobierno de la República de Venezuela y la Plataforma Unitaria de Venezuela, facilitada por Noruega y acompañada por Países Bajos y Rusia, y, en paralelo se convoca a elecciones locales -gobernadores y alcaldes- para este 21 de noviembre.

Importante centrarnos en este último punto. Durante años la oposición venezolana ha satanizado el voto, con el argumento de que “en dictadura no se vota”, mágicamente ahora cambian y dicen que hay que votar. Comprensible el cambio de posición producto de las circunstancias; sin embargo, no lo es, con respecto a la incapacidad para generar unidad que permita hacer un frente común, es decir, unidas las fuerzas opositoras. Se evidencia en las próximas elecciones, para 23 gobernadores y 335 alcaldes, que el régimen presenta un candidato a cada cargo, mientras que la oposición lleva dos, tres y hasta cuatro para cada cargo; sumado al hecho de que una facción de la oposición sigue llamando a la abstención, por aquello de que “en dictadura no se vota”. Y, como si fuera poco, Juan Guaidó -líder de la oposición o presidente encargado- declara que él apoya a los que quieran participar, como también a los que no deseen hacerlo.

¿Es claro cuál será el resultado de esa elección? Sin embargo, algunos políticos y analistas de la oposición argumentan que lo importante de esta elección no es el número de gobernaciones o alcaldías que se ganen, sino la sumatoria de los votos obtenidos por los sectores de oposición.

La verdad es que, no importa cómo lo quieran presentar, la realidad muestra la ineptitud del liderazgo de la oposición, la incapacidad para generar un proceso unificado, la incompetencia en desterrar los egos y enfocarse en una sola causa: Venezuela. La inconsistencia política sostenida por años, no escuchando las voces y necesidades del ciudadano, olvidándose de los problemas de la gente, pensando que todo se resuelve en las redes sociales, apartándose cada día más del ciudadano; y, sobre todo, la insensibilidad para sentir lo que día a día vive la mayoría de los venezolanos; es claro que estamos ante un liderazgo, que ya no lo es, presumiendo que un día lo fue.

En Venezuela entraron y se quedaron en un círculo perverso, donde, como lo evidencia la realidad, el liderazgo opositor está dividido en dos o tres facciones; el número de facciones varía, según el cristal con que se les mire, o con el que necesiten, para acomodar su realidad. Disociados de la realidad de las mayorías, a quienes, presuntamente representan.

Por otro lado, muchos, por no decir la mayoría de los ciudadanos, también han optado por la pasividad, enfocados en la supervivencia personal o familiar, y con ello han abandonado la lucha social, la política y la esperanza, quizás esperando que “alguien” resuelva los problemas de manera mágica.

Los liderazgos opositores deberían dar un paso al lado, dejar surgir nuevos líderes. Así como también, los ciudadanos deberían pasar a ser proactivos y participativos en la lucha social y política. Si todos se enfocan en una sola causa: Venezuela; así el conglomerado generaría nuevas dinámicas y posibilidades reales de construir un gran tejido social que dé salida al drama actual y direccionar la reconstrucción del país que el colectivo sueña.

Consultor político; en Twitter: @orlandogoncal.

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