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18 de May de 2022

Columnistas

¿Cabreazón o se izquierdiza, supuestamente, el hemisferio?

Cambia ese sumario por este: “El actual Gobierno, […], debe establecer un plan de acción coordinado con los bancos estatales y privados y los ganaderos del país de todos los niveles […]”

Escucho a gente de capa alta o media alta quejarse casi llorosa de que “el comunismo está ganando en varios países”. El ejemplo de Chile con el aún joven de 36 años, Boric; el, hace unos años, líder universitario que convoca marchas de protestas. O, el ya conocido caso del Perú, una sociedad marcada desde la huella del Virreynato español por un enfático -lo conocimos por convivir por siete (7) años desde adolescente- sentido “de clases”, con aproximadamente un 8 % de “blancos”, donde los demás, como me dijo un amigo político, “se dicen cholos los unos a los otros” (¡puro mestizaje lógico!), y hoy día un maestro rural de la sierra escondida y marginada, que un año antes del proceso electoral nadie conocía ni mencionaba, preside esa nación hermana y, pese a su renuencia, ha tenido que aceptar vivir en la imponente estructura del Palacio de Gobierno. Pedro Castillo, contra viento y marea, impuesto como candidato por alguien con orientación marxista -médico neurocirujano, formado en Cuba-, quien, al tener procesos judiciales, eligió a Castillo para ser el candidato de una alianza inventada que dio muy sorpresivamente su victoria en las urnas en apretada riña electoral. Por cierto, los contrapesos políticos de su tenaz oposición le están haciendo girar hacia una moderación que le llaman “de centro”, ante la crónica anunciada de congresistas opuestos de declararle “una vacancia” o destitución legal.

Y, en la vecina Colombia, el fantasma de Gustavo Petro, congresista, exalcalde de la altiva Bogotá -con cara respingada en sus clubes de elite-, el cual fue un joven que perteneció años atrás al subversivo movimiento M-19, puntea todas las encuestas sobre una docena de aspirantes presidenciales, para un torneo que apenas le faltan unos cien días para realizarse.

¿Y cuál es el punto? El punto es la interrogante: ¿de repente los pueblos mencionados comenzaron a devorar “El Capital” de Marx y a estudiar a Engels y Lenin?; eso, pese a las experiencias de regímenes con años de supuestos marxismos como Venezuela, con una cuarta parte de sus habitantes en éxodo continuo y suma pobreza (pese a sus ingentes riquezas naturales) o el dramático caso del reyezuelo nicaragüense que encabezó una gesta en armas para demoler una dictadura de décadas, y hoy pretende, bajo el manto de un “socialismo”, imitar lo que ayer combatió. En ambos países con todos los poderes mandados con un dedo. No lo creemos. lo que sí creemos es que esos pueblos, y otros, donde Panamá pareciera aislado -solo pareciera-, se han cabreado de las ecuaciones vigentes de “el aumento constante de mayorías grandes empobrecidas y grupitos de millonarios en aumentos”. Solo por pertenecer los últimos a oligopolios pegados con Soldimix a todos los presidentes que suban. Más allá que estos tampoco hayan leído un solo párrafo de libros escritos por Adam Smith, Alfred Marshall, Irving Fisher, o John Keynes. Simplemente, aprendieron a adular mandatarios de turnos y a ganar licitaciones con sobreprecios para pagar el favor.

La cabreazón de los pueblos simplemente los inclina a buscar figuras que al menos aparenten -con el verbo de oposición, que casi siempre sube a figuras que en el poder cambian sus discursos- para no “ser más de lo mismo”. Punto.

Ya tuvimos en la aparentemente inamovible Panamá el fenómeno político de un Rubén Blades, quien casi sin residir aquí por su trabajo esforzado en la música, tuvo una avalancha de votos sobre algunos candidatos con millones a su disposición. Y también, más recientemente, a un joven casi desconocido que con una buena plataforma de redes sociales se volvió el fenómeno del último torneo, aunque ahora en sus nuevos intentos no le vaya muy bien.

Por lo antes explicado, no creo que haya realmente una lucha de clases entre las llamadas ideologías de derechas e izquierdas; hoy, las ideologías formales están en constante desnutrición. No hay lecturas ni enseñanzas filosóficas o de ciencias políticas básicas en aulas. ¡Puro pragmatismo y búsquedas individuales!

El peligro de unos pocos, y la esperanza de muchísimos, es que “haya un revolcón brusco” -usando la palabra de un abogado y político de años atrás- y ocurra algo, aquí o en otro país del hemisferio, que les dé a las mayorías, al menos, un soplo de “esperanzas”. ¡“That is the question”!

Abogado, coronel retirado.