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20 de Ene de 2022

Columnistas

Desinterés del Ejecutivo o asesores ausentes

“Es importante señalar lo inconcebible que parece que estamos esperando que las IFIS nos halen las orejas desde afuera, puesto que mediante leyes y normas existentes no sabemos poner en cintura a los incompetentes […]”

Después de escuchar un discurso presidencial con el objetivo preestablecido de rendimiento de cuentas que, si bien no incluyó la satisfacción en deuda con los panameños que daban un voto con la esperanza de escuchar una versión de templanza y rigor disciplinario aplicable a los que transgredieron la confianza de todos, incluyendo separaciones de sus cargos hasta que prueben lo contrario, sin el interés de irrespetar la majestad presidencial, aspirábamos ver cómo, con hidalguía, anunciaría al país que ya detectó los focos de infección de la pandemia de corrupción que nos agobia y que anunciaría a la faz nacional su decisión de destituir a los mercaderes del templo y que la vergüenza con la que asumiría su responsabilidad al bajar del estrado declarando insubsistentes en el cargo a los que, como el señor Mezquita, en su calidad de asesor presidencial, no tendrían más cabida en su gestión, producto de lo actuado en detrimento de las esperanzas y confianza depositada en defender el interés de los panameños en lo que a la CSS se refiere y sostener públicamente que el “capital político” no les respalda y después del rotundo fracaso de la comisión conformada para crear y sustentar soluciones para salvar la Caja de Seguro Social, sin medir consecuencias, admite el penoso “lavado de las manos”, al expresar que le tocará al próximo Gobierno, lo que significa tirar por la borda el destino de 3 200 000 ciudadanos entre asegurados y beneficiarios que representan el 76 % de una población de 4 200 000 habitantes.

¿Qué ocurre?, señor presidente de la República, ¡¿qué le impide tomar la batuta y comportarse como un estadista?! Aquí no hay alarmistas, lo que tenemos son realidades con marcada posibilidad de un rumbo equivocado de llevar y estrellar la nave del Estado estrepitosamente, generando graves y nefastas consecuencias. La incompetencia se refleja en la inconsistencia de lo que expresa, dice e instruye la cabeza al cuerpo que no acciona en la misma frecuencia. Con el derecho de ciudadano que me asiste, le expreso mi preocupación de que es así y no algo peor.

En el rendimiento de cuentas con reflejo de clientelismo político y dirigido a los menos entendidos, porque la calidad de información distó mucho de la esperada, vemos conceptos y ejecuciones de proyectos con números fríos y sin detalles, de los cuales a varios les hemos dado seguimiento y no presentan buen pronóstico, puesto que están sustentados en pliegos de cargos deficientes y adjudicaciones con muchos entredichos de por medio, con irremediables incumplimientos sin precedentes, para lo que resta del quinquenio esperamos un redoblado esfuerzo con también un renovado equipo que se aleje de las vanas preocupaciones del sostenimiento del caudal político, porque, al son que vamos, mejor dejar de soñar en nuevas oportunidades sin antes ponerle turbo alimentador al desempeño y ejecución de la gestión gubernamental, para tratar de mejorar el brillo y estela de vergüenza, al tratar de enmendar la deficiente ejecución de la primera mitad del quinquenio que transcurre.

Debo aprovechar la oportunidad para decirles a los asesores presidenciales que presenten propuestas al señor presidente para que, en vez del megaclientelismo, generando aumentos de salarios e incremento de la planilla estatal que consumen una parte sustancial del Presupuesto General del Estado, que supera los B/.3900MM, casi el doble de lo que nos produjo neto después de cubierta sus operaciones el Canal de Panamá, la suma de B/.2000MM.

Es importante señalar lo inconcebible que parece que estamos esperando que las IFIS nos halen las orejas desde afuera, puesto que mediante leyes y normas existentes no sabemos poner en cintura a los incompetentes entre diputados, representantes de corregimiento, alcaldes y políticos clientelistas que, a costo y sudor de ciudadanos y empresas que tributamos, quedamos rellenando sus apetitos aviesos.

Por otro lado, ¡¿para qué un cuerpo diplomático y consular tan ineficiente?!, que no se esfuerzan con más capacidad para coadyuvar en la motivación de empresas que se radiquen en Panamá, cónsono también con estrategias del Gobierno, para canalizar los fondos que resulten de la reducción del exceso de gastos gubernamentales, y, por ejemplo, adquirir hectáreas suficientes, parcelarlas con las correspondientes infraestructura que garanticen el uso inmediato con buenos accesos y, quizás, a lo largo de las inmediaciones de la vía Interamericana, que las invitadas, además de multinacionales, también nacionales, interesadas en diversas inversiones de industrias, depósitos temporales de mercancías en tránsito y ensamblajes diversos para automatizar el crecimiento del sector primario como proveedor para algunas de las industrias y generar empleos que detengan la desordenada migración a la ciudad capital.

Además, en esta ocasión, quiero dejar en el tapete la reflexión a la que nos lleva la interrogante sobre la descentralización, de urgente fiscalización y control, por la desorganización e intereses creados, unidos a una pésima incapacidad ejecutoria.

Por último, ¿cuándo reflexionarán nuestros asesores del Ejecutivo sobre el Instituto del Cuerpo de Ingenieros de Panamá?, soporte en todas las gamas de ingeniería y afines pertinentes, para que el Gobierno procese los requerimientos de proyectos de infraestructuras y estructuras nacionales públicas, que se haga cargo de los estudios preliminares y de impacto ambiental y posteriormente que hagan los diseños con la respectiva elaboración del presupuesto oficial; luego, le darían traslado a los ministerios y entidades para llamar a licitación pública libre de sobrecostos y especulaciones con beneficio a terceros, así las obras y construcciones con respectivas corridas financieras, eliminando las figuras de juez y parte, generadoras de intransparencia y corrupción rampante.

Es lo que considero oportuno y sensato proponer o sugerir por el bien de nuestro Panamá.

Político de partido.