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24 de May de 2022

Columnistas

Significado de 'la amistad campesina'

“[…] la amistad no es otra cosa que hacer y propagar el bien, de uno para el otro. Y las condiciones indispensables para ello son el buen trato, buena intención, comunicación buena y afectuosa, el respeto, […]”

Siempre me he sentido orgulloso de ser campesino, pues mi madre, mi padre y toda mi familia también lo son. Este orgullo lo expreso con toda humildad, debido a la formación recibida desde muy pequeño, basada en el respeto a los mayores, a la mujer, a los niños, a mis compañeros de escuela, a los maestros; aunque la influencia obtenida en las aulas de la Escuela Secundaria de Las Tablas, en el “Nido de Águilas” y de la vida en la ciudad, también me aportaron lo suyo. La ética y filosofía de vida la aprendí allá en mi tierra y en las aulas, pero la aplicación de ellas en la vida ciudadana, han sido de inspiración propia.

Entre tantas cosas aprendidas, especialmente de mi padre, fue esa que involucraba la relación respetuosa, afable e indestructible que él mantenía con ciertas personas, con quienes, por ejemplo, emprendía una siembra de arroz que denominaba “un arrozal o maizal a medias”. Que simplemente consistía en conseguir un pedazo de tierra fértil propiedad de una tercera persona, para preparar una “rosa”, desmontarla, limpiarla y con las primeras lluvias, proceder con la siembra elegida. Esta situación se daba porque no tenía tierra propia apta para las siembras. Con esta persona, compartía el trabajo riguroso desde la tumbada del monte, la siembra, el deshierbe, hasta la cosecha y luego, procedían a “partir en tres partes” con el dueño del terreno la producción y, aunque este último no participaba del esfuerzo, su parte correspondiente, era rigurosamente igual a la que obtenían los dos emprendedores, desde luego, por aportar el terreno; es decir, al final eran tres partes exactamente iguales.

En este tipo de actividades, mi padre tenía dos personas que eran parientes entre sí y ambos se llamaban Manuel María. No eran familia de mi padre, pero sí sus dos grandes compañeros. Él los apreciaba, los trataba, respetaba y se aceptaban tal como eran. Compartían cuentos, reían y celebraban chistes, terminando la mayoría de las veces con una sonora saloma que los animaba y alegraba en la faena.

Sostenía, que la amistad que mantenía con ellos era sagrada. Esa misma actitud la mantenía con otros allegados, de tal manera que llegó a tener una “legión”, que como me contaba, eran más que su propia familia, porque los trataba más seguido.

La actitud de este hombre, mi padre, que no sabía leer ni escribir, con ese tipo de conceptos arraigados, me convence de que el éxito logrado en la convivencia y el progreso integral de la comunidad campesina peninsular, especialmente, las que como ejemplo nos enseñan “las juntas”, de EMBARRA y para efectuar otras actividades grupales, son posibles gracias al arraigado concepto individual y familiar de la AMISTAD. Ese sentimiento compuesto por una serie de valores morales, sociales, como el respeto, la fidelidad, lealtad y compañerismo que la hacen única e indispensable.

Sin duda, a través del tiempo, experimentamos singulares circunstancias que colocan en situaciones peligrosas la amistad, pero si esta es sólida, bien cimentada como las mencionadas, superará cualquier situación o malentendido. Por ello, comparto ese pensamiento del gran escritor Oscar Wilde que reza así: “Realmente nada hay en el mundo más noble y raro que la amistad verdadera”.

Son muchísimas las definiciones existentes acerca de la amistad, sin embargo, esta no es más que el cariño y afecto personal puro, sin mayor interés que el bienestar de la(s) otra(s) persona(s) y que generalmente es de dos vías, que nace y se fortalece entre dos o más personas. Por fortuna, los hombres, en su mayoría y en todas las épocas de la humanidad, le han dado una gran importancia.

Opino, que la amistad no es otra cosa que hacer y propagar el bien, de uno para el otro. Y las condiciones indispensables para ello son el buen trato, buena intención, comunicación buena y afectuosa, el respeto, la aceptación, la tolerancia y la sinceridad, que nos permita no solo dar sino recibir. La actitud, el comportamiento adecuado con las personas, presentando y compartiendo ayuda, son sin duda la clave.

Estos aspectos sobre la amistad brevemente tratados son un llamado de atención a la juventud y a quienes cada día se envuelven más en la tecnología y descuidan el trato y acercamiento con otras personas, situación que la pandemia ha venido a reforzar con el alejamiento, el tapabocas y la recomendación de hablar lo necesario.

Es verdad que muchos no creen en la amistad porque de alguna forma han sido traicionados o en ciertas circunstancias ninguno de los involucrados acepta haber fallado. Los invito a reflexionar, porque tal vez el problema no ha sido la amistad como tal, posiblemente su error ha consistido en no seleccionar adecuadamente la persona con la que pretendió establecer una amistad.

Escritor, folclorista, compositor.