23 de Mar de 2023

Columnistas

Para los amigos del alcalde Fábrega

“[...] recurro a los amigos del alcalde para evitar que se destruya lo que existe, con el fin de construir algo que no se necesita. Como se puede ver, hay otras alternativas, menos costosas y más prácticas, [...]”

No soy amigo del alcalde Fábrega. Somos, eso sí, miembros de la misma agrupación política, el PRD, donde finalmente él decidió inscribir su afiliación partidista para hacer carrera pública, después de recorrer varias organizaciones electorales. Por ello, hablar de una oposición “política” a su gestión, en mi caso particular, ciertamente no califica.

Estoy seguro de que no todas las personas que están alrededor del jefe de la comuna capitalina son alabarderas, manzanillos, oportunistas o profesionales de ocasión, esos que, por un salario o algo más, ajustan su criterio técnico y hacen cualquier cosa por justificar el imaginario fantasioso de su jefe. Si así fuera, una situación que, por lo general, se da en el entorno de personas egocéntricas, autoritarias y creyentes de ser dueñas de la verdad absoluta, tendríamos un gran problema.

Ante la protesta ciudadana en contra de construir un nuevo mercado de mariscos en donde hoy existe el Parque Mirador del Pacífico, una inversión de 43 millones de balboas, el alcalde ha recurrido a satanizar el mercado actual, diciendo que este es obsoleto, que no reúne los requisitos sanitarios, que no tiene planta de tratamiento de agua, que no cuenta con estacionamientos y que no hay suficiente seguridad para quienes allí laboran o van a diario a comprar pescados y mariscos. Analicemos estos argumentos.

Hace tan solo cuatro años, en el 2018, las instalaciones del mercado actual fueron objeto de mejoras y remodelaciones para adecuarse a las crecientes necesidades de vendedores y compradores. De ser real su obsolescencia, esta debe ser fácil de resolver con una optimización de los flujos de mercancías y personas para hacerlo más eficiente y apto para una mayor demanda y satisfacción de quienes lo visitan. El alcalde, un asiduo viajero, ha visto en otros países mercados muy antiguos que han sido adecuados a los nuevos tiempos.

El incumplimiento de los requisitos sanitarios del mercado no guarda mayor relación con sus instalaciones físicas y está más bien ligado a su operación. No obstante, esta alusión del alcalde introduce una interrogante sobre la supervisión del Ministerio de Salud y el cumplimiento de las normas sanitarias para el recibo, almacenamiento, manipulación, exhibición y venta de pescados y mariscos que aseguren la salud de la población. La ausencia de una planta de tratamiento de aguas es una inversión necesaria, pero relativamente pequeña por el tamaño de la operación del mercado y con ello se evitaría seguir contaminando la bahía.

El tema de los estacionamientos en el nuevo proyecto del alcalde ha llamado la atención de manera favorable a muchas personas, incluso aquellas que no conocen o ni siquiera van al mercado actual, pero que en general, consideran que en Panamá no hay suficientes estacionamientos en ningún lugar, público o privado, o, por lo menos, no lo suficiente cerca de la entrada de cualquier sitio como para no tener que caminar.

Este asunto, producto de nuestra idiosincrasia, ignora que a menos de 100 metros del mercado actual hay 190 estacionamientos disponibles para el mercado de mariscos, como parte de los estacionamientos de la Cinta Costera, con un puente peatonal que une ambos puntos. Ese globo de terreno debe traspasarse al Municipio con la misma diligencia y en los mismos términos que se traspasaron los terrenos del parque Mirador del Pacífico para la construcción del nuevo mercado, para poder asegurar el número de estacionamientos para sus clientes.

Para darle un valor agregado y aumentar el atractivo a los visitantes, el área de estacionamiento pudiera ser techada con una estructura de paneles solares, con lo cual el Municipio promovería el uso de energías renovables, no contaminantes, y generaría ingresos adicionales para la operación del mercado. De no resultar suficiente el número de estacionamientos, se pudiera construir, en ese mismo lote, un edificio de dos o tres plantas para ese propósito, sin afectar la calidad y la imagen del entorno.

Las apreciaciones del alcalde con respecto a la falta de seguridad tampoco guardan relación alguna con las instalaciones del mercado actual y es un tema de coordinación con los estamentos de seguridad del Estado, incluyendo la policía municipal bajo la responsabilidad del propio burgomaestre.

Por todas estas consideraciones, recurro a los amigos del alcalde para evitar que se destruya lo que existe, con el fin de construir algo que no se necesita. Como se puede ver, hay otras alternativas, menos costosas y más prácticas, sin tener que dar al traste con el parque del Mirador del Pacífico, un lugar donde muchos panameños disfrutamos del contacto visual y sensorial con la bahía. Es cierto, señor alcalde, que “es más fácil hacer un mercado nuevo”, y añado yo, cuando se trata de terrenos baldíos, donde no existen otras mejoras, pero nunca para destruir áreas públicas que son utilizadas para la recreación y el esparcimiento de los ciudadanos. Ojalá que los amigos del alcalde Fábrega lo ayuden, en este caso, a resolver sus contradicciones y sus falacias.

Ingeniero