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21 de May de 2022

Columnistas

La basura es un asunto de todos

“Tenemos la palabra todos juntos, Gobierno, organizaciones, población, para avanzar en el logro de un Panamá sin contaminación”

La semana pasada este diario subrayó con mucho tino que, “si una institución merece una auditoría forense retroactiva de los últimos 30 años, es la que maneja la basura y en esa auditoría se demostrará que la desidia es provocada por la corrupción y las denuncias que sí han aflorado, pero nadie ha respondido hasta ahora”.

Aunque no puedo estar más de acuerdo con esta aseveración, es evidente que la Autoridad de Aseo debe redoblar el esfuerzo por cumplir con su misión de “manejo y gestión integral de los residuos sólidos, a la vez que fomenta el desarrollo social, económico y ambiental a partir de la prevención y el control de la contaminación...”; debo subrayar con igual o mayor fuerza que, los habitantes de la ciudad de Panamá somos los principales causantes de que la basura se haya tomado las calles de nuestra ciudad.

Por un lado, queremos vivir en una ciudad que sea una “tacita de oro”; con una Autoridad de Aseo que brinde (pero no lo hace), como reza su Misión, “servicios de recolección y disposición final de residuos sólidos de forma eficiente, con miras a proteger la salud pública, velar por la conservación del ambiente y el aprovechamiento de los desechos...”.

Pero al mismo tiempo, botamos cualquier clase de desechos en calles, veredas y ríos. Nos limitamos a esperar que vengan los de la Autoridad de Aseo y recojan todas las porquerías que arrojamos. Y, como eso no ocurre con la frecuencia debida, sobre todo en los barrios menos favorecidos, la basura se acumula, convirtiéndose en criadero de alimañas y fuente de enfermedades. Paradójicamente, hacemos poco o nada a nivel individual, familiar y comunitario por remediar esta situación. Esperamos que sea la Autoridad de Aseo la que se encargue de resolver el problema que producimos. Perdemos de vista que es un asunto de todos, por lo que le dedico el resto de esta glosa a examinar algunas opciones que nos ayuden a enfrentar con éxito este problema de salud pública.

Para comenzar, es obligatorio desarrollar una educación ambiental dirigida a crear en la población las competencias necesarias para participar en la gestión de tres procesos fundamentales: un consumo responsable que tenga en cuenta, además del precio y la calidad, las características sociales y laborales de su producción y las consecuencias ambientales posteriores; por otro lado, las familias pueden minimizar los residuos cambiando sus hábitos de consumo rechazando aquellos envases que les resultan inútiles, recuperando o reutilizando materiales y ayudando al reciclaje de otros; finalmente, los integrantes de la comunidad deben separar una o varias de las distintas fracciones de residuos que generan en el mismo lugar de producción (domicilios, escuelas, negocios e industrias, entre otros), evitando de esta manera que se conviertan en basura.

En este sentido, la ciudanía responsable, aprovechando el espacio de diálogo propiciado por el Pacto el Bicentenario, destacó el impacto que tienen para la salud pública los desechos sólidos, líquidos y gaseosos, y subrayó, en el correspondiente acuerdo, la necesidad de implementar cuanto antes un plan educativo para la concientización y participación de la población en temas de manejo, disposición y reciclaje de los desechos sólidos y residuos; crear e implementar una estrategia nacional de disposición de residuos, aprobada mediante ley, que comprenda todos los aspectos relacionados con el buen manejo de los desechos, incentive fiscalmente el reciclaje, regule acuerdos con Asociación Público-Privada para el establecimiento de centros de procesamiento de la basura, modernos y seguros.

No me cabe duda de que este planteamiento ciudadano está plenamente justificado, pues le corresponde a las instituciones públicas y privadas llevar a cabo los procesos señalados en lo que llevamos de este artículo, y la población debe velar por el cumplimiento cabal de estas responsabilidades.

Pero… ¿y nosotros qué hacemos para colaborar? En honor a la verdad debo reconocer que hacemos poco o nada. Lo nuestro, como he señalado antes, es consumir y desechar basura, como lo ratifica el hecho de que cada panameño genera alrededor de 1.6 kg de residuos diariamente y, la mayoría, no se ocupa de reducir, reutilizar y reciclar esos desechos, como proponía un programa de la pasada gestión municipal.

“[...] la ciudanía responsable, [...], destacó el impacto que tienen para la salud pública los desechos sólidos, líquidos y gaseosos, y subrayó, [...], la necesidad de implementar [...] un plan educativo [...]”

Pero esto no tiene por qué ser así, debe y puede mejorar con una adecuada y efectiva participación de la comunidad (incluidas las ONG) en el manejo integral de los residuos sólidos, incluyendo, claro está, la vigilancia del buen funcionamiento de los programas del Gobierno y una prestación de servicios más eficiente.

Lo primero que tenemos que hacer es cambiar nuestra cultura de “juegavivo” y “no me importa”, y aportar responsablemente nuestro grano de arena gestionando nuestra basura doméstica de forma ordenada, eficiente y limpia. A partir de eso nos ganamos el derecho a protestar y asumimos el deber de participar en la vigilancia del buen funcionamiento de los programas del Gobierno, y una prestación de servicios más eficiente.

Tenemos la palabra todos juntos, Gobierno, organizaciones, población, para avanzar en el logro de un Panamá sin contaminación.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).