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27 de Jun de 2022

Columnistas

La heroicidad diaria de Ucrania, país mártir

Bombardear a mansalva edificios civiles, hospitales, escuelas, refugios, es un crimen de lesa humanidad que no debe dejarse pasar sin castigo

Hay que ser muy cínico, y por tanto descarado, para considerar que las masacres diarias realizadas en Ucrania por el agresivo instinto criminal de Putin, se pueden justificar con añejas alusiones históricas y culturales superadas por la realidad actual y los auténticos deseos libertarios de los pueblos. Solo hay que ver los tétricos videos que circulan, las fotografías descarnadas, escuchar las entrevistas lastimeras realizadas a las víctimas, leer los reportajes certeros de corresponsales extranjeros, para concluir que el presidente de la Federación Rusa es no solo un criminal de guerra (que como es sabido tuvo su entrenamiento ideológico y de sistemática represión a los disidentes en la antigua KGB soviética), sino un esquizofrénico despiadado y peligroso para el resto de la humanidad con sus amenazas constantes de empleo de armas nucleares, por su facilidad para mentir, o a ratos por lo contrario: su maniática sinceridad en lo que él considera verdades inamovibles. En otras épocas, en el Panamá populachero hubiéramos dicho: “Al tipo hay que pararle el happy”.

Bombardear a mansalva edificios civiles, hospitales, escuelas, refugios, es un crimen de lesa humanidad que no debe dejarse pasar sin castigo. Miles de civiles han sido fríamente masacrados en las calles de la altiva Ucrania actual del presidente Zelenski, incluso en sus propias casas. Hay hambre y una pavorosa desolación en las calles. Varios millones de personas se han visto obligados a huir de ese infierno que no pocos ucranianos insisten en defender valientemente a diario. Sin duda la heroicidad de ese país mártir es digna de encomio; y de oprobio permanente la insistencia del déspota ruso en destruir lo que no puede ser suyo porque los valientes ucranianos no lo permiten…

¿Que los bravos combatientes de Ucrania reciben apoyo económico y en armas de otros países amigos de Occidente? Por supuesto, ¿qué esperaban? Habría que ser de una insensibilidad rayana en la estupidez para simplemente fingir demencia, mirar a otro lado “como si la cosa no fuera conmigo”. Cuando veas las barbas del vecino arder, pon las tuyas en remojo. La historia de la humanidad ha demostrado una y otra vez que la ambición desmedida no tiene límites; que todo se puede duélale a quien le duela (como en la política panameña).

Si como se rumora, Finlandia y Suecia, países neutrales hasta ahora, deciden darle vigencia pronta a su deseo reciente de querer formar parte de la OTAN para fortalecer su amenazada seguridad, pues muy su derecho. La OTAN ya ha señalado que de mil amores los admiten. No tienen que pedirle permiso a nadie. Incluso la mismísima Ucrania, que desde hace años es un país independiente codiciado por los extremistas rusos, debería tener ese derecho, como país soberano que es. Al defenderse a diario de la agresión lo pone de manifiesto con creces, con enorme valentía. Lo cual, en lo personal, me causa gran admiración.

¡Qué fácil olvidar los tristes tiempos cuando la Rusia comunista se fue anexando por la fuerza y mediante el enfermizo rigor de su ideología deshumanizada a los países que luego habrían de formar parte de la tristemente célebre Unión Soviética, formada por 15 repúblicas, entre ellas Letonia, Lituania, Moldavia, Estonia y Azerbaiyán, para solo mencionar varios de los nombres más fáciles de pronunciar. Un imperio inmenso aquel, cuyos líderes fueron el cruel ideólogo Vladimir Lenin y luego Stalin, quien mandó asesinar a miles de compatriotas disidentes, hechos denunciados valientemente por el gran novelista ruso Alexander Solzhenitsyn (?1918-2008?), Premio Nobel de Literatura 1970 por su obra monumental “Archipiélago de Gulag”, que circuló por años en la clandestinidad hasta que fue publicada en París en 1973.

Y como es sabido, los soviéticos además sometieron a otros países como Polonia, Checoslovaquia y Alemania Oriental, hasta que se fueron liberando del oprobioso yugo que los atenazaba y alcanzaron su auténtica independencia para ser hoy naciones dignas altamente respetadas. Es importante aclarar que en realidad fue la existencia durante 69 años de la Unión Soviética la principal razón de ser de la creación de la OTAN como un necesario organismo internacional de defensa, que por suerte hoy subsiste más fuerte y mejor organizada que nunca, duélale a quien le duela.

Si Ucrania sucumbe ante los planes imperiales de Putin, no hay razón valedera para pensar que ahí se detendrá su enfermiza ambición de poder. Es sabido -la experiencia histórica lo demuestra- que los dictadores no cambian, no aprenden, solo se envilecen más con diversos pretextos. Su sed de expansión y dominio son insaciables. Y si eso llegara a suceder, y si sobre todo se intentara disuadir a la noble Finlandia mediante la fuerza a no unirse a la OTAN, o de retractarse en su intención, el mundo estará en gravísimo riesgo de guerra mundial porque sin duda los principales aliados europeos liderados desde el continente americano por los belicosos militares de los Estados Unidos -que de santos no tienen nada-, contraatacarán jugándose el todo por el todo, mientras el resto del mundo se crispa.

Cuentista, poeta, ensayista, promotor cultural