• 08/02/2026 00:00

El paradigma del ‘chinese economy’ en la Hacienda Pública Venezolana

El presente análisis explora la transición de la gestión fiscal venezolana hacia un modelo de opacidad y dependencia externa, simbolizado en la narrativa pública bajo el pseudónimo de “Delcy Ping”. Se examina cómo el “pragmatismo” de la reforma china ha sido reinterpretado en Venezuela para justificar un endeudamiento vinculado que compromete la autonomía del Tesoro Nacional.

El espejo de Deng Xiaoping: Pragmatismo vs. Realidad

En el imaginario político actual, el apodo “Delcy Ping” evoca —quizás de forma irónica— la figura de Deng Xiaoping, el arquitecto de la reforma china de 1978. La máxima de Deng, “No importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones”, marcó un giro radical hacia la “Reforma y Apertura”, introduciendo mecanismos de mercado en un sistema centralizado y creando las Zonas Económicas Especiales (ZEE). Sin embargo, mientras en China este pragmatismo sacó a millones de la pobreza, en Venezuela el modelo ha derivado en un isomorfismo institucional: la adopción estética de las Zonas Económicas, pero bajo un esquema de centralización rígida y sustitución de los controles democráticos de la Hacienda Pública por estructuras paralelas de financiamiento.

La Hacienda Pública como garantía de pago

Uno de los puntos de inflexión de la actual administración es la metamorfosis de la Hacienda Pública en una garantía colateral. Bajo la retórica de la “soberanía financiera”, se ha consolidado un esquema de préstamos a cambio de materias primas (petróleo y minerales), técnica conocida en economía política como endeudamiento vinculado.

Este modelo no solo compromete la capacidad de maniobra de futuros ejercicios fiscales, al pre-asignar ingresos ordinarios al servicio de la deuda con potencias asiáticas, sino que genera una dicotomía externa: la apertura selectiva de mercados de hidrocarburos y gas natural hacia potencias como Estados Unidos, mientras la estructura de costos y beneficios permanece bajo un velo de confidencialidad estatal.

El dilema venezolano en el siglo XXI no reside únicamente en quién ostenta el poder ejecutivo, sino en los términos bajo los cuales se ha hipotecado la estructura fiscal de la nación. La sostenibilidad de este paradigma depende, en última instancia, de la voluntad geopolítica de terceros países.

El mayor desafío para la verdadera autonomía del Estado no es solo la recuperación económica, sino la restitución del carácter público y transparente de su Tesoro Nacional ante una estructura que hoy parece más una sucursal financiera que una república soberana. A modo de conclusión. Será que es el próximo modelo a implementar en Hispanoamérica.

Lo Nuevo