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30 de Jun de 2022

Columnistas

La venganza microbiana

El ser humano, a través del tiempo, ha sido irresponsablemente indiferente a las continuas advertencias sobre el impacto de la variabilidad climática y de la devastación ambiental en el surgimiento, cada vez más frecuente, de brotes, epidemias y pandemias de enfermedades infecciosas en el planeta.

El ser humano, a través del tiempo, ha sido irresponsablemente indiferente a las continuas advertencias sobre el impacto de la variabilidad climática y de la devastación ambiental en el surgimiento, cada vez más frecuente, de brotes, epidemias y pandemias de enfermedades infecciosas en el planeta. Ensuciamos ríos, lagos y océanos, destruimos bosques, contaminamos el entorno, construimos en pantanos, urbanizamos en hábitats de animales e insectos, traficamos y comemos fauna exótica, provocamos migraciones masivas de personas por conflictos bélicos, políticos o religiosos, y ponemos en cautiverio en casas, circos o parques de atracción a especies del ámbito silvestre. La vasta mayoría de los microbios que nos afectan de novo procede del “salto” zoonótico y de vectores portadores. Otras causas de emergencia o reemergencia de patógenos incluyen el uso indiscriminado de antibióticos (lo que favorece la resistencia bacteriana), el activismo antivacunas (que afecta las coberturas globales de inmunización) y, ocasionalmente, el terrorismo biológico.

Muchas infecciones ocurren diariamente en el mundo, captadas y notificadas a través de las herramientas epidemiológicas de numerosas instituciones científicas. Las redes sociales se han encargado de visibilizar en tiempo real dichas ocurrencias, tanto al personal sanitario como al público en general. La pandemia del SARS-CoV-2 ha contribuido, para bien y para mal, a que la gente se entere de los microbios que habitualmente causan enfermedad en las poblaciones de todos los continentes. Sin una adecuada preparación académica, la ignorancia y la manipulación resultantes provocan desinformación y pánico innecesario. Tan solo en el año 2022, una plétora de brotes infecciosos, usualmente abortados rápidamente por estrategias de salud pública, ha ocurrido globalmente: influenza aviar (H5N1, H3N8), poliomielitis, leishmaniasis, tripanosomiasis, rabia, MERS, ántrax, fiebre de Lassa, anisakiasis, brucelosis, tifoidea, hepatitis E, cólera, botulismo, dengue, difteria, malaria, chikungunya, encefalitis japonesa, sarampión, peste, plaga bubónica, hantavirus, legionelosis, meningococcemia, ébola, salmonelosis, shigelosis, úlcera de Buruli, encefalitis por virus Powassan, diarrea por norovirus, enfermedad de Lyme, tuberculosis, leptospirosis, tifus, criptosporidiosis, trichinelosis, tularemia, fiebre amarilla, encefalitis por virus del Nilo, enfermedad por virus Nipah, etc. Los esporádicos casos se reportan a la OMS desde diversas áreas geográficas. Por ahora, solo dos infecciones están siendo monitoreadas intensamente por su potencial diseminación entre territorios: la hepatitis de causa incierta (adenovirus y/o SARS-CoV-2 como agentes causales), ya comentada en mi columna previa, y la viruela del mono (ortopoxvirus), de actual preocupación.

La viruela símica fue identificada por primera vez en 1958, en un laboratorio de investigación de Dinamarca, y confirmada después como enfermedad endémica en monos y humanos en el continente africano, transmitida por roedores. Brotes de infección han acontecido en Nigeria y República Democrática del Congo desde 1970. En 2003, unas 70 personas se enfermaron en Estados Unidos (Illinois) por la importación de ratas y lirones infectados desde Gambia y Ghana, con la subsecuente transmisión a perros domésticos. Dos cepas han sido caracterizadas, una que circula en África Central y otra en África occidental con letalidades cercanas al 10% y 1%, respectivamente. Esta última es la que se ha identificado en los más de 300 casos recientemente reportados en Europa y Norteamérica, sin ningún fallecido a la fecha. Las razones para la propagación del virus fuera de la región africana incluyen el tráfico aéreo o marítimo de personas y animales a otros lugares y la pérdida de inmunidad poblacional a la viruela humana (virus relacionado) al descontinuar la vacunación hace más de 40 años debido a su erradicación. No se descarta la adquisición de mutaciones en el genoma viral a lo largo de las últimas décadas, propiciando una mejor adaptación al ser humano.

Por varias razones, es improbable que este brote de viruela cause un problema de salud pública a nivel global, tal y como sucede con los virus respiratorios tradicionales (influenza, VRS, coronavirus). Es un virus ADN (muta muy poco), la forma de contagio entre seres humanos es por contacto íntimo con saliva, secreciones respiratorias, ampollas cutáneas y fómites contaminados por un enfermo (la vía sexual es investigada, pero no ha sido aún comprobada), la transmisión ocurre predominantemente en la fase sintomática (facilita trazabilidad y aislamiento), el diagnóstico es relativamente fácil de realizar, hay disponibilidad de tratamientos antivirales potencialmente efectivos (actividad in vitro y en modelos experimentales), existen vacunas ya aprobadas (vacuna contra viruela humana y otra más específica contra la viruela del mono), el prolongado período de incubación permite iniciar vacunación post-exposición a contactos estrechos y, actualmente, los sistemas de salud están mejor preparados para reaccionar debido a la pandemia. No obstante, la imprevista propagación del coronavirus causante del covid nos obliga a ser cautelosos en cualquier predicción.

Hemos convivido por siglos con una enorme cantidad de virus, la mayoría inofensivos. Debido a esta interacción, el genoma humano contiene múltiples secuencias de ADN viral en su composición. El problema principal, en todo caso, es enfrentar microbios que solo habitan en el organismo de animales selváticos y que nunca han estado en contacto con nosotros, por lo que carecemos de la inmunidad correspondiente. Si proseguimos con el comportamiento ecológico depredador e ignoramos los espacios reservados por la naturaleza para otras formas de vida, la venganza microbiana dejará de ser una película de ficción para transformarse en una lacerante realidad que pondrá en riesgo la existencia de la humanidad. La inteligencia, tristemente, no parece ser una cualidad inherente a nuestra especie. Lo hemos demostrado hasta la saciedad…

Médico e investigador