15 de Ago de 2022

Columnistas

Una combinación peligrosa

La diferencias de las clases sociales es más que evidente. Fracasamos en afianzar las reglas del juego que deberían mantener las instituciones públicas en beneficio de todos los panameños

No creo que para cuando se publique esta columna haya cambios significativos en lo que el gobierno pueda ofrecer para calmar los levantamientos y protestas que se vienen dando alrededor del país. Muchos expertos están opinando desde varias perspectivas sobre los hechos que ya lleva un poco más de dos semanas. Desde sus conocimientos técnicos sobre el tema económico, ofrecen posibles soluciones a las demandas de los que protestan, por lo que, desde mi muy limitado conocimiento sobre estos temas, no veo la necesidad de “meter la cuchara” como señala el dicho.

Lo que si me veo obligado a hacer es repetir unos párrafos de un artículo que escribí hace algunos años y creo que viene mucho al caso: “Jacob August Riis, documentalista y periodista que emigró de Dinamarca a Estados Unidos en 1870, publicó en 1890 un libro titulado  “How the other half lives”  (Como vive la otra mitad), que tenía el objetivo de retratar y hacer del conocimiento de la élite social y adinerada de Nueva York las condiciones de vida de las clase pobre y más necesitadas (generalmente emigrantes) con quienes compartían la ciudad de Nueva York en las postrimerías del siglo XIX.

El título del libro deriva de una frase del escritor galo Francois Rebelais (1494?-1553): “Una mitad del mundo no sabe en qué condiciones vive la otra mitad.” , tan cierto hoy 500 años después, arrinconados aquí en este pequeño espacio pero de espaldas a la realidad de cada cual.  Unos viviendo de la opulencia y el lujo exorbitante y otros comiendo de la basura que la ciudad desechaba. Unos aprovechando los avances tecnológicos de la época, entonces y ahora, los otros viviendo de las sobras y las baratijas que la economía de hoy les ofrece”.

En el caso de hoy es que, si saben cómo viven, pero no les importa y creo que estamos al borde de un levantamiento social que puede amenazar la paz de toda la nación si las correcciones que presenta el gobierno no sean significativas y profundas. Hay un irrespeto marcado en las desigualdades en materia de contención del gasto en estos tiempos de crisis económica. Un irrespeto de décadas en la poca inversión en la educación pública y las estructuras educativas. Un irrespeto en la poca inversión en los servicios de salud. Los que sufren no es la otra mitad de la población, son muchos más.  La clase media que ha visto disminuido considerablemente sus posibilidades de crecimiento social y de bienestar para los suyos. Todo tiene un límite y no veo con qué se podrá salir el gobierno para calmar las protestas y mantener el estatus quo.

Para avanzar en el desarrollo colectivo se debe garantizar, las condiciones de vida de todos, particularmente, la de los más necesitados

Es más que evidente que durante las últimas décadas, hemos fracasado por afianzar las reglas del juego que deberían mantener las instituciones públicas funcionando en beneficio de todos los panameños y todo lo que ello implica. El robo de los dineros del Estado, la falta de justicia y certeza del castigo, la burla y el descaro de muchos personeros de la cosa pública, da cuenta de que no hay ni vergüenza. La gravedad es insostenible y el presente sistema no funciona en la medida en que los bribones y sus representantes legales, encuentren uno o varios subterfugios para eximirlos, no de culpa, sino de las responsabilidades y los castigos establecidos por la ley.

Creo que para avanzar este país por la senda del desarrollo colectivo y garantizar mejores condiciones de vida para todos, particularmente los más necesitados, hace falta una profunda revisión de lo que somos, ante todo como colectivo social. El esfuerzo por adecentar la cosa pública debe ir de la mano con un intento decidido por reordenar el orden social y económico para beneficiar a los más necesitados. Mejorar la educación para permitir oportunidades a todos los sectores y atacar de frente y de una vez por todas la corrupción, aunque sus amigos, copartidarios y familiares estén involucrados.

Eso tomará tiempo, pero hay que comenzar. El asunto es que todo lo que ocurre está enfocado en las elecciones del año 2024 y en ese sentido, nadie se atreverá a tomar decisiones cruciales en esa dirección. No sé cómo terminarán las protestas actuales. Lo que si sé es que hay mucha gente disgustada y que se sienten timadas y abandonadas por el sistema y ese es una combinación muy peligrosa.

Comunicador