14 de Ago de 2022

Columnistas

Un testamento y un hospital: pernos de una historia en construcción

El historiador mexicano Díaz (2022) señala -próximos a cumplirse el centenario del hallazgo- que Cuevas encontró además el “codicillo” o anexo otorgado por Hernán Cortés el mismo día de su muerte el 2 de diciembre de 1547

Mariano Cuevas, emocionado, sentado en un polvoriento sótano, luego de ajustarse las gafas levantó las manos para anunciar radiante que sus esfuerzos se habían visto coronados ya que había hallado el “Testamento y postrera voluntad de Don Hernando de Cortes primero Marqués del Valle de Oaxaca y conquistador de México, otorgado en la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla y en su villa de Castilleja de la Cuesta, en el año 1547”. 

Había empleado tres años en la búsqueda de tan importante legajo en los fardos y resmas correspondientes a los conventos, capellanías, colegios, obispados y arzobispados que habían sido colocados en bodegas del Ministerio de Hacienda como consecuencia de la Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos (1859). Mariano Cuevas, sacerdote jesuita, preparaba una “Historia de la Iglesia de México” y consideraba esencial el testamento de Cortés en su obra. Corría el año 1924.

El historiador mexicano Díaz (2022) señala -próximos a cumplirse el centenario del hallazgo- que Cuevas encontró además el “codicillo” o anexo otorgado por Hernán Cortés el mismo día de su muerte el 2 de diciembre de 1547, hecho que no recogen otros especialistas como Humboldt, Mora (1855) o Lucas Alamán (1844) cuando reseñan el mismo documento notarial.

El testamento de Cortés comprende 64 disposiciones o cláusulas, el mencionado codicilo o “codicillo” y la declaración testimoniada del notario Juan Urraca de Baños, escribano del Rey. Siguiendo a Díaz (2022) el testamento refleja lo que Cortés fue en vida, una actuación “polémica, criticada, envidiada y honrada”. En la novena, en la decimocuarta y en última de las cláusulas dispuso la entrega de cuatro mil ducados (1 ducado equivalía a 375 maravedís) para el Hospital La Limpia Concepción de Nuestra Señora, que es la más antigua de las instituciones hospitalarias del continente americano (Cuevas, 1992, citado por Díaz, 2022). 

No se cuenta con la fecha precisa de su inicio de funcionamiento, pero esa casa de salud ya es mencionada en las Actas del Cabildo de México de 1525; con la donación de millón y medio de maravedíes Cortés se convertía en el principal benefactor de esta obra pía. Algunos investigadores han especulado acerca del por qué de la mención -hasta en tres oportunidades- de esta institución en el testamento, la mayoría parece aceptar que se debió a que ese fue el terreno en que Cortés y el emperador Moctezuma se vieron por primera vez.

En 1663 se cambió el nombre por el “Hospital de Jesús”. El nosocomio albergó también un panteón de jaspe donde reposaron los restos de Cortés -que habían llegado a México al convento de San Francisco a fines de mayo de 1566- entre 1794 y 1823, año en que el monumento que fuera erigido por Manuel Tolsá fue destruido (De Morales, 1797, citado por Cuevas, 1992) por las vicisitudes propias del ambiente revolucionario. El historiador Lucas Alamán resguarda los huesos del Conquistador quedando ocultos por ciento cincuenta años; en 1946, Francisco de la Maza descubre las indicaciones de Alamán, ubica el escondite y la osamenta reposa finalmente en el Templo de Jesús Nazareno, ubicado en el terreno contiguo al hospital.

Los sacerdotes-enfermeros de la Orden San Juan de Dios atendieron el hospital desde 1692 a 1821, sin embargo, su arribo fue accidentado. Destinados inicialmente al Perú fueron derivados en último momento a México. Las nuevas indicaciones los alcanzaron en Panamá, de donde se dirigieron por la costa atlántica de Centroamérica hacia Nueva España (México). Posteriormente establecerían también un hospital en Comayagua (Honduras). Las guerras de independencia obligaron su salida. Impedidos de regresar, sus labores fueron asumidas por cirujanos locales.

En 1930, el Príncipe José Pignatelli, marqués de Oaxaca, patrono del Hospital de Jesús, vende papeles del período virreinal del hospital al coleccionista neoyorquino Rosenbach, conducta que el sacerdote Mariano Cuevas encuentra impropia de un descendiente de Cortés y lo denuncia a las autoridades, motivo por el que el Presidente de la República Pascual Ortiz Rubio expulsó a Pignatelli y trasladó los documentos al Archivo General de la Nación.

¿Cómo llegó el testamento de Cortés a México? El jesuita Cuevas (1925) estima que la copia más antigua de éste data de 1602 como parte de los folios de un Juicio Contencioso (llamado ‘Contradictorio’ en la terminología de la época) entre el Arzobispado de México y Pedro Cortés, nieto del Conquistador sobre, precisamente, el hospital y las rentas para su mantenimiento. Cuevas indica también el hallazgo de dos copias más, idénticas, hechas en 1615 y en 1618 pero el descubridor se detiene allí, dejando la tarea a otros investigadores.

El hospital existe hasta nuestros días y en cuanto a Cortés, en Sevilla, en la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, se encuentran doce lienzos de héroes españoles, pintados a caballo, al natural, y entre ellos está don Hernán, junto a don Pelayo, el Cardenal Cisneros y varios reyes. Tributo a una gesta -aún discutida- que, junto con la de Pizarro en el Perú, transformó el reducido espacio europeo en uno global llevando la imaginación del s. XVI hacia nuevas fronteras.