03 de Oct de 2022

Columnistas

El calentamiento global, hambruna y escasez de agua

Definitivamente que el cambio climático es el mayor reto que tenemos, como panameño y en general el mundo, para este siglo XXI. Se explica el cambio climático por la variación global del clima de la Tierra debido a causas naturales, pero principalmente a la acción humana, que provoca quema de combustibles fósiles, pérdida de bosques y otras actividades derivadas en el ámbito industrial, agrícola y transporte, como consecuencia de una retención del calor del Sol en la atmósfera, conocido como efecto invernadero (produciendo dióxido de carbono, óxido nitroso y metano).

Definitivamente que el cambio climático es el mayor reto que tenemos, como panameño y en general el mundo, para este siglo XXI. Se explica el cambio climático por la variación global del clima de la Tierra debido a causas naturales, pero principalmente a la acción humana, que provoca quema de combustibles fósiles, pérdida de bosques y otras actividades derivadas en el ámbito industrial, agrícola y transporte, como consecuencia de una retención del calor del Sol en la atmósfera, conocido como efecto invernadero (produciendo dióxido de carbono, óxido nitroso y metano). Sus efectos inmediatos son: el aumento de la temperatura media, modificación de los patrones de lluvia, nieve, alza del nivel del mar, reducción de la superficie cubierta por nieves y glaciares, tormentas y sequías, escasez de agua, hambrunas y aumento de las migraciones. Es muy probable que las olas de calor se produzcan con mayor frecuencia y duren más tiempo y las precipitaciones se hagan más intensas y frecuentes.

Otro efecto del cambio climático es la hambruna mundial. Hoy tenemos unos 181 millones de personas en todo el mundo en riesgo de vulnerabilidad extrema, de las que 49 millones están al borde de la hambruna. Aunque se trata de una crisis global y hay poblaciones afectadas en distintas zonas del planeta, la situación es dramática en el Sahel occidental y en el Cuerno de África. Este contexto empeoró con la guerra Rusia-Ucrania, fomentando el alza de los precios de los combustibles y de los alimentos básicos.

Según la ONU y la FAO, el aumento de la demanda de agua será la mayor amenaza para la seguridad alimentaria en el mundo. Las sequías aumentaron la competencia por el agua, hoy hay muchas poblaciones que han reducido el acceso al agua limpia, a las aguas subterráneas y al riego sostenible. Hoy, cerca de 700 millones de personas procedentes de 43 países diferentes sufren escasez de agua, en el 2025, 1.800 millones de personas vivirán en países o regiones con escasez absoluta de agua y dos terceras partes de la población mundial podrían hacerlo en condiciones de estrés hídrico y en el 2030, casi la mitad de la población mundial vivirá en áreas de estrés hídrico.

Para Panamá es obvio que el cambio climático es una dura realidad, nos acostumbramos a tormentas y lluvias intensas, permanente frente frío y onda tropical en la región. La inminente escasez de agua nos afectará en todos los sentidos, especialmente para la operación del canal. El decrecimiento permanente del sector primario nos hace muy dependiente del mercado externo.

Debemos buscar soluciones nacionales y regionales para estos graves problemas. Con políticas serias y efectivas del gobierno debemos enfrentar la contaminación, la pérdida de la biodiversidad, la escasez del agua, el hambre y la pobreza. Debemos construir y fortalecer políticas gubernamentales que nos permitan desarrollar programas de seguridad y soberanía alimentaria. Hay que saber que este dinámico calentamiento global aumenta los riesgos económicos, políticos y sociales del país que seguro se expresaran en las calles impulsando agitaciones sociales y políticas. Hay que adoptar medidas para minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que incluye alternativas con energías renovables. Panamá, Bután y Surinam son los únicos países en todo el mundo cuyos bosques absorben más gases tóxicos de los que emiten por actividades humanas. No queremos llegar a medidas extremas, tal como hizo el gobierno británico (13 agosto de 2022) al declarar el estado de sequía en mayor parte de Inglaterra, golpeada por una ola de calor que azota en buena parte de Europa.

La revolución energética en manos de la ciudadanía es el camino. Con las energías renovables, el ahorro y eficiencia energética, la gestión de la demanda, la integración y la inteligencia, una profunda reforma del sistema eléctrico y del transporte se conseguirá paliar los efectos del cambio climático, generar puestos de trabajo y reducir los costes de electricidad.

El cambio climático ya no es un mito; es una realidad que en la actualidad ningún Estado niega y también se tiene claro que es inevitable. Hacer todo lo posible por frenarlo y sobrevivir a este acontecimiento es la única forma de esperanza y de visionar nuestro futuro.

Economista