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07 de Feb de 2023

Columnistas

¿Vacunas?... Una opinión

“Urge frenar este desatino, revisar lo actuado y corregir el rumbo, antes que sea demasiado tarde...”

Los protagonistas del fraude científico del siglo XXI, entre otros, el Foro Económico Mundial, las grandes corporaciones financieras, la megaindustria farmacéutica, los medios masivos de comunicación, la OMS e instituciones afines, como FDA, CDC, NIH y los Gobiernos, de manera coordinada, sembraron el pánico e impusieron restricciones, para luego anunciar que: la única salvación era “la vacuna”.

El objetivo fundamental de una vacuna es simular la infección asociada al agente causal de una enfermedad infecto-contagiosa, para que quienes la reciban generen una respuesta inmunitaria, sin los efectos o consecuencias propias de dicha enfermedad.

Algunos ignoran aspectos como los siguientes: hasta el presente, el virus no ha sido aislado ni secuenciado; el cuadro gripal, en la mayoría absoluta de los niños pasa desapercibido; para el resto de la población, el porcentaje de letalidad es menos de la mitad de las gripes estacionales de los años previos a “la pandemia”; cada año, por la gripe estacional mueren adultos mayores, sobre todo aquellos con comorbilidades, como diabetes, hipertensión arterial, obesidad, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, etc.; la mayoría de las muertes atribuidas al COVID-19 estuvo relacionada con un manejo intrahospitalario inapropiado, con corticoides, que deprimen la respuesta inmunológica, agentes antivirales nefrotóxicos, causantes de falla renal y edema pulmonar, situaciones en las cuales la ventilación asistida estaba contraindicada.

Además, las autoridades afirmaron que todas las defunciones de pacientes positivos por PCR, prueba inservible por el alto índice de falsos positivos, debían registrarse de COVID. Respecto de “la vacuna”, vale recordar que, sin cumplir los requisitos exigidos para el registro sanitario, se ampararon en la declaración de crisis sanitaria, obteniendo así autorización para uso de emergencia (EUA); pero aparecieron innumerables efectos adversos, que primero negaron y luego dijeron que eran favorables porque “la vacuna” estaba haciendo su trabajo; luego falsearon los datos, censuraron toda disidencia y finalmente cambiaron la definición; ahora, por mandato, las vacunas son: “una preparación que se usa para estimular la respuesta inmunológica del cuerpo contra las enfermedades”.

Con una sola narrativa, las autoridades y los medios, aseguraron que si te la aplican, no te daba el COVID y además, no transmitirías la enfermedad. Con grandes anuncios proclamaron que eran eficaces y seguras; pero no fue así, dichas “vacunas” no cumplieron las expectativas propuestas, ni previenen la infección ni impiden su transmisión y sobre todo, lejos de ser seguras, implican alto riesgo de daños a la salud; sin embargo continúan promoviendo las dosis de refuerzo.

A las muertes súbitas, los infartos, las trombosis y los fenómenos hemorrágicos cerebrales, les atribuyen múltiples causas, excepto su relación con “la vacuna”. No obstante que los efectos adversos, reportados al Sistema de Registro del CDC, en EUA, superan todos los informes realizados en los 30 años anteriores. El 24 de octubre 2022, el CDC extendió, nuevamente, hasta el 11 de enero del 2023, la declaración de emergencia de salud pública por el COVID; de modo que aquí los cómplices de la trama y algunos apóstatas de la medicina siguen promoviendo la inoculación, incluyendo a los menores de edad, lo cual es una infamia, porque los exponen al alto riesgo de alterar la competencia de su sistema inmunológico. Urge frenar este desatino, revisar lo actuado y corregir el rumbo, antes que sea demasiado tarde... ¿Usted qué opina?

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