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28 de Ene de 2023

Columnistas

Impacto de las enfermedades no transmisibles en Panamá

“[...] estamos obligados a avanzar en la transformación de nuestro sistema de salud para alcanzar la cobertura universal de salud con un nuevo modelo de atención basado en la Atención Primaria de Salud [...]”

Nuevamente me refiero en esta columna al impacto de las enfermedades no transmisibles en nuestro país, reiterando la urgencia de que el Gobierno, empresarios, sociedad y aspirantes a cargos de elección popular enfrenten juntos y de manera coordinada nuestro principal problema de salud pública, con la finalidad de promover efectivamente la salud, el bienestar y las posibilidades de un desarrollo pleno de la población panameña.

Para poner en perspectiva la magnitud de la prevalencia de estos padecimientos y poner de relieve la necesidad de insistir sistemáticamente sobre este tema, consideremos la información oficial que nos ofrece el Instituto Nacional de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República.

En los últimos cinco años, las enfermedades no transmisibles causaron 70 840 defunciones en Panamá, equivalente al 63 % del total de las 112 746 defunciones en el país. De ellas, las enfermedades del sistema circulatorio (principalmente hipertensión, infartos y enfermedades cerebrovasculares), los tumores y la diabetes ocasionaron 57 290 muertes.

Como si fuera poco el sufrimiento causado por la pérdida de vidas, los costos exorbitantes de la atención de estas enfermedades, incluido el tratamiento, que a menudo es largo y costoso, junto con la pérdida de ingresos, suman cada año a miles de panameños en la pobreza, frenando el avance hacia el Desarrollo Sostenible en nuestro país.

Lo más triste de este panorama es que, las enfermedades no transmisibles son causadas por cuatro principales factores modificables de riesgo: el tabaquismo, el régimen alimentario poco saludable, el sedentarismo y el consumo nocivo de alcohol. Además, de acuerdo con la OMS, si se eliminaran estos cuatro factores de riesgo conductuales principales, se calcula que se podría prevenir el 80 % de las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares, los casos de diabetes de tipo 2, y más del 40 % de los cánceres.

Sin embargo _a pesar de conocer cuáles son las políticas y soluciones necesarias, y tener las estructuras, los recursos físicos, humanos y financieros_ los panameños no estamos reduciendo la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mediante la prevención, detección temprana y el tratamiento oportuno. No hay excusa para la inacción, pues las enfermedades no transmisibles se pueden prevenir y controlar con la intervención de diferentes sectores públicos, privados y la sociedad.

Para comenzar, estamos obligados a avanzar en la transformación de nuestro sistema de salud para alcanzar la cobertura universal de salud con un nuevo modelo de atención basado en la Atención Primaria de Salud, a fin de que nuestro sistema nacional de salud _ público y privado_ pueda llevar a cabo de manera eficiente y sistemática la promoción de la salud, detección y tratamiento oportuno y continuo de las personas que padecen enfermedades no transmisibles. No menos importante será rescatar el Fondo de Pensiones de nuestra CSS, a fin de garantizar la justa y permanente protección social de nuestros 600 000 adultos mayores garantizando su salud integral y bienestar.

Por otro lado, es obligatorio el abordaje intersectorial de los determinantes sociales subyacentes, pues explican la mayor parte de las inequidades sanitarias y los principales factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles, que van más allá del sector de la salud. Especial atención merecen los determinantes políticos y comerciales de la salud, así como una efectiva estrategia de comunicación social.

Los determinantes políticos, porque tienen el mayor impacto y alcance sobre las condiciones de vida y salud de la población, pues, cualquier política, normativa y práctica que surja de los poderes del Estado, producto de la orientación política de los líderes, tendrá un impacto directo -positivo o negativo- en la salud y el bienestar de la ciudadanía.

En relación a los determinantes comerciales, señalan los expertos que, “la influencia corporativa se ejerce a través de cuatro canales: marketing, que mejora la deseabilidad y aceptabilidad de los productos insalubres; cabildeo, que puede obstaculizar las barreras políticas como el empaquetado genérico y la edad mínima para beber; estrategias de responsabilidad social empresarial, que pueden desviar la atención y encubrir reputaciones empañadas; y extensas cadenas de suministro, que amplifican la influencia de la empresa en todo el mundo. En ese sentido, los determinantes comerciales de la salud constituyen ellos mismos los factores de riesgo ambientales y conductuales más importantes en la producción de las enfermedades no transmisibles, y, por ende, grandes pérdidas económicas y sufrimiento en las familias y sociedad en general.

No menos importante es la efectiva y renovada comunicación social para aumentar la conciencia pública y política, la comprensión y la práctica sobre la prevención y el control de las ENT, a fin de integrar la prevención y control de estas dolencias en la agenda social y de desarrollo, y en las estrategias de alivio de la pobreza y desarrollo nacional promovidas tanto desde el sector público como del empresarial con amplia participación social.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).