• 03/11/2015 01:00

3 de Noviembre entre nostalgias y consensos

En una fecha de profundo contenido para Colombia y Panamá, donde se mezclan sentimientos de nostalgia y celebración, nos invita a reflexionar. 

En una fecha de profundo contenido para Colombia y Panamá, donde se mezclan sentimientos de nostalgia y celebración, nos invita a reflexionar. Los acontecimientos históricos que marcaron la separación de Panamá, encontramos tres visiones: la de Colombia, expresada por el expresidente Alfonso López Michelsen, quien habría señalado: ‘A Theodore Roosevelt la humanidad le debe la construcción del Canal, pero Panamá le debe su condición de República independiente ', un sentimiento del despojo a su soberanía nacional, apetitos voraces de una separación fraguada por intereses de construir un canal; la de Panamá, sustentada en una legítima aspiración de tomar distancia de un país violento, cuyo centralismo había erosionado su institucionalidad y la de EE.UU. en controlar el estratégico Istmo para asegurar su expansionismo y sus intereses nacionales.

Una de las características dominantes en las tradicionales relaciones colombo-panameñas es la percepción equivocada de las debilidades que persisten en su antiguo departamento respecto a Colombia, que con una extensión territorial de 1 138 910 km cuadrados es 15 veces más grande que Panamá, y que tiene 12 veces más su población, pero que tiene su condición de Estado independiente y soberano, sin tutelajes externos. Esta carga emocional de nostalgia ha generado un pobre conocimiento que impide un paso al desarrollo y al fortalecimiento de la confianza en el esfuerzo de entendimiento y cooperación.

Nuestra vivencia como Departamento de Colombia por 82 años, dentro de los cuales se dieron cuatro intentos de separación que reafirmaron la identidad nacional por encima de los factores externos, circunstancias y conspiraciones que gravitaron en la separación y; 112 años después ambos países tienen una agenda en el ámbito de seguridad fronteriza, tráfico de indocumentados, drogas y armas. Pero también hay que reconocer que Panamá ha absorbido inversión directa del vecino país en industrias emblemáticas, como las lácteas, café, cervecerías y administración de empresas sanitarias y de transporte.

La agenda bilateral con Colombia pasa por la complementariedad económica e integración comercial, cooperación, controles de flujos migratorios y cooperación en el desarrollo fronterizo. Con 20 frecuencias de vuelos diarios se denota un intenso e incontrolable flujo migratorio desde ciudades colombianas, lo que podría generar el desplazamiento laboral local, hacinamientos, insuficiencias en servicios de salud y educación en un país que no tiene recursos ilimitados. Por otra parte, hay que ponerle acento a temas pendientes, como: los efectos de la delimitación marítima entre Nicaragua y Colombia en relación a los derechos soberanos de Costa Rica y Panamá a los recursos de su Plataforma Continental y la Zona Económica Exclusiva; el Tratado de Cumplimiento de Condenas que ha dejado de funcionar unilateralmente, y la demanda ante la OMC por la aplicación de aranceles mixtos que afectan las reexportaciones de la Zona Libre de Colón, que condiciona la ratificación por Panamá del Tratado de Libre Comercio (TLC).

No es nada fácil que sin ejército se pueda administrar la presión migratoria de un país fronterizo superpoblado sobre una frontera porosa con proyectos de una interconexión eléctrica que podría amenazar la biodiversidad del Tapón del Darién. Mientras que las comisiones mixtas intergubernamentales tienen por delante la reubicación de hitos y la retoma de proyectos de integración fronteriza con un desarrollo sostenible protegiendo la biodiversidad. Una política de interrelación con el vecino país contribuirá a consolidar la posición de Panamá con la posibilidad de lograr una articulación de los procesos de complementación económica, de integración física, energética y comercial, en condiciones de convertir al país en un centro del equilibrio regional y vecinal.

En ese contexto, Panamá, bajo una perspectiva del desarrollo humano, precisa intensificar las agendas bilaterales con estos países fronterizos, poniendo en ejecución los instrumentos de cooperación judicial para erradicar las drogas y delitos conexos, la cooperación económica y los programas de desarrollo fronterizo. Pero también se precisa definir un asunto histórico que ha gravitado en las relaciones con nuestro vecino, cuando el escudo colombiano en su franja inferior mantiene al istmo de Panamá con veleros, significando la soberanía colombiana en costas sobre los océanos Atlántico y Pacífico.

Finalmente en el balance de 112 años entre consensos, no exento de tensiones, ambos países enfrentan retos comunes en el proceso de globalización y la revolución tecnológica, tales como: la lucha contra el narcotráfico, el contrabando de indocumentados y de armas, entre otros. Colombia es un importante socio privilegiado de nuestro desarrollo y, por tanto, sus autoridades deben corresponder a la condescendencia panameña con gestos de reciprocidad, coordinando acciones que aseguren la continuidad de políticas preventivas en materia migratoria, como garantía de que se puede construir un mejor futuro en un obligado e imperioso entendimiento en sus relaciones vecinales.

ABOGADO Y ANALISTA INTERNACIONAL.

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