• 09/11/2014 01:00

Agravio al Colegio Abel Bravo

"Fue en esta histórica estructura que se le dio sentido a la educación secundaria de la provincia de Colón"

El Colegio Abel Bravo fue trasladado al área revertida, propiamente al antiguo Fuerte Gulick, hoy convertido en el residencial José Domingo Espinar. Fundado en la gestión de Ricardo Adolfo de la Guardia por Decreto del 8 de mayo de 1942, fue inaugurado el 26 de junio del mismo año. La institución tuvo un peregrinar que se inició en el edificio de la escuela primaria Porfirio Meléndez entre calle 4, avenidas Central y Meléndez, luego en 1943 se trasladó a las estructuras de la escuela primaria Enrique Geenzier ubicada entre las calles 8 y 9, avenida Meléndez; y en 1948 a los modernos edificios que se construyeron por diligencias del entonces presidente Enrique A. Jiménez.

Fue en esta histórica estructura que se le dio sentido a la educación secundaria de la provincia de Colón y en donde se construyó una mística que llegó a identificarla con la comunidad, a tal punto que se planteó que: ‘Colón es Abel Bravo y Abel Bravo es Colón’. Precisamente, en esas mismas estructuras se formaron: maestros, electricistas, mecánicos electricistas, ebanistas, modistas, secretarias, bachilleres en Ciencias y Letras. Fue la cantera de profesionales que contribuirían con el desarrollo local y nacional. Y, además, brindó el espacio para la creación de un extraordinario movimiento estudiantil con presencial nacional. No obstante, a pesar de las reservas de la sociedad fue mudado a un sector anteriormente ocupado por los norteamericanos, el cual como otros fue reclamado por Panamá como parte de su territorio. Nada mejor que instalarlo en lo que legítimamente era nuestro.

El Abel Bravo se convirtió en el alma de la sociedad colonense, por ello, era menester que al abandonar sus viejos edificios se conservaran como testimonio viviente de lo que fue la más grande obra de la educación provincial. Sin embargo, en un acto criminal, lo que en otrora fue el centro educativo y cultural de la provincia fue atacado y prácticamente acabado con lo que quedaba de los edificios en un afán inentendible por desaparecer lo que antes sirvió. No se consideró la espiritualidad que allí tenía que perdurar, ni los recuerdos que debían mantenerse, tampoco la biblioteca que sirvió de centro cultural y de estudio, siquiera los laboratorios, ni los trofeos obtenidos en justa deportivas, tampoco la dirección ocupadas por excelente docentes, en fin desaparecieron las ‘ruinas’ que admiramos los colonenses.

Lo imperdonable de todo es la desaparición de una esfinge de bronce enmarcada en mármol del estudiante caído, Carlos Mathews, incrustada en una pared y que representaba la memoria de los estudiantes que murieron en la insurrección de Colón del 6 de junio de 1966.

Habría que preguntar: ¿Quién ordenó el saqueo?, ¿dónde está la esfinge del estudiante Carlos Mathews?, ¿quiénes se aprovecharon de los bienes? ¿porqué no se tomaron las providencias para evitar la depredación? y ¿qué plantean frente a esta abominación las autoridades de la Contraloría y el MEDUCA (Ministerio de Educación)?

Quienes acabaron con lo que quedaba del Colegio Abel Bravo, terminaron con ello con una parte de la esencia de Colón.

*DOCENTE UNIVERSITARIO

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