• 22/06/2015 02:00

Suntuosos actos de graduación

De la misma manera el país recibe un recurso humano preparado que ha de coadyuvar en su desarrollo

La finalización de los estudios a los niveles medios y universitarios del sistema educativo, es la expresión del esfuerzo mancomunado de la familia educativa (administrativos, docentes, estudiantes, padres de familia) y pone de relieve —por momentos— la eficacia del sistema desde lo cuantitativo, cuando cifras importantes de discentes terminan los estudios. De la misma manera el país recibe un recurso humano preparado que ha de coadyuvar en su desarrollo.

La distinción y el reconocimiento del empeño de finalización de los estudios se da en un acto público, en donde se le manifiesta a la sociedad, mediante la entrega de diplomas, que quienes lo reciben están en condiciones de incorporarse al mundo laboral. Es decir, con el acto de graduación se legitima públicamente ese estado, de manera que debe estar revestido de toda la formalidad y seriedad.

Las graduaciones son costeadas por quienes se reciben. Las cifras que resultan de esos pagos son astronómicas; es decir, en miles de dólares, que deben cubrir desde fotografías, anuarios, regalos y cenas. Son actos suntuosos, altamente costosos, que deben ser observados con toda la seriedad, puesto que generados en una institución educativa —pública cuando sea el caso—— no pueden ser auditados por la Contraloría General de la República.

Esto produce un debate interesante, puesto que el criterio que se esgrime para que esos fondos no sean susceptible al control y fiscalización por parte de la Contraloría es que la graduación es un acto voluntario que por lo mismo puede no obligar a participar en el mismo y, por otro lado, que los propios graduandos generan sus fondos de graduación. En los niveles superiores del sistema educativo, el gasto por estudiante está en el orden de cientos de dólares, lo que al final arroja altas cifras, haciendo sumamente costoso un acto que debiera estar revestido de sencillez y solemnidad.

Ahora bien, ¿cómo entender que en una institución pública se genere un fondo que es cobrado y administrado por la propia institución no puedan ser fiscalizado por la Contraloría? ¿Cómo entender, además, que los gastos que se hagan en una institución pública se hagan al margen de los procedimientos que rigen la administración pública? Desde luego, no hay posibilidad de tener claridad sobre los usos de los fondos de graduación que deben ser presentados a través de informes claros, cosa que debe hacerse.

En un país como el nuestro, con niveles de pobrezas y problemas económicos, las familias no pueden darse el lujo de disponer de cientos de dólares por estudiante para la graduación y, peor aún, cuando la determinación de los costos pudieran estar en virtud de otros intereses.

De la misma manera que los procesos en el sistema educativo están normados, urge, en el caso de todos los niveles del mismo, regular los actos de graduación para procurar que se conviertan en manifestaciones de verdadero júbilo, de expresiones de gozo por los esfuerzos realizados y de compromiso con la sociedad.

DOCENTE UNIVERSITARIO.

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