• 15/09/2021 00:00

'Adiós, Bebel'

“Mencioné su defunción a un joven y preguntó: “¿quién era Belmondo?”. “Alguien extraordinario de la pantalla”, le contesté. Las generaciones actuales deberían conocer su inmenso legado como artífice de la personificación”

Con estas dos palabras, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, terminó una emotiva despedida que la sociedad y autoridades de su país rindieron al actor Jean Paul Belmondo. Había fallecido días antes a los 88 años y dejó una carrera artística de más de seis décadas, con una extensa y diversa obra teatral y cinematográfica, donde dio vida a los más prolíficos personajes; en ocasiones, imaginarios y también otros históricos.

“Querido Jean Paul, expresó Macron, perderte, hoy, para tantos franceses, es perder a un inmenso actor, un largo momento mágico del cine francés, y una parte de nuestras vidas”. Colegas, personalidades y gran cantidad de seguidores acompañaron el cortejo fúnebre en Los Inválidos en ceremonia; igual que antes, otras fueran dedicadas a escritores, políticos, científicos y figuras sobresalientes de la cultura gala.

Recuerdo haberme escapado en alguna ocasión tras una cinta, de las que se exhibían ciertos días de la semana, en salas como el cine Cecilia, Hispano o Presidente. Así vi Sin Aliento (A bout de souffle), de Jean Luc Godard y basada en una idea de François Truffaut. Narra la historia de un maleante que roba un auto en Marsella, al sur y viaja a París a cobrar un dinero adeudado. Allí trata de recuperar un antiguo amor: Patricia (Jean Seberg).

Historia con una trama simple, que desarrolla un argumento entre detectivesco y romántico, pero desenvuelto con la narrativa que intentaba revolucionar el séptimo arte y denominada por tal razón, “La nueva ola”. Belmondo tuvo la oportunidad de aparecer allí y marcar un modelo que habrían de asumir otros compañeros y una comunidad que llevaría adelante tal propuesta para transformar la filmografía francesa y que influiría en todo el mundo.

Belmondo no se quedó en ese enfoque. Aprovechó su popularidad temprana y dio vida a una extensa variedad de interpretaciones. Georges Sadoul, el historiador, opinaría: “Desde su primer largometraje se afirmó un actor, de tono seco, su ambigüedad, su emoción sardónica, su desenvuelta seguridad, su sentido personal del relato y de un lenguaje muy contemporáneo, pero un poco florido, un estilo de montaje que desafía las reglas...”.

Tras una corta carrera como boxeador, de la que se retiró invicto al notar cómo le cambiaba el rostro y, más tarde, del ejército en donde recibió un culatazo; estudió actuación e intervino en varios cortometrajes y papeles breves de televisión. Apareció en filmes desde 1958 y coincidió con actrices en plena fama como Sofía Loren, Romy Schneider, Jeanne Moreau y directores importantes: Allegret, Lattuada, De Sica, Bolognini, Brook y Sautet.

Temprano, protagonizó dramas con duros papeles que ayudaron a adquirir una experiencia en el séptimo arte; esto llenó más tarde su agenda hasta aparecer en cinco títulos por año y sumar más de noventa películas. ¿Arde París? sobre la guerra, de René Clement; El ladrón de París, de Louis Malle y con Genevieve Bujold, Borsalino, de Jacques Deray con Alain Delon, La sirena del Missisippi de Truffaut con Catherine Deneuve, son algunas.

Pudo alcanzar un perfil de hombre común; lleno de aventuras, risas y peripecias con las que se identificó el pueblo; además, logró forjar profundas sensaciones en proyectos como Los amantes, de Bolognini, aventurero, en Tribulaciones de un chino en China, de De Broca y Policía o capucha, de Lautner; también, clásicos como Cyrano de Bergerac, de Hossein, Los miserables, de Lelouch e Imán de la perdición, basada en la novela de Simenon.

¿Puede alcanzar un artista tal cantidad de encarnaciones, que llegan casi a un centenar? Fue esa su inmensa capacidad. Su público y amigos le llamaron cariñosamente Bebel. Mencioné su defunción a un joven y preguntó: “¿quién era Belmondo?”. “Alguien extraordinario de la pantalla”, le contesté. Las generaciones actuales deberían conocer su inmenso legado como artífice de la personificación.

Periodista
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