• 07/08/2011 02:00

De Beijing a Cantón, una aguja en el pajar

DIPLOMÁTICO Y ESCRITOR.. La Embajada de la RPD de Corea fue de extraordinaria ayuda para ubicar a mi familia en la provincia de Kwantun...

DIPLOMÁTICO Y ESCRITOR.

La Embajada de la RPD de Corea fue de extraordinaria ayuda para ubicar a mi familia en la provincia de Kwantung, de la cual Cantón (Guangzhou), su capital, era y es una de las ciudades más importantes de China. La población del área metropolitana de Cantón es la mayor del país y la segunda más grande del mundo. Fue en Cantón donde empezaron las Guerras del Opio en 1839, una campaña de agresiones europeas, con Gran Bretaña a la cabeza, que ocupó este puerto en 1841 y facilitó el control de vastos territorios por las potencias coloniales. Hasta una insignificante Bélgica y una ridícula Italia se arrastraron, arrimándose al banquete colonial para rumiar las migajas de una Dinastía Manchú decadente e inepta.

El gobierno chino había prohibido la importación de opio, que había sido introducido por Inglaterra desde India en su plan de colonizar el Celeste Imperio, ya que la droga estaba afectando la salud pública. En claro acto de provocación, los ingleses desafiaron la orden e introdujeron un barco a Cantón con un cargamento de la adormidera. Las autoridades de Cantón requisaron la nave y, en acto soberano, quemaron la droga, constituyéndose esta acción en el pretexto para desatar las premeditadas iras del imperio colonial contra China, que fue humillada, destruida y saqueada hasta después de la Guerra de los Boxers y la Política de Puertas Abiertas declarada contra China por Inglaterra y Estados Unidos en 1898. La misma política del opio, como instrumento de dominación, la emplearon los estadounidenses para obligar a más de mil chinos a construir el ferrocarril interoceánico en Panamá entre 1850 y 1855.

Encontrar a la familia Yao con una escritura en caracteres chinos sobre una servilleta era, en el año 1975, como buscar una aguja en un pajar, porque mis parientes no vivían en la capital de la provincia, sino en áreas inaccesibles entonces, en Hocksang, justamente donde había nacido Wong Kong Yee, el único mártir de nuestra separación de Colombia. Wong Kong Yee aguarda el reconocimiento oficial por parte de historiadores y del gobierno panameño. Pero, además, los Yao son otro grupo étnico entre los 56 de toda China y ¡suman 2.2 millones de habitantes!

Cuando al día siguiente regresamos a la dependencia responsable, nos indicaron que mi familia me estaría aguardando ese mismo día a las seis de la tarde en un hotel de Cantón. Pero entre Beijing, donde me encontraba, y Cantón, hay una diferencia de tres horas en avión, así que teníamos literalmente que volar. No podía creer la velocidad de la respuesta de los chinos, lo que dice mucho de su organización social en 1975. En contraste, traté de imaginarme cuánto tiempo le tomaría al Departamento Nacional de Investigaciones (DENI) ubicar a mi tío Mingo, de Guánico Abajo de Tonosí —que seguramente estaría de cacería en Cerro Hoya, en el Sur de Veraguas— y traérmelo a Las Tablas.

Antes de salir de Beijing, llamé por teléfono al ministro de Relaciones Exteriores de la República Popular China (RPCh), Huang Hua, con quien trabajé mediante autorización del canciller Juan Antonio Tack y del general Omar Torrijos durante los cinco días que duró la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU en Panamá (1973). Huang Hua fue escogido posteriormente presidente del Congreso Nacional de la RPCh. Pero el canciller Huang, que a la sazón no se encontraba en Beijing, me envió un mensaje con un diplomático nuestro en Madrid, de que trató de localizarme a su regreso a Beijing, mas ya yo había partido.

En el avión me acompañaron: intérpretes de Coreano, Mandarín, Cantonés, Inglés y Español. Pero en Cantón nos esperaban otros intérpretes de ‘Puntí’, Hakka, Mandarín y Español. Los intérpretes eran cortesía de la RPD de Corea y de la República Popular China, pero realmente no los necesitaba, porque hablé lo esencial con mi hermana en Inglés. (Continuará)

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