• 20/04/2009 02:00

Educación, más allá de un derecho

El 20 de noviembre de 1959 en la Asamblea General de la ONU se aprueba la Declaración de los Derechos de los Niños. El principio número ...

El 20 de noviembre de 1959 en la Asamblea General de la ONU se aprueba la Declaración de los Derechos de los Niños. El principio número 7 se expresa así: ¿El niño tiene derecho a recibir educación, que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le debe dar educación que favorezca su cultura general y le permita desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social para llegar a ser miembro útil de la sociedad. El niño debe disfrutar de juegos y recreaciones?

Desde esta perspectiva se deben organizar todas las pautas de desarrollo educativo en los países que después, en 1989, secundaron esta declaración con la Convención de los Derechos de los Niños y las Niñas. En pediatría es frecuente encontrarnos con los efectos de la deficiencia de los sistemas educativos públicos en nuestro país y lo más triste es no poder evitar la comparación con el rendimiento de la educación privada, injusto desde cualquier punto de vista.

Así confirmamos la violación flagrante a uno de los derechos fundamentales de los niños en nuestros países tercermundistas, en donde aún no se valora la educación en su debido contexto. Podemos evaluar el desarrollo de una nación por el interés que se le dedica al desarrollo integral de los niños a nivel educativo y de salud, puesto que los niños serán en su adultez el resultado de los esfuerzos de la familia, la sociedad y el Estado. Las crisis social que vivimos tiene muchas aristas y no es sólo económica. Es de orden educativo por programas que no van acordes a las expectativas de avanzada.

Es de orden familiar, al ver cómo la célula básica de la sociedad se desintegra y sumerge en una crisis de valores y de falta de amor, pues el primer lugar donde los niños deben sentirse amados y respetados es en sus hogares. Es de orden social, pues, los ejemplos que perciben nuestros niños a nivel de noticias, TV, entre otros, no son consecuentes ni equivalentes con los valores que deben sustentar, sobre todo con el de la no violencia. El problema se agrava cuando el Estado es ineficiente en la obligación de proporcionar las políticas e infraestructuras educativas que hagan grandes a nuestros niños.

No es posible que las escuela sean vandalizadas por la comunidad y desatendidas por los gobiernos, eso nos dice el poco interés porque nuestros niños avancen. La educación pública en Panamá ha sido evaluada en su ineficacia con el actual deterioro del rendimiento de los niños. Huelgas, educadores mal pagados y desmotivados, contribuyendo así al aumento de la delincuencia por falta de expectativas. Más allá de esto la crisis se acentúa con la influencia de las drogas en las escuelas, la violencia intrafamiliar y la falta de espiritualidad.

Los pedíatras somos testigos de cómo niños, con grandes dones y méritos, que llegarían muy lejos en su desarrollo, se ven frustrados por falta de acciones concretas de los sectores que deben integrar sus acciones y respuestas. Debemos rescatar como padres, como sociedad y Estado las exigencias de este séptimo principio de la Declaración de los Derechos de los Niños, pues salvándolos a ellos el país mejorará de rumbo. El sistema actual amerita un cambio radical que costará sacrificios a todos, pero debemos ser consecuentes y exigir la equiparación de la educación a nivel nacional, para que sea justa para todos los estudiantes, no para unos cuantos privilegiados que pueden asistir a colegios privados.

Al paso que vamos pareciera que el Estado, por desidia o por políticas ocultas, trata de desentenderse de la salud y la educación, con el oscuro afán de privatizar a largo plazo servicios que son deber inherente de los gobiernos.

Como ciudadanos responsables debemos estar atentos para garantizar que nuestros hijos e hijas disfruten de una educación de primera línea, tengamos o no los recursos para enviarlos a escuelas o universidades privadas.

-La autora es pedíatra.anamarismckay@gmail.com

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