Cientos de familiares y amigos se congregaron en la explanada donde se celebró el Festival Nova, lugar de la mayor masacre dentro de la oleada de ataques...
Un gran guerrero, sí, pero Simón Bolívar también destacó por un bagaje cultural amplio, de excelencia y muy atinado en la realización de sus sueños. Abundan las pruebas. Una de ellas se evidenció al bautizar el Congreso de Panamá como anfictiónico. Desde antes de Cristo los griegos así se referían a la liga o asociación de ciudades o pueblos vecinos destinada a la protección o administración de santuarios muy específicos de interés común. Las distintas intervenciones del Libertador, con su verbo, con su pluma o con su espada, siempre apuntaron hacia la construcción de una nación latinoamericana única en contraposición a las más de 20 que hoy conforman esta región del mundo. Resulta un “sacrilegio” encomiar la doctrina del prócer al mismo tiempo que inclinas el torso para que el Goliat del Norte te pisotee y aplaste tu dignidad. Como ya fue dicho: “Sin soberanía nacional, no puede existir anfictionía internacional”.
El sueño de Bolívar hoy es reemplazado por una pesadilla inmersa en la política de seguridad nacional del monstruo al que, precisamente, el Libertador señaló como el azote contra el que había que luchar. Aterrizar en su “patio trasero” era lo que no quería. Reivindicar con honestidad y auténtica fidelidad un evento de este tipo es hacer todo lo contrario de lo actuado por “carambola paso firme”. El orden internacional basado en normas que elogia este gobierno de la “boca para fuera”, en su piel se estrella de frente contra los pasos dados en la esfera de la cooperación internacional. Dos ejemplos: el memorándum de entendimiento y el Escudo de las Américas.
En la página web del Minrex, respecto al bicentenario, se lee: “los Estados concurrentes acordaron tratarse como iguales, con la mismas facultades y obligaciones bajo el Derecho Internacional.” El gobierno sabe que en los ejemplos citados esto no se cumple. Seguimos leyendo: “Aún más, enfatizaron la paz: estipularon la resolución pacífica de conflictos y prohibieron la guerra como medio para resolver desacuerdos...”. Este gobierno sabe que su “aliado” principal ama la intimidación, amenaza para empezar a negociar, se deleita con la sangre ajena, idolatra el bloqueo comercial y las ilegales sanciones económicas. “Carambola paso firme” enaltece en sus documentos “...la inviolabilidad de las fronteras...” y a la vez goza del bombardeo a Caracas, cuna del Libertador.
Además, manifiesta este gobierno “...su voluntad de mantener vigente el legado anfictiónico del Congreso de 1826 y promover la unidad de los pueblos, el gobierno republicano y democrático, y el sistema multilateral...”. Principios barridos por el huracán MAGA. El único legado que mantiene muy vivo este gobierno es el de su impronta empresarial. La unidad de los pueblos no puede alcanzarse dividiendo a la población nacional, apaleando a los sindicatos, judicializando la protesta, ni persiguiendo a quienes piensan diferente. Degollar valores como el debido proceso y la presunción de inocencia, constituye una gran burla al sistema republicano y al Estado de Derecho. Alinearse con el actual adalid de tales desviaciones es compartir su manera de pensar y actuar. Lo mencionado está muy lejos del sueño de Bolívar y, su panegírico por quien camina en la dirección opuesta no es más que una cruel burla contra la vergüenza de los panameños. Nosotros hemos ocupado sitiales destacables en el mapa mundial de la dignidad y la autodeterminación de los pueblos.