Cientos de familiares y amigos se congregaron en la explanada donde se celebró el Festival Nova, lugar de la mayor masacre dentro de la oleada de ataques...
- 19/10/2026 22:54
Azuero: cuando la tierra se mueve, también deben moverse nuestras prioridades
Soy una chitreana que hoy está en la capital, pero que tiene el corazón puesto en su tierra. Porque uno puede alejarse del lugar donde nació, pero nunca deja atrás el amor por esa tierra que lo vio crecer, por su gente, por la convivencia sana, por sus tradiciones y por tantas enseñanzas que terminan formando parte de quien eres.
Azuero es identidad, familia e historia. Por eso, ver lo que hoy ocurre en Herrera y Los Santos duele de una manera difícil de explicar. Y aunque mi reflexión nace de esa conexión particular con Azuero, mi solidaridad alcanza también a las comunidades de Veraguas y Coclé afectadas por este terremoto. Cada familia importa y cada comunidad merece respuestas. Siempre hemos dicho que Azuero es una región pujante, de gente trabajadora, que conoce el valor de la tierra, la agricultura y el esfuerzo honrado.
Cuando pienso en Chitré, recuerdo aquel lema que durante tantos años la identificó: “La ciudad que crece sola”. Quizás esa frase resumía la extraordinaria capacidad emprendedora de su gente. Hace cuarenta o cincuenta años, Chitré contaba con múltiples mueblerías, una fábrica de muebles que generaba empleo, curtiembres, fábrica de embutidos, hoteles de gran calidad y muchos otros negocios que daban vida a su economía. Existía una cultura empresarial que demostraba que, con iniciativa y trabajo, era posible crear oportunidades desde el interior del país. Con el tiempo, muchas de esas empresas desaparecieron y otras intentaron reinventarse.
Mientras tanto, la región enfrentó nuevos desafíos: una dinámica demográfica cambiante, mayores demandas sobre los servicios públicos, una crisis del agua que continúa sin una solución definitiva y una pandemia que golpeó profundamente su actividad económica. Ahora, el terremoto nos enfrenta a una nueva realidad, comprometiendo derechos tan fundamentales como la salud y la vivienda. Esta tragedia no solo ha ocasionado daños materiales y afectado a numerosas familias. También ha puesto en evidencia una realidad de la que llevamos años hablando: no estamos suficientemente preparados para responder de manera integral a una emergencia de esta magnitud.
En un país que habla de modernidad, grandes inversiones, competitividad y desarrollo, debemos preguntarnos por qué todavía nos cuesta construir una visión integral de nuestras vulnerabilidades. No basta con reconocer que el impacto pudo haber sido mayor. Esa reflexión debe impulsarnos a exigirnos más y a actuar mejor de una vez por todas. Necesitamos un verdadero plan nacional de prevención y gestión del riesgo, apoyado en conocimiento científico, tecnología, innovación y las mejores prácticas internacionales.
Un sistema que no se limite a reaccionar ante las tragedias, sino que permita anticipar escenarios, evaluar riesgos, preparar a las comunidades y coordinar eficazmente a las instituciones. Pero hay otra realidad que esta emergencia nos recuerda y golpea brutalmente: la brecha social existe en nuestro país. La gran mayoría de las familias dependen enteramente de la respuesta colectiva para recuperar las condiciones más básicas de una vida digna.
Hay pueblos apartados a los que hoy no se puede acceder y personas que tal vez no mueran por el temblor, sino de hambre si no se les encuentra con prontitud. Vemos personas que duermen en el suelo, rodeados de barro y lodo, sin saber cuantas noches más. Esto es desgarrador. Por eso, Azuero y el interior del país necesita tanto una respuesta inmediata como un plan de recuperación a largo plazo.
Lo urgente es garantizar la continuidad de los servicios médicos en instalaciones seguras, ofrecer alojamiento digno a quienes no pueden regresar a sus viviendas, asegurar el acceso al agua potable, los alimentos y los medicamentos, y brindar atención psicológica a una población profundamente impactada. Detrás de cada vivienda afectada hay años de trabajo, sacrificios, ahorros y sueños que merecen ser reconocidos.
Pero la recuperación no puede terminar cuando pase la emergencia. Necesitamos rehabilitar las viviendas, restablecer los servicios de salud, garantizar el retorno seguro de los estudiantes a las aulas, mantener el acompañamiento psicológico y reactivar la economía regional. Y en ese proceso tenemos que contribuir. Podemos impulsar una iniciativa nacional para comprar productos del interior, apoyar a sus artesanos y emprendedores, consumir en sus comercios y volcarnos a acceder al turismo interno. También podemos buscar mecanismos de apoyo e incentivos para las empresas que mantienen sus operaciones y protegen el empleo, así como convocar a empresarios, profesionales, universidades, organizaciones sociales y autoridades para construir soluciones conjuntas.
La solidaridad debe convertirse en acciones concretas, pero también en planificación y compromiso sostenido. No podemos permitir que, cuando desaparezcan las imágenes de la emergencia de los titulares, se desvanezca también el interés por la recuperación de la región. Quizás este sea el momento de darle un nuevo significado a aquel lema que acompañó a Chitré durante tantos años. “La ciudad que crece sola” representó el empuje de una comunidad que supo abrirse camino gracias al esfuerzo de su gente.
Hoy, sin embargo, sabemos que hay desafíos que no pueden superarse individualmente. La prevención, el agua, la salud, la educación, la vivienda y la recuperación económica requieren una visión compartida. Por eso, me gusta pensar que podemos honrar nuestra historia y, al mismo tiempo, abrir una nueva etapa: Ayer crecimos solos. Hoy nos levantamos juntos. Que esa frase no sea solamente un lema, sino una invitación a convertir la fortaleza individual en una fuerza colectiva. Que aprendamos a unir capacidades, compartir responsabilidades y construir una región más segura, solidaria, próspera y preparada para el futuro.
Hoy sentimos a cada familia que en el interior de nuestro país atraviesa estos días con incertidumbre; en quienes esperan respuestas, en quienes ayudan sin hacer ruido y en quienes, aun enfrentando sus propias dificultades, encuentran fuerzas para tender una mano. Nuestro interior merece mucho más que una respuesta temporal. Merece un compromiso de país. Porque esa tierra que tantas veces ha demostrado que sabe salir adelante con el esfuerzo de su gente no debería tener que hacerlo sola. Que esta vez no sea solamente la tierra la que nos mueva. Que también se muevan nuestras prioridades, nuestra capacidad de organizarnos y nuestra voluntad de construir un mejor futuro para todos y todas. Ayer crecimos solos. Hoy nos levantamos juntos.