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- 19/08/2012 02:00
Las sequías en la región de Azuero
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Agrega La Estrella en Google ↗️En mi memoria aún laten los recuerdos de aquellos parajes, desolados desde entonces, de potreros y ganado, de manos campesinas; de quebradas hoy extintas. En mi niñez, capullo en mano, dimos candela a la tierra para, según suponían los mayores, hacer más eficientes los pastos. La sequía que hoy vive la región de Azuero, que ahonda una zona ya de desgaste, es la campanada del desastre quizás irreversible que le depara al país entero.
Las sequías y las inundaciones, todo el conjunto de problemas ambientales que estamos sufriendo, son los resultados de la devolución inevitable de la naturaleza a escala mundial. En fecha reciente, se dio a conocer el calentamiento de vastas regiones que afecta a Groenlandia (deshielo del 97% de la capa helada, situación nunca antes dada); a Siberia, donde la temperatura ha alcanzado 39º C (que es la más alta de los últimos 170 años); a las grandes planicies de Estados Unidos con severas sequías que inducirán al incremento de los precios de los granos.
Hablamos de cambios profundos en el clima mundial. La Organización Mundial de Meteorología en un estudio del periodo 2000—2010, sobre el clima de 102 países, detectó que se dieron inundaciones en el 63% de las regiones estudiadas; mientras que en el 43%, se produjeron sequías. Las temperaturas siguen en aumento, como también aumenta el nivel de los mares. Estos problemas golpean a los más pobres.
La escasez de agua dulce, a nivel planetario, apunta como uno de grandes desafíos. Lo que vivimos en Azuero no es ajeno a ese problema global que exige especial atención; no retórica, sino política audaz y tratamiento científico del cómo afrontar lo que es una realidad deplorable (ver la destrucción de los humedales).
Los medios de comunicación han mostrado escenas del tétrico panorama en la península. La gravedad guarda parentesco con la indiferencia gubernamental que, históricamente, se ha tenido, sobre todo ante la ausencia de planes de conservación del medio ambiente de la vasta geografía ístmica. Un pequeño espacio terrenal, que testimonia el legado exitoso de la naturaleza, aún se mantiene erguido en el distrito de Macaracas, cercano a la zona de desastre, conocido como el COLMON, donde los árboles, las ardillas, el armadillo, testimonia el museo natural aún conservado.
Para reproducir ese buen ejemplo se requiere de políticas encaminadas a cuidar el medio ambiente. Sin embargo, funcionarios del MIDA han alertado de que ‘no hay un plan concreto’, augurándose, más bien, mayores dificultades ante el pronosticado ingreso del fenómeno ‘El Niño’. El mismo que dejó daños funestos en Venezuela, Ecuador, Paraguay, en fechas recientes. Si bien se ha declarado la región afectada como ‘zona de emergencia’, para garantizar mayores recursos, la gravedad del problema exige de la convocatoria nacional, de la política de Estado, de los esfuerzos ministeriales. A las universidades, con sus expertos, les corresponde un papel propositivo; la comunidad tiene también un rol importante que desempeñar.
Es perentorio que se vuelva la mirada al campo con alternativas para el desarrollo sostenible; hay que volcar financiamiento y tecnología. Se requiere dinero, obtenerlo de los tantos millones concentrados en los alardeados megaproyectos. Hay que revitalizar el campo; que vuelvan a vivir las quebradas (de las catorces existentes, solo una tiene agua); que reaparezcan los árboles y la esperanza de vida en las tierras laboriosas, cuna del folklore nacional.
*DIRECTOR DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS NACIONALES, UP.