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¿Qué hacer cuando la situación es difícil? Uno se siente frustrado y apático ante la crisis que se vive. Nos levantamos cada día como por obligación, no por el placer de tener una nueva oportunidad de vivir, sino que malhumorados porque los gobiernos nos roban las oportunidades.

Ni siquiera exagero. Viendo los números de lo que la corrupción le cuesta a nuestro país podemos fácilmente ver todas las oportunidades de las que nos han privado aquellos que han sido llamados para tomar las riendas del país, y lo hacen, pero no con intereses de Estado, sino como finanzas particulares, a costo de la ciudadanía.

Millones y millones que se van a las cuentas personales de los mismos cuatro bellacos de siempre que, suba o baje el color que sea, siguen parasitando el erario. Nada cambia, y la culpa es de los ciudadanos, por ser tan torpes a la hora de elegir, por no ponerse de acuerdo en contra de la corrupción. Y así nos va.

Buscando ejemplos de cómo prevalecer en situaciones adversas, me quedé mirando el jardín. Me gusta mirar afuera, pues sin importar cómo ande la cosa, después de un rato veo pajaritos, abejas, y un mundo de criaturas y vida que sigue adelante a pesar de los humanos. También percibo una calma, un silencio que permite pensar.

En esta ocasión, en vez de mirar hacia arriba, algo llamó mi atención hacia abajo. Si bien acá, en donde la ciudadanía importa menos que las mascotas capitalinas, no está lloviendo por el menta´o Niño, algo de agüita cayó los últimos días. Resulta impresionante cómo con tan poca agua, con tan poca oportunidad empieza a reverdecer lo que hace unas semanas fuera un suelo duro y seco como el casco de un caballo. Y ese verdecito fue lo que llamó mi atención.

Detallé en lo rápido que nace una plantita que invade rápidamente el suelo. Nadie la siembra, pero siempre aparece. Encima, es difícil de erradicar. Como dije, simplemente aparece y luego es casi imposible erradicarla. Es tan testaruda, que hay que arrancarla a mano para sacarla de raíz.

Si bien me declaro un antiguo enemigo de esta plantita bellaca, hoy la tomo como referencia y como ejemplo a seguir, precisamente en momentos como los que vivimos. La pimientilla me respondió cómo debemos actuar siempre en la vida.

No espera nada de nadie. No demanda atenciones. Aprovecha lo que llega de manera natural, y cuando no hay recursos, de una manera estoica se repliega y aguanta, hasta que se presente la oportunidad. Caramba. Como dije, es una plantita muy bellaca.

Aparte de eso, he notado que si le damos mantenimiento, algo de poda y la dejamos tranquila, ahoga otras malecillas como la “hoja redonda”, y termina pareciendo grama. Y eso es mejor que el casco duro que era el jardín hace un par de semanas. En estos tiempos en donde la nota es que vivimos en Sarigua, viene como anillo al dedo la pimientilla, pues ni siquiera hay que regarla. Solita se cuida y uno solamente debe mantenerla en una altura decente.

No imaginaba verme admirando una plantita que antes me robaba la calma. Pero es que hay mucho que debemos aprender de la pimientilla, especialmente si vivimos en las áreas alejadas del presupuesto de la capital.

Por ejemplo, la pimientilla no se queja de su suerte con respecto al lugar donde vino a salir. Salió donde salió y va a hacer lo que vino a hacer: crecer, y tratar de extender su comunidad. Tampoco se limita cuando ha decidido actuar. No se guarda nada para después. Cuando sale, incluso si el tiempo cambia después para peor, ella da su mejor verde, y se estira rápidamente tratando de alcanzar el sol.

Si bien no me da las gracias cuando la podo, tampoco me guarda rencor, porque a los días, está como si nada, y seguimos amigos.

Debemos aprender a vivir como la pimientilla en nuestras comunidades. No podemos seguir esperando a que los tiempos mejoren, porque nadie tiene el control sobre esos asuntos. Tampoco podemos confiar en que vendrá un “jardinero” bondadoso y nos va a cuidar. Lo que sí podemos hacer es actuar como una comunidad, y apoyar las gestiones internas de colegas pimientillas que tratan de hacer comunidad, y se esfuerzan tal vez un poco más que el resto, en beneficio de todos. Una falsa pimientilla no vive en el jardín, así que poco sabrá de qué es lo mejor para la comunidad local.

Algo vital es el hecho de que cuando sale la primera pimientilla, todas las demás salen a la vez. Ninguna se queda ni se guarda para ver si la cosa va a mejorar.

Es ahora o nunca. Todos juntos. Todos a cubrir el Sarigua de la crisis. Pero todos juntos para que nuestro jardín reverdezca finalmente. Y con optimismo de que la cosa mejorará si todos nos los proponemos. No más “hojas redondas” apáticas que riñan con una comunidad que busca el crecimiento de manera homogénea. Si nos pisan 100 veces, creceremos 101 veces.

Dios nos guíe.

* El autor es ingeniero civil y escritor
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