Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 13/06/2009 02:00
¡Basta de mentiras!
Nunca pasó por mi mente escribir sobre los desechos de la urbe capitalina, pero debido a que la inmundicia campea por todos sus contornos me veo obligado a ocuparme del hecho antes de que quedemos sepultados por toneladas de asquerosidad con dolorosas e inimaginables consecuencias.
Los altos funcionarios encargados de la recolección de los desperdicios generados por los habitantes de la metrópolis panameña, conocida en otros tiempos como la “tacita de oro” por la pulcritud reinante en todos los rincones, aparecen constantemente en los programas mañaneros de la televisión nacional ponderando la efectiva labor a ellos encomendada.
Entre las cuestiones mencionadas y recalcadas por los susodichos señores está la gran mentira de recoger cada dos o tres días la basura depositadas en las puertas, zaguanes, aceras, calles, y avenidas de las diferentes urbanizaciones del área citadina. A pesar de integrar una porción de los incontables testigos de la porquería acumulada, todas las fechas persisten en la falacia de ser sumamente responsables del profiláctico compromiso.
Para muestra basta un botón. En la zona donde resido, Villa Belén de Tocumen, los destartalados camiones recolectores tardan más de una semana en presentarse por el lugar. Y los recipientes, aunque bien cerrados, se cubren de moscas y gusanos, expeliendo olores muy desagradables.
Pero, lo antedicho no es contrariedad solamente de los moradores, a éstos se suman los humildes obreros de la DIMA, quienes sin ninguna protección (guantes, uniformes, capotes para la lluvia, etc.) se fajan de tú a tú con la insoportable pestilencia y los parásitos. El asunto toma negro aspecto en el sector mencionado por estar cercano al aeropuerto internacional. Si no estamos equivocados, existe un reglamento aprobado por todos los países sobre el no permitir muladares próximos a las pistas de aterrizaje; porque provocan la presencia de aves de carroña perjudiciales para el trayecto de las naves nacionales e internacionales. La desidia de los flamantes jefes del aseo municipal terminará cuando ocurra un desastre aéreo o aparezca una mortal enfermedad entre los vecinos tocumeños. Hasta ahí llegará el pocoimporta de los gobernantes del momento, pero será demasiado tarde y sin remedio. ¿Quién pagará las consecuencias de la inercia de los alojados en las oficinas refrigeradas del Estado?
Las vidas humanas truncadas en una catástrofe no se pueden recuperar. Esto lo saben los grandes y asiduos embusteros que salen en las pantallas televisivas, y a quienes se podría tildar de criminales de la peor calaña. Por otra parte, está la disposición de cobrar a los usuarios un ineludible recargo en la tasa de limpieza si se demoran en sus pagos. ¿Quién resarce a los contribuyentes por la constante e inaudita tardanza de la recolección de los desechos? Para esto no hay respuesta.
La molestia pareciera no acabar, pero confiamos ver pronto la solución cuando los nuevos mandatarios empiecen a trabajar , así, resaltado; porque la faena es grande y rendirá beneficios saludables para toda la comunidad. Es una de las tantas maneras de compensar, en lo posible, al panameño por los muchísimos años del calvario de la podredumbre impuesta por dignatarios soberanos del embuste.
Esperamos no terminar defraudados.
-El autor es fotógrafo.opinion@laestrella.com.pa