• 11/11/2014 01:00

Reminiscencias de banquero (bis)

"De todas esas experiencias resalto la gran satisfacción de ser dos veces gerente general de la Caja de Ahorros"

Aprovecho mi espacio de opinión para ilustrar un concepto intelectual en que creo firmemente y que ha guiado mi vida profesional; también, al final, opinar sobre una situación respecto a Italia y Panamá.

No fui educado para ser banquero, estudié Zootecnia, pero terminé dedicando el grueso de mi vida profesional a la rama financiera y bancaria, sigo haciéndolo. Fui banquero casi por accidente, pero tuve la gran fortuna de ingresar inicialmente al Chase Manhattan Bank y recibir una segunda educación en Banca y Finanzas.

Nunca en mis planes de los años mozos figuraba ser banquero. No me lo imaginé, gracias a una beca del Gobierno panameño, asistí a la Universidad de Arkansas, donde obtuve una Maestría en Ciencias Agrícolas con especialización en Nutrición Aviar. Como becario estatal estaba obligado a servir por un periodo determinado con el Ministerio de Agricultura y así lo hice y fui asignado al Instituto Nacional de Agricultura en Divisa.

De Divisa ingresé al Chase Manhattan Bank en 1960 como Técnico Agrícola en el exitoso Programa de Crédito Agrícola iniciado por el Chase en David, mi ciudad natal. De allí el Chase me llevó a trabajar en Trinidad y Tobago, Italia, el Reino Unido, con asignaciones en Noruega, Portugal y Nigeria, a las Islas Vírgenes estadounidenses y finalmente a Chile, donde tomé una jubilación anticipada en 1991.

De regreso en Panamá, inicié una nueva carrera como servidor público, esencialmente en la rama bancaria estatal. De todas esas experiencias resalto la gran satisfacción de ser dos veces gerente general de la Caja de Ahorros, un honor no compartido hasta ahora. Terminé mi carrera de servidor público en el Gobierno de Torrijos como embajador en Italia y las organizaciones de la ONU (tres, siendo FAO la mejor conocida) y embajador concurrente en San Marino, Malta y Turquía. Entre los periodos de Gobiernos amigos, trabajé en la empresa privada local, en la Asociación Bancaria de Panamá y como asesor bancario en Nicaragua y El Salvador.

No pretendo impresionarlos con mi Hoja de Vida, mi propósito es otro. Como digo al inicio, la muestro para ilustrar un concepto en que creo fervientemente. Se basa en el hecho de que considero que el mayor beneficio que se logra de la educación superior no es necesariamente el título o la especialización que se logra, para mí, igualmente y quizá más importante, es adquirir lo que llamo ‘disciplina académica’. Una metodología de estudio e investigación que permite la búsqueda de conocimiento nuevo y encontrar respuestas a lo que no nos es conocido. No sé de Ingeniera Nuclear, pero sé cómo aprender esa ciencia. Uso mi transformación profesional como ejemplo de que, aun proviniendo de una formación profesional totalmente distinta, esa disciplina académica me guió para aprender a ser banquero. Tenemos muchos ejemplos de buenos profesionales en Panamá de igual experiencia, no soy el único.

Ahora sobre Italia. Mi vida ha estado muy asociada con Italia, donde he vivido en dos ocasiones: la primera en los 80 como banquero del Chase, casi finalizando los ‘años de plomo’, aún activas las Brigadas Rojas. Eran tiempos difíciles; teníamos que tomar medidas de protección. También era una época cuando Panamá tenía una mala reputación, generalmente merecida, por el mal comportamiento en el pasado de nuestros funcionarios consulares. Además, las autoridades se quejaban del uso de nuestra bandera en los yates de los ricos, lo que el Gobierno acusaba de ser una medida para ellos evadir impuestos. Nuestra bandera no era bien vista, se consideraba como ‘bandiera d’ombra’ (bandera de conveniencia). Realmente, no éramos bien vistos en el Gobierno y los círculos serios. Estando bajo Gobiernos militares tampoco ayudaba. Así era nuestra situación en Italia en los 80.

Todo lo contrario experimenté en mi segunda estadía, periodo 2005-2009, cuando regresé como diplomático. Los Gobiernos nuestros de la época democrática habían logrado mejorar nuestra imagen. Ya no éramos considerados ‘bandiera d’ombra’. Nuestra reputación creció durante la administración del presidente Torrijos y el canciller Lewis, gracias a lo cual fui distinguido con la Orden de Solidaridad con la República Italiana al grado de Gran Oficial, la más alta condecoración que ofrece Italia a un civil extranjero.

Dicho lo anterior, me temo que con los harto conocidos escándalos nuestros del periodo de Gobierno anterior que involucran a Italia, hemos vuelto a perder imagen en la mente del Gobierno y el pueblo italiano. La nueva representación diplomática tendrá la ardua tarea de volver a lavar nuestra cara. Amanecerá y veremos, como decía mi abuela.

*BANQUERO Y EXDIPLOMÁTICO.

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