- 06/08/2019 02:00
Una estrella en busca de la calidad total de la educación
Hace 40 años se desarrolló en la República de Panamá una gesta social que proponía un giro a la educación del país; con aciertos y desaciertos, al ritmo de la conquista popular, se logra la unificación de todos los sectores educativos.
Maestros y profesores, en posición unísona, coreaban la consigna popular del momento ‘El pueblo unido jamás será vencido', el cual buscaba la unificación y respaldo de una población, sedienta de mejores condiciones, intentando superar obstáculos vivenciados con el Gobierno de turno.
En 1978 se dan los pasos iniciales a las Reformas Educativas, encabezado por Arístides Royo como presidente de la República y el ministro de Educación, Gustavo García de Paredes, no obstante, en junio de 1979 se inician las protestas docentes, liderados por distintas asociaciones de profesores y maestros, resaltando la participación de Marcos Alarcón, Gilberto Solís y Julio Cesar Ortiz, logrando un respaldo de más de 300 000 manifestante.
Transcurrido el proceso de transición, se daba paso a una nueva era formativa, donde se pregonaba la llegada de un Gobierno democrático posinvasión norteamericana. Esta nueva administración vincula a líderes docentes al frente del Ministerio de Educación, dejando la responsabilidad al maestro Alarcón, líder de las luchas docentes de 1979.
La implementación del 6 % del producto interno bruto (PIB), para el funcionamiento del sistema educativo, ha sido una aspiración permanente de los actores educativos, situación esta que ha sido limitada por distintos Gobiernos que llegan al poder cada cinco años.
Las constantes improvisaciones e imposiciones quinquenales, han debilitado el proceso enseñanza-aprendizaje, programas como la educación básica, educación premedia y media, transformación curricular, mi escuela primero, entre otros. Qué decir de la desorganización del sistema, el cual muestra debilidad desde la formación, docente, selección docente, distribución a tiempo de los recursos educativos y administración de centros formativos adecuadamente.
Sumado a esto, podemos resaltar la necesidad de actuar en una sola línea por parte de todos los actores educativos, los cuales debemos hacer los ajustes necesarios para lograr objetivos concretos que mejoren la educación del país. Es necesario dinamizar las acciones gubernamentales, sociales y docentes, simplificar la representatividad de los gremios y hacer cumplir lo establecido en las normas educativas, las cuales plantean entre tantas cosas la formación de un estudiante, capaz de analizar, criticar, reflexionar y hacer las aportaciones pertinentes a la sociedad donde interactúa.
Lo cierto es que la estrella brillará si comprendemos el grado de responsabilidad de cada uno de nosotros, iniciando un proceso de reingeniería que vaya más allá de implementar una acción gubernamental y conquistar aspiraciones docentes de manera aislada. Todo apunta a que con la nueva administración se darán pasos significativos, donde se logre consensuar con todos los actores, de forma tal podamos concluir favorablemente con una Reforma Educativa, que nos lleve a garantizar un país con ciudadanos competitivos, humanizado y sobre todo actualizado con los requerimientos sociales, necesarios para su desarrollo.
DOCENTE UNIVERSITARIO.