• 12/07/2026 00:00

Cambio de mentalidad

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Es urgente comenzar a producir para lograr autosuficiencia alimentaria y generar seguridad nutricional. Para tal propósito, necesitamos un cambio de mentalidad en el tema agropecuario.

Hasta ahora, el sector agro ha estado a la deriva, pegado a la ubre de los subsidios y sin ideas para su modernización. Dar el brinco hacia la reconversión productiva es una prioridad de Estado para aprovechar las oportunidades que representa la apertura a nuevos mercados.

Panamá ha suscrito veintidós tratados de libre comercio y mantiene relaciones con más de 130 países. Por su territorio pasa casi el 7% del comercio mundial y más de 20% del comercio occidental. Durante décadas, diferentes gobiernos han usado el slogan “Hub de las Américas”, pero eso ha quedado en un mero refrán.

Un verdadero “Hub de las Américas” significa mucho más que puertos y pistas de aterrizaje. Consistiría en un centro de clase mundial de servicios logísticos de valor agregado, además de turismo de lujo y de una producción agropecuaria de alto impacto, todo con el objetivo de reducir el desempleo y aumentar el crecimiento económico.

Sin embargo, para llegar a convertirnos en ese “Hub de las Américas”, primero tenemos que cambiar de mentalidad. Hasta ahora, los tratados comerciales han servido para comprar y casi nada para vender, con lo cual hay que cambiar de mentalidad y empezar a ver las oportunidades y planificar sobre cuáles son los rubros que debemos explotar.

Y aquí es donde entra la idea de producir alimentos suficientes para nuestro consumo y para la exportación. Por supuesto hay que organizarnos para decidir y determinar cuáles son los rubros claves para nuestro futuro. Y eso habría que hacerlo en un foro, pero no como los que siempre se hacen donde los participantes van y se sientan, y las autoridades van y hablan cuentos que ni ellos mismos se creen. Se trata de realizar una serie de encuentros multidisciplinarios donde coincidan bajo un mismo techo sector privado, sector gobierno y sector productivo, y con el único propósito de modernizar la economía rural y transformar el agro de cara al año 2050.

No podemos seguir haciendo las mismas cosas y esperando resultados diferentes. Cambiar de mentalidad consiste en pensar para aprovechar las ventajas competitivas y hacer que seamos autosuficientes en alimentos. Cambiar de mentalidad supone entender la coyuntura que somos uno de los tres países del mundo con carbono negativo. Cambiar de mentalidad significa pensar en el Panamá del futuro y no en los intereses personales de los gobernantes de ahora.

Lo que ocurrió recientemente con el proyecto de ley del bioetanol es una vergüenza nacional. Un rubro estratégico que bien administrado crearía decenas de miles de empleos y aumentaría la riqueza de un sector que actualmente está desamparado. Sin embargo, la mezquindad politiquera promovió un debate estéril centrado en personalidades y en el camino se olvidó lo que el país necesitaba. Es lamentable porque Panamá pudiera fácilmente convertirse en un centro regional de producción y distribución de combustibles sostenibles, actualmente en alta demanda debido a que industrias como la aviación buscan llegar a cero emisiones netas de carbono para 2050.

Pudiéramos continuar mencionando otras ideas que benefician al sector agropecuario, pero hay una que no se puede eludir. Y es la creación de una cultura productiva de cara a los retos que afronta el país por la llegada de los niveles de cero aranceles para varios rubros. Una cultura productiva que involucre más transparencia para los incentivos fiscales que otorga el Estado, más transparencia para el acceso al crédito agropecuario y más capacidad para la transferencia de tecnología. Una cultura productiva que permita asumir nuevos retos y planear iniciativas y proyectos que aseguren la modernización del agro.

El problema es que lo que vemos es un agro bajo la tutela de un ministerio como el MIDA que debería cambiar una sola cosa: ¡todo! No solo ordenar la casa y despolitizar a la institución, sino cambiar el enfoque político típico de administraciones anteriores que nombran ministros provenientes de la actividad para que mantengan “tranquilos” a los agricultores. Mientras la edad promedio de los técnicos del MIDA sea de 58 años y no exista un plan de sucesión para su transformación, el país seguirá condenado a un campo atrasado y empobrecido.

No es casualidad que la agricultura haya venido perdiendo importancia relativa en la economía desde mediados del siglo pasado, y especialmente en las últimas décadas. Ha pasado de ser una industria con una balanza comercial positiva a producir déficits. Un reto cada vez más clave dadas las condiciones de precios crecientes de los alimentos a nivel mundial y las perspectivas de escasez, rendimientos estancados y agotamiento de reservas acuíferas.

Ante un desafío de esta magnitud, cambiar de mentalidad implica que, por un lado, se eliminen los subsidios que no funcionan, y que, por otro, los recursos se enfoquen en conseguir semillas de calidad, fertilizantes, suelos adecuadamente tratados, irrigación, equipo, caminos y financiamiento, entre otros. Lo que se busca es la autosuficiencia alimentaria y nutricional, y sobre todo crear un entorno económico para que los que residen en el interior del país no sientan la necesidad de migrar hacia las ciudades.

* El autor es empresario
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