• 15/07/2023 00:00

Centroamérica, Perú y el Tratado de Versalles

El principal corresponsal periodístico latinoamericano que cubrió las extensas jornadas de negociación fue el guatemalteco Enrique Gómez Carrillo cuyas notas, resúmenes y comentarios se leían en Latinoamérica y España

“El 11 de noviembre de 1918 se firmó el “armisticio vagón”, así llamado porque se firmó en un tren en el bosque de Compiègne en Rethondes, entre los alemanes y los aliados, a las cinco de la mañana, con el fin de terminar las hostilidades en el Frente Occidental de la Gran Guerra. A las 11:00 de la mañana, las campanas resonaron en todas las ciudades y pueblos de Francia, en el frente, las cornetas indicaban el alto al fuego” (Roca, 2020).

Los vencedores, deciden celebrar una conferencia en París donde se regularán las condiciones de paz con cada uno de los países derrotados (Veramendi, 2019). Iniciadas las negociaciones que llevarían al Tratado de Versalles del 28 de junio de 1919, los Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña convinieron una reglamentación donde los países fueron clasificados por grupos de interés y por su grado de participación en la contienda. Así, Guatemala, Honduras, Nicaragua estuvieron con las “Potencias beligerantes con intereses de carácter particular y con capacidad para intervenir en los asuntos relacionados con ellos” y en este grupo también estaban Brasil y Cuba. Mientras que el Perú se encontraba con las “Potencias que habían roto relaciones diplomáticas con Alemania” con Ecuador, Bolivia y Uruguay.

El principal corresponsal periodístico latinoamericano que cubrió las extensas jornadas de negociación fue el guatemalteco Enrique Gómez Carrillo cuyas notas, resúmenes y comentarios se leían en Latinoamérica y España. En Lima, Gómez fue conocido por su saga en cinco tomos “Crónicas de Guerra” publicadas entre 1915 y 1922. Y en el mundo del cine, su libro “El misterio de la vida y la muerte de Mata Hari” fue llevado a la pantalla grande bajo el título “Mata Hari”, un “filme alemán (en blanco y negro) dirigido por Friederich Feher e interpretado por la austríaca Magda Sonja y Fritz Kortner realizado en 1927 y estrenado en Guatemala en mayo de 1929 en el cine Capitol” (Gonzáles, 2000, citado por Fernández, 2008)

“A pesar de contextos políticos disímiles, el método comparatista da la oportunidad de observar de qué manera se produjeron convergencias intelectuales inducidas por la situación geopolítica” entre cuatro naciones latinoamericanas (Calmettes, 2020). Los delegados centroamericanos y del Perú firmantes del Tratado de Versalles fueron: por Guatemala, Joaquín Méndez, ministro de Estado de Obras Públicas e Instrucción Pública, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en misión especial en París; por Honduras, Policarpo Bonilla, en misión especial a Washington, expresidente de la República, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario; por Nicaragua, Salvador Chamorro, presidente de la Cámara de Diputados; por Perú, Carlos González de Candamo y Rivero, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en París (The National WWI Museum and Memorial, 2019, citado por Roca, 2020).

Los cuatro delegados actuaron con el pragmatismo que sus respectivas cancillerías les instruyeron teniendo presente que la Gran Guerra había consumido, en una cuota de sangre y dolor, a los hijos centroamericanos y peruanos que habían participado en la contienda como, por ejemplo, los guatemalteco-italianos Cesare Ciani, Francesco Panazza, Vincenzo Loffredo, Pericle Doninelli, Liberale Ferretto, Gustavo Ascani y Dante Nannini (Fernández, 2008; Bourlet, 2009). Tres de esas naciones habían experimentado casi los mismos momentos, habiendo transitado desde la neutralidad hasta el estado de beligerancia y esgrimieron la misma razón: la guerra submarina de 1917 impulsada por el Imperio Alemán las perjudicó y las llevó a radicalizar su posición internacional. En el caso peruano, el hundimiento del “Norton” marcó el punto de inflexión de su relación con los Imperios Centrales y la declaración de ruptura de relaciones diplomáticas con ellos. Las cuatro delegaciones compartían la percepción de que “la conflagración mundial había sido una crisis de la civilización en su conjunto” (Calamettes, 2020).

La experiencia de Versalles les permitió a estos delegados coincidir en ciertas conclusiones que expresaron a sus respectivas capitales: los EEUU son la potencia hegemónica en Latinoamérica; la participación en sociedades de derecho internacional surge como una necesidad; y vaticinan desequilibrios económicos que pueden alterar los regímenes políticos centro y sudamericanos.

En el Tratado, que entró en vigor el 10 de enero de 1920, se estableció la creación de la Sociedad de las Naciones, iniciativa del presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson con la que el conjunto de delegados latinoamericanos estuvo de acuerdo. Este foro internacional se proponía establecer las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales una vez finalizada la Primera Guerra Mundial y fue el antecedente de la ONU.

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