• 24/10/2015 02:00

Nuevamente vuelan los “Chatos”

Durante los infaustos días en que Madrid era asediada por varias columnas franquistas sus calles eran barridas sistemáticamente por los aviones 

Durante los infaustos días en que Madrid era asediada por varias columnas franquistas sus calles eran barridas sistemáticamente por los aviones de los alzados. Fue entre los días 8 y 11 de noviembre cuando los madrileños al oír el runruneo de los motores de los aviones voltearon la mirada hacia el cielo ubicando a la aviación enemiga que se disponía a ejecutar su habitual destrucción indiscriminada; fue entonces cuando paralelamente al sonar de los motores fascistas se escuchó otro ruido similar que venía del campo contrario.

En ese momento los madrileños se dieron cuenta de que los que entraban en acción se batían y ponían en fuga a los aviones fascistas. Desde tierra los aplausos y vivas coreaban su apoyo al arrojo y pericia de los desconocidos pilotos solidarios conduciendo aviones con la insignia republicana: se trataba de los Polikarpov suministrados por la URSS, a quienes la población bautizó cariñosamente como Chatos y Moscas .

Eran tiempos tormentosos: el fanatismo intransigente de los nazifascistas no admitía otra cosa que rendición total; mientras, las potencias occidentales veían con suspicacia las ofertas de la Unión Soviética en el sentido de oponer un sólido bloque frente al fanatismo fascista. Los occidentales no lo quisieron aceptar, porque albergaban la esperanza de que los nazis (la versión vigente entonces del fundamentalismo capitalista) la emprendieran contra la URSS. El resto es cosa sabida y el mundo conocería una sangría sin igual.

Hace un par de semanas los cielos de Siria fueron conmovidos por los vuelos intrépidos y efectivísimos de los SU rusos que otra vez acuden en socorro de un pueblo y Estado sometido al chantaje desestabilizador, organizado por las potencias occidentales y ejecutados por terroristas internacionales. La destrucción sin pausa de los nidos de terroristas fue aplaudida por el pueblo sirio y por la comunidad internacional como una reedición de la eterna solidaridad rusa, he hizo aflorar sentimientos similares a los expresados por la asediada población madrileña de aquel entonces.

Pero ahora no son Chatos: son los gráciles y temibles SU que sobrevuelan audazmente los cielos, ostentando su amenazante estampa de halcón en vuelo, con su cabeza gacha buscando, movimientos en tierra.

Los dirigentes atlantistas pusieron el grito en el cielo: ¿cómo es que esos aviones atacan a los terroristas malos del Estado Islámico y también golpean a los terroristas buenos que son los que occidente apaña material y políticamente para desbancar al régimen legítimo de Bashar al Assad? ¿Cómo se puede ser terrorista bueno contra un régimen legalmente constituido? ¿Será que disparan con balas de goma?

La realidad es que no existen, puesto que desde que cobró protagonismo el Estado Islámico todos se sacaron la careta y se pasaron a engrosar sus filas. En realidad no existen los terroristas buenos que reclaman los EU: ellos son pura ficción.

Como ejemplo de lo afirmado, citaremos el caso de la inmensa flota de pickups Toyota que sirven para la movilización del EI; ante los pedidos de aclaración quedó en claro que ellos habían sido comprados por los EU y obsequiados al Ejercito Libre Sirio, una de las fuerzas que los Estados Unidos reclaman como moderados; no obstante, el ELS se las pasó al Estado Islámico en el momento en que se fundieron con él, demostrándose que la oposición moderada es solo un parapeto para suministrar equipo al EI.

Hoy los ofrecimientos de Vladímir Putin, en el sentido de construir una coalición antiterrorista para contener y extirpar la plaga del fundamentalismo medieval pseudoislamista, tampoco obtienen oídos receptivos en occidente: Todos ellos esperan que ese terror se desborde por el Cáucaso y el sur de Rusia.

Por lo anterior están de vuelta los chatos convertidos en certeras y modernísimas aeronaves.

El fanatismo conservador no debe triunfar.

MÉDICO

Lo Nuevo
comments powered by Disqus